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A LA VIRGEN DE REGLA. LA PANAERA EN LA DEVOCIÓN Y EL RECUERDO DE SU HERMANO MAYOR MANOLO PÉREZ dolo no iba ya aquel nazareno que, sin petulancia de cacique poderoso, y con el capirote echado hacia atrás, trasparentaba el antifass con su sonrisa. Cuantos años- -y séame permitido el subjetivismo de este artículo en que el entrañable afecto se confunde con la común vocación cofradiera- aguarbada la llegada a la Plaza del Duque, ya de noche, del paso de la Virgen de los Panaderos, cuando todavía servían allí dt! fondo a los desfiles procesionales la romántica arquitectura del antiguo palacio de los duques de Medina Sidonia, y la clasica del de Sánchez- Dalp. Llegaba allí la Virgen con la candelería hecha un ascua de luz para entrar en la carrera oficial. Y a través del antifaz también se traslucía la felicidad que irradiaba el semblante del hermano mayor. Y el regreso por la calle Tetuárí, con aquélla banda, que él mismo decía que no sabia tocar más que los campanilleros, y que hacía el recorrido hasta la capilla con el paso mecido por los mejores trabajadores de Sevilla, entre el estremecimiento y el fervor de la multitud qu acompañaba a la cofradía hasta la calle Orfíla, con un retraso previsible e inevitable en la entrada, originando todos los años una benévola y comprensiva amonestación por el máximo organismo rector de la disciplina cofracon SEVILLANO, físico, hético, servicial hertodos, amigo de sus amigos y diera. Y entre aquella masa humana, enardecida en su fe y en su devoción mariana, presidía él, dejándose ir, -con esa sencillez y esa naturalidad que era el mejor don de su extraordinaria personalidad- y dejando que costaleros y devotos llevaran a su Virgen. El último año que hizo la estación en la Semana Santa de esta tierra, estaba, viendo pasar s. t cofradia un antiguo maestro universitario suyo, que a la sazón desempeñaba la máxima jerarquía en nuestro ámbito científico y educacional. Aguardaba el paso de la cofradia de los Panaderos en la calle Tetuán para ver mecer a la Virgen en esa visión realmente celestial de que le habíamos hablado. Fue entonces cuando pude comprobar la firmeza de carácter de ese hombre bueno y humilde, pero celoso cumplidor de su obligación como cofrade. E l Consejo General de Cofradías había prohibido la interpretación por las bandas procesionales la marcha de los campanilleros, música extraordinariamente sugestiva, propicia al enardecimiento y a la exaltación popular. Y Manolo no permitió que se tocase, pese incluso a mi impertinente insistencia. La evocación de estos recuerdos me han impedido, como antes decía, volver a presenciar ei desfile de su cofradia. A otra Virgen de Regla, a la orilla de! mar océano, voy a rezarle para el Miércoles Santo, y escucho saetas de los marineros de Sanlúcar a la salida del Cristo de los Estudiantes de la iglesia de Santo Domingo, junte a la desembocadura del Betis. Y allí permanece también, junto a él, mi recuerdo y mi entrañable afecto. A él, que fue hombre bueno, con fina inteligencia y aguda visión de ¡as cosas, que quitó importancia a todo lo que hizo, que fue mucho y muy importante, y que supo encarar la muerte con esa íonrisa del hombre tranquilo y seguro de si. ejemplo de universitarios, y cuya lealtad y entrega desinteresadas en los más difíciles y delicados momentos sirven para mostrarnos la excepcional dimensión de sus condiciones humanas, y el senado de su naturalidad ante la transcendencia. José Antonio CALDERÓN QUIJANO mano mayor de la cofradía del Prendimiento, es la síntesis de ese hombre bueno, siempre sonriente y amable, a quien sus maestros y compañeros llamaban Perecito en sus años de estudiante universitario. El tiempo transcurrido desde su marcha el pasado año no ha servido para disipar la huella que su labor constante, callada, honesta y eficaz, desarrolló en los años en que fue secretario general de nuestra Universidad. Y en este aluvión permanente de recuerdos varios, evoco los de sus extraordinarias dotes de trato y cordialidad, su discrepante hinchismo futbolístico, su dedicación cofradiera, sin incurrir en excluyentes intrasigencias de capillita, todo aquel conjunto de condiciones humanas, para lograr una difícil facilidad en la forma diaria de conducirse, quitando importarcia a todo lo que hacía. Debo reconocer que el año pasado no me atreví a quedarme en Sevilla el Miércoles Santo. Ño quise presenciar el paso de la Virgen de Regla porque presidién-
 // Cambio Nodo4-Sevilla