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REINA Y MADRE T Á Virgen. He aquí el amor más hondo y sincero de las gentes de España; el más hondo y sincero de las gentes del Sur; del Sur, que es todo entero e la Virgen, porque en Andalucía reina Ella sobre el trono de gloria de muchos corazones que le rinden honor. La Virgen, con mil nombres distintos, todos bellos y ungidos de poesía, tiene cortes diversas en preciosas ermitas, en magníficos templos, en viejas, centenarias catedrales. Dicen algunos espiritas mezquinos que hay exageración en ese marianisrno. Les parece que es cosa exagerada que en una misma iglesia haya tres, cuatro, cinco imágenes distintas de la excelsa Señora con títulos diversos: el Carmen, los Do: lores, la Merced, el Rosario... a más de aquella que lleva el título de Patraña local. Quienes opinan esto no se fijan en que también guardamos fotografías distintas de nuestra madre en diversas etapas de su vida: de soltera, de madre joven, de mujer ya cuajada, de señora mayor... Y cada una de ellas nos sugiere un periodo de su vida, un episodio tínico, un recuerdo distinto. La Virgen en sus advocaciones nos habla de mil cosas muy bellas y episódicas que son como relieves de aquella cosa grande que es inmutable y única: de ser Madre de Dios y Madre nuestra. Una Madre a la que- vestimos de diversas maneras y a la que conferimos títulos variados, pero que es en esencia una tan sólo: Santa María Virgen. Sentada en rico trono, de pie erguida y gallarda, con el Niño en los brazos, con cetro y con corona, como Reina del mundo y Emperatriz del cielo, es una y es la misma, aun siendo tan distinta en trajes y actitudes. Sus nombres son poéticos y bellos: del Monte, de la Sierra, del Camino o la Fuente, de la Luz, del Consuelo, de Gracia, de Esperanza o, como la de Almonte, del Rocío. E l rocío, que no es lluvia, no es sequedad tampoco; es discreta humedad deliciosa que da vida a las plantas, que constela de perlas las hierbas de los campos. Ella es como un regalo de los cíelos que da al campo hermosura y esplendor. L a Virgen del Rocío es todo eso. Su intensa devoción es a modo de un riego que cae sobre las almas de esos buenos honrados alnionteños y sobre los devotos de toda esta región. No hay ¿lector, es posible que exista exceso algfeo ni haya exageración en honrar a María a la manera andaluza: con largueza, con lujo, con rumbo y despilfarro; no es posible que en rilo se peque mirra, por carta de más. La devoción a la Virgen no es tan sólo un impulso quena- en nuestros corazones, sino que es la c iediencia a un mandato de Dios. Fue en el Calvario en donde Jesús dijo a Ma- ría. señalando a San Juan: He ahí a tu hije: relavado en la cruz cuando a San Juan dijo Nuestro Señor: He ahí a tu Madre Ella. María Santísima, que es como la aclamamos en mí pueblo, es la Reina de teda esta región. E n irnos santuarios hay peregrinaciones de carácter local, otras revisten el carácter de c o m a r c a l y esta otra del Rocío es interprovincíal. es regional y casi yo diría que nacional. Én llanura sin fm, sobre un tapiz de hierbas que viste de verdor al campo entero, al arrimo de casas de sencilla andaluza arquitectura, se alza la iglesia nueva, relicario precioso de tan insigne joya. Y esa joya preciosa, refulgente de gloria sobre trono de plata, sale el día de su fiesta a regalar a todos con su dulce sonreír. Hace ya medio siglo que un día fue coronada con corona de oro y pedrería. Vuelven hoy a ceñirle esa corona, que supone riqueza generosa. Pero tiene algo más que oro precioso, porque es que la corona va nimbada de un efluvio de amor y de total entrega. Y al pasar en triunfante apoteosis la Virgen del Rocío por la llanura, será, como decimos en la Sal- ve. Reina y Madre de todos, porque fue concebida sin pecado y fue Madre de Dios. José M O N T O T O
 // Cambio Nodo4-Sevilla