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miento, salió ae Sevilla en la mañana del viernes día 6; a las tres de la tarde llegó a Almonte, donde fue recibido por las autoridades y el pueblo y obsequiado con un refresco en el Ayuntamiento. Poco después, hacia las cuatro, reanudaba su viaje a la aldea del Rocío, en coche de caballos, seguido de otros donde iban su séquito, miembros de la Junta de la Coronación y autoridades de Almonte. Venían desde Sevilla con el señor cardenal don Juan F. Muñoz y Pabón; don Miguel Castillo Rosales, provisor del Arzobispado; don Eugenio Almaraz, secretario de cámara; á ors Ildefonso Caraballo, capellán, y ios familiares señores Silva y Fernandez Carrión. A pesar de haberse reparado los caminos, así el de ios Taranjales como eí de los Llanos, el viaje por este último, con sus atascos y polvaredas, fue, sin embargo, por la belleza de los campos y el tránsito por los pinares, muy grato al señor cardenal. La comitiva llegó sobre las seis de la tarde a la aldea; a la entrada, junto a las primeras chozas, esperaba al señor cardenal la Hermandad Matriz de Almonte, y, precedido de ella, entró en la ermita, postrándose por no breve rato ante la Virgen, ya vestida y alhajada para la solemnidad. REINA CORONADA En la mañana del sábado día 7, cuando ya las caravanas de hermandades y romeros se acercaban a la aldea, el señor cardenal celebró misa ante la Santísima Virgen. Por todos los caminos afluían al Rocío: por Doñana, por las Rocinas, desde el Charco del Cura y cesde Pocito Muñoz, por el Ajolin, por los Taran jales y por los Líanos, riadas de peregrinos inundan la aldea de candente alegría fervorosa, que se rompe en oleadas de oraciones, vítores, lágrimas y cantares al pie del altar de la Virgen, Señora del hermoso mirar. Aquella tarde, a hora de vísperas, se cantaron m la ermita las letanías laureta- nas y el Ave Maris Stella, oficiando el provisor de la diócesis, don Miguel Castillo. Y a eso áe las seis de la tarde comenzó la presentación o entrada de las hermandades. Hacia largo rato esperaba la de Villamanrique que se constituyese la presidencia de la Hermandad Matriz. Cuando se inició el desfile, ante eí compás de la ermita, presidian doña María Magdalena Almaraz y Santos, hermana del señor cardenal; el presidente ote la Hermandad Matriz de Almonte, don José Villa Báñez: el alcalde, don Juan Acevedo; secretario del Ayuntamiento, don Julio González Medina, y el juez municipal, don Francisco Moreno Cala. Desde el balcón de la ermita, donde colgaba a modo de repostero el rico y antiguo Simpecado tía Almonte. presenció el desfile el señor cardenal. Muchos viven todavía de los que presenciaron aquélla entrada de las hermandades, por su fervor y, sobre todo, por su orden, nunca hasta ahora superada, a pesar del mayor número de hermandades y del gentío que ahora concurre. Eso dicen quienes lo vieron. Sí, es cierto que la hermandad de Rociana, última, por más moderna, en el desfile, pasó ante la ermita mucho después de las diez de la noche; y eran sólo doce hermandades. Bien dadas las doce de la noche salió el rosario llamado d Almon. e te saludado al paso por las hermandades filiales situadas a la puerta de su casa o de su campamento, con su Simpecado e insignias. Lentamente fue haciéndose el silencio velador de la noche. Antes de romper el alba, en el callado silencio de la aldea, desiertos los aledaños, salía de la ermita la Virgen hacia el estrado conde horas después habría d? ser coronada. Lleváronla sobre sus hombros el párroco de Almonte, don Manuel Márquez Gómez; el de Carrión de los Céspedes, don Elias Domínguez Quintero; el de Castilleja del Campo, don Felipe Rodríguez; el presbítero de La Palma, don José Aguilar Cabrera; eí presidente de la Hermandad Matriz de Almon- te, don José Villa Báñez; don Antonio Acevedo Valladolid, don Manuel Siurot y don Valentín López, sin que en el breve camino dejaran de sumárseles los escasos roderos que pudieron advertirlo. Es ya domingo de Pentecostés, 8 de junio. Eltempranodespertar de los romeros fue sorprendiólo con la Virgen ya colocada en el estrado del Real; la multitud fue creciendo más cada vez en torno al estrado. Desde el alba celebráronse en los distintos altares de la ermita innumerables misas; el señor cardenal celebró en el altar de Santa Ana, que estaba en el crucero, lado del evangelio del viejo santuario. A eso de la diez de la mañana salió de la santería el cortejo, que acompañó al señor cardenal hasta el lugar de la coronación. Iban delante las hermandades filiales por el orden de su antigüedad; delante, Rociana; la última, Villamanrique. Seguían la Hermandad Matriz y el señor cardenal, con su curia diocesana, y la Junta de la Coronación, con su presidente, don Juan F. Muñe y Pabón; las autoridades provinciales y las locales de Almonte. Seguramente, lector rociero, tienes curiosidad por saber con minuciosidad cómo fue aquel memorable suceso, uno de los más grandiosos de toda la historia del Rocío. Aunque no estuvimos allí, no podíamos estar, hemos investigado para ti y vamos a intentar describírtelo. Llegado el s e ñ o r cardenal al estrado, ocupó el trono que le estaba dispuesto. A su lado, en lugar preferente, el presidente de la Hermandad Matriz de Almonte, don José Villa Báñez; alcalde de Almonte, don Juan Acevedo; don Ignacio de Cepeda y Soldán y don José Moreno Soldán, que juntamente con don Manuel Márquez Gómez, párroco de Aimonte, fueron designados testigos cualificados de la coronación. Ocuparon también lugar en el estrado don Eugenio Almaraz y Santos, secretario ce cámara del Arzobispado; don Juan Fran- Momenio de la Coronación de la Santísi ma Virgen del Rocío
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