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cisco Muñoz y Pabón, canónigo lectora! iniciador y presidente de la Junta de 3 a Coronación; don J u a n García Pichartio, presidente de la Diputación Provincial de Huelva: el vicepresidente, don José María Jiménez Molina; el párroco del Salvador, de Sevilla, y secretario de la Junta de la Coronación, don Juan Luis Cózar y Lázaro; juez de instrucción de La Palma, don José Monedero Ruiz, y muchos otros. Comenzó el acto con la lectora del rescripto que concede el privilegio de la coronación canónica: seguidamente, el señor cardenal bendijo las coronas del Niño y de la Virgen, conforme al rito. Y toma juramento a los antes referidos señores designados cualificados testigos: de que las coronas de oro así bendecidas, con las cuales iban a ser coronados el Niño Jesús y la Virgen dei Rocío, serian fielmente custodiadas, y que no se consentiría cpe se destinasen a otros fines sino a aquel para el cual la p i e d a d de los fíeles las ofrecían y dedicaban. Don José Villa Báfiez prestó este juramento por si y en. nombre de su hermandad y de los herma. nos de. ella que entonces eran, serían después y fueron para siempre, y del pueblo de Almonte, Según el rito de la coronación, comenzó. luego la santa misa, que ofició, don Miguel Castillo Rosales, provisor del Arzobispado, ministrado de diácono y subdiáeono, que lo fueron don, Rafael Carnevali y don Juan Pablo Osorno. E l señor cardenal predicó la homilía. Se congratuló con Almonte y con las hermandades filiales por la coronación canónica de la Santísima Virgen del Rocío, su titular; sintiendo con la Iglesia y con el Papa- -profundamente preocupado entonces con las consecuencias de la primera guerra mundial- encargó y rogó a ios fieles que pidiesen, por intercesión de la Virgen, la paz del mundo; sólo la gracia de Dios, el rocío del Cielo, produce la verdadera paz de ios espíritus; sólo la práctica sincera de la religión y de la caridad cristiana nos dará la verdadera paz y la corona del Cielo. Se acercaba el momento más solemne. Revestido el señor cardenal de capa pluvial, asume la mitra y recibe el báculo; bendice primero a la multitud; vuélvese luego, sube al paso y, con suma reverencia, pone la corona de oro sobre las sienes del sonriente Pastorcito de las Marismas. A su lado, don Juan Francisco Muñoz y Pabón, que la tiene en sus temblorosas La Virgen, después de la Coronación Las Hermandades e la procesión del lunes de PenteeostÉs, ¿919
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