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pulsera de oro y otra pulsera asimismo acoro, con broche de esmeraldas y brülastes; don José Espina Soldán y doria. Mafia, de Cepeda, su esposa, un alfiler de oro con dos perlas, rosario de perlas engarzado en oro. de quince misterios, cadena, de oro y doscientas cincuenta pesetas; don José Sebastián y Bandarán, una onza de oro de Carlos III; aoña María Magdalena Almaraz y Santos, diez monedas de oro de veinticinco pesetas; don José Anastasio Martín y doña Dolores Carmona, su esposa, doscientas pesetas y un toro lidiado en Oun José Anastasio Martín Bon Ignacio de Cepedtt (Foto Bellido) el festival a beneficio de la coronación; don Francisco Rufino, con su esposa, doña Mariana Moreno Santamaría, pulsera de oro y brillantes y medio aderezo de brillantes: don Alfonso Moya Ortega, de Paterna, moneda de oro de cinco dólares... Pero sobre todas estas ricas joyas brilla el sartal de brillantes goterones de sudor, jornal de un día de siega- -aquellas jornadas de siega de sol a sol- -ofrecido por un campesino anónimo. Sólo la V i r g e n y su Niño saben cuánto amor, cuánta ternura, cuánta fervorosa piedad filial llevan en si el oro y la pedrería de sus coronas. El Santo Padre Benedicto XV aceptó con suma benignidad y complacencia las preces que, recomendadas por el señor cardenal arzobispo, le fueron presentadas; y el Capitulo de la Basílica de San Pedro del Vaticano, que tiene el privilegio y el honor de coronar con diadema de oro las imágenes de la Madre de Dios célebres por su antigüedad, por el culto de que son PRECIOSAS objeto y por las gracias y milagros que se le atribuyen, reunido en su aula capitular Concedido y oficialmente comunicado el el 11 de agosto del mismo ano 1918, vistas privilegio de la coronación canónica, ofrelas preces y reconocido que la sagrada cíase, ya en el terreno de lo práctico, el imagen de Nuestra Señora riel Rocío re- nada pequeño problema de elegir la forune en si por excelente modo todas las ma, estilo y traza de la corona con que condiciones que se requieren para la so- había de ser coronada ia Santísima Virgen lemne coronación, por acuerdo unánime del Rocío, gravísima e importante cuesfue concedida. En este mismo acto, el Ca- tión, tan difícil como el que presenta acpítulo Vaticano acordó delegar su facul- tualmente el hacerle retablo v camarín tad para esta coronación en el cardenal arzobispo de Sevilla, don Enrique Almaraz y Santos, y ordenó se extendiese el oportuno rescripto. Firmado ya éste por el canciller del Capítulo, el famoso escritor e historiador José Cascioli, y signado y firmado por el secretario, Domingo Caney Broggi, le fue comunicado al señor cardenal arzobispo por telegrama que llegó a Sevilla el 25 de septiembre del m i s m o año 1818. Es interesante destacar que a la sazón era arcipreste de la Basílica vaticana y prefecto de su Fábrica y de su Capítulo el santo y por tantos conceptos ilustre cardenal Merry del Val, cuyo nombre encabeza el rescripto de la coronación, fechado, por más delicadeza, a 8 de septiembre, fiesta de la Nati vi dad de ¡a Virgen, y cuyo facsímil y traducción castellana damos en otra página. CORONAS DE PIEDRAS apropiados. Entonces el fino sentido este tico de Muñoz y- Pabón, después de duro, y no corto forcejeo, impuso str criterio y triunfó el acierto. En la reunión celebrada por la Junta de la Coronacióh en los primeros días a e diciembre de 191- 8, Muñoz y Pabón, primero delicadamente luego, cuando fue necesario, con Intransigente tenacidad, se opuso al anteproyectó -de corona que patrocinaba y presentaba doña M a r í a Magdalena Almaraz y Santos, hermana del señor cardenal arzobispo. Decía, con evidente acierto, don Juan Muñoz y Pabón, que no se trataba de hacer una corona más o menos artística y rica, sino de hacer la corona para la Virgen del Rocío, para ella especialmente concebida, estudiada y diseñada, aquella que encajase en la original figura y estilo de la venerada imagen. Estimaba Muñoz y Pabón que había una corona que reunía t a l e s cualidades, y era precisamente la corona de plata, obra de Arfe, que ostentaba, y ostenta todavía actualmente, la Inmaculada grande de la catedral hispalense. La sesión fue muy agitada y se levantó sin llegar a ningún acuerdo concreto, salvo el reunirse otro día más adelante. Firme en su propósito, pocos días después, Muño y Pabón, como presidente de la Junta de la Coronación, convocó nueva reunión en el Palacio Arzobispal. A ella hizo llevar la corona de Arfe. Ahora, con habilidad, con su gracejo y delicada ironía, Muñoz y Pabón consiguió que, más o menos convencidos, los miembros de la Junta aceptasen su idea. La corona de oro para la Virgen del Bocio sería, pues, copia, con ciertas pequeñas modificaciones, de la corona de Arfe. Se acordó abrir concurso entre orfebres para la construcción de la corona, pero posteriormente, por ciertas conveniencias, se acordó confiar el trabajo a don Ricardo Espinosa de los, Monteros, platero del Cabildo Catedral. El estudio, d i b u j o y obra de la corona duró varios meses, basta mediados oe mayo de 1919. En ¡os últimos días de mayo, cerca ya la fecha de ¡a coronación, la corona fue expuesta en ia
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