Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
burla de nuestros planes. Nos saca r M asfalto y nos lanza al campo, al s l a la lluvia, a la intemperie. Nos priva l nuestra seguridad y nos aboca al riesgo, se sabe cuando se sale, pero no cuando se vuelve; se puede venir descalabrado. E l Bocio, para no dejar nada vivo, mete hasta con nuestro traje, y a todo el mundo lo hace pasar por su etiqucuaunque ésta se. reduzca al mínimo, a no llevar corbata... Y todo esto en plena era atómica er. la era del coníort y de los viajes ínterplanetarios. E l Eocio es la rebelión pacifica contri lo establecido. Cristo en su vida errabunda y San Francisco de Asís representan el íondo evangélico de esta postura. Vida libre como los pájaros y despreocupada co mo los lirios. La Virgen lo ha querido asi. Entre todas las formas de ir a visitarla oficialmente ha preferido esta. Una forma al gre y festiva; revestida de música y de cante, de color y palmas, que lleva por dentro un mensaje de roturas, de cambios, de rompimientos, de desafíos... L a sonrisa alegre y seria de la Virgen hecha romería. E l Bocio es una realidad muy compi ja y honda, como fruto de una sonrisa de la Virgen, y por lo tanto difícil ci. interpretar a la primera lectura. De ahí sus desconcertantes juicios encontrados. Para unos, el Rocío es una bella ma niíesftación folklórica. Para, otros, u. i hecho religioso de profunda espiritual, dad. Para unos, una ocasión de pecado. Para otros, una oportunidad de la gracia, pesca milagrosa donde la Virgen logra conversiones, arrepentimientos, reconciliaciones con Dios de miles de almas, el Fátima andaluz, el Lourdes de la Andalucía Baja. Yo diría que el Rocío es todo eso. Pero no exclusivamente cada cosa. Y la razón es que el Roció es un trozo de H vida humana. U n trozo de la vida humana vivido a presión en el recorte limitado de unos días. Y no el Rocío, sino ia vida, la vida humana, es así: gracia y pecado, superficialidad y hondura, religiosidad y mundanería, caída y conversión... ¿Qué es lo que pesa más a la hora de hacer el balapce? Que nadie se adelante a pronunciar su sentencia sin antes haberlo preguntado a la Virgen. Ella es la única que puede emitir un fallo justo y verdadero. Sin embargo, por encima de todas las facetas que dividen al Eocio, hay un común denominador. Su horizontalismo. Parece como si el paisaje, ese paisaje de Uanura infinita, sin montes, sin relieveá ni altibajos, se colara por los poros del alma, rasurando los espíritus. Hay algo que pone a todo el mundo al mismo ni- vel, al culto y al analfabeto, al ministro y al limpiabotas. Se vive por unos dias siquiera la verdadera igualdad cristiana, se paladea una ferviente y auténtica hermandad. E l Rocío es corno la democracia de María. Allí todo se reparte por Igual, molestias y alegrías. E n pocos sitios el pueblo se siente más alguien y tiene menos trabas. Todo el mundo disputa a dar y a. darse. Parece como si por unos días ios hombres, olvidándose que son hombres, vivieran como niños evangélicos, con el corazón y el alma abiertos. Y es que nadie se siente nadie ante el dulce peso de la presencia de la Madre. Aquello se convierte en una reunión de familia, eso que hoy, pensando que hemos inventado algo nuevo, calificarnos de sentido comunitario ¡Qué experiencia sociológica tan interesante! ¿Es acaso la ciudadanía cristiana? Aquello es el bautismo en la fratermdad más gozosa y más auténtica y espontánea. Qué lástima que no imprima carácter. De todas formas, el hecho está aíii, imponiéndose a tirios y tróvanos, a reformistas y a conservadores, a tridentsnos y a vaticanistas segundos. Algfr que emana de lo más profundo del alma de esta tierra, con raíces más fuertes qu las de los pinos de la Raya Real. Bocio de la gracia, Bocio de la Virgen, Rocío del pueblo, Rocío de la cordialidad. Rocín de las roturas y del desorden divine. Un hecho que merece algo más que un superficial calificativo de desprecio. J M L.
 // Cambio Nodo4-Sevilla