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S B C. N. 30.504. D O M I N G O 25 DE M A S O DE 1969. EDICIÓN VE ANDALUCÍA. PAGINA 49, Muchos científicos anticipaban que airas lias maniobras en la órMta lunar iban a ser suicidas, y añadía también que la ciencia no estaba preparada aún para vencer las dificultades. E l plan de Houbolt no fue presentado a los asesores de Kennedv hasta el mes de julio de 1881, y mereció una acogida muy poco entusiasta. Pero los científicos norteamericanos partidarios de esa solución no consideraban perdida la batalla, ni siquiera después de la tragedia del mes de enero de 1967, cuando murieron carbonizados tres astronautas en un cápsula Apolo mientras hacían pruebas en tierra. La NASA mantuvo su programa completo de experiencias con el fin de perfeccionar los equipos de navegación y los planes de vuelo. Todos los trabajos no eran recompensados por el éxito, y las tentativas de fotografiar la superficie de la Luna desde corta distancia no llegaban a realizarse satisfactoriamente. Las pruebas con los cohetes Rangers no daban resultados concluyeníes, y a juicio de muchos científicos la superficie de nuestro satélite plantean los vuelos humanos en el espacio exigen otras soluciones que las del proyecto Apolo L o n d r e s 24. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal. Todo está a punto para que el hombre ponga el pie en la Luna. Los científicos ingleses reconocen que los últimos éxitos han dado una extraordinaria delantera a los científicos norteamericanos en la carrera hacia nuestro satélite. De lo único que se duda ahora es de que Rusia haya venido participando en esa competición, porque, después de tomar la salida y conseguir una ventaja notable, pronto se quedó tan rezagada que se puede adivinar su retirada de la prueba. Durante la primavera de 1961, el presidente Kennedy, impresionado por las hazañas soviéticas en el espacio, dio la orden de levar el ancla para emprender la navegación por el nuevo océano La orden era concreta: poner a un norteamericano en la Luna antes de 1970. Y sin saber 3 ciencia cierta cómo se llevaría a cabo la aventura, Estados Unidos movilizó sus recursos financieros y científicos para ganar la carrera. Ahora hay cuatro mil nombres en la lista de espera para coger un cohete con destino a la Luna, y han sido vendidas ya las primeras parcelas de nuestro satélite. El triunfo del Apolo 10 es una magnífica combinación de valor humano y de habilidad técnica. E l valor corresponde a los científicos que creyeron en la posibilidad de realizar la empresa y a los cosmonautas que tripularon las naves espaciales afirma sir Bemard Lowell, director del centro experimental de Jodrell Bank y profesor de Radioastronomía de la Universidad de Manchester. Hace algunos años, este astrónomo británico parecía inclinado a reconocer la ventaja de Rusia en la exploración del espacio. Para ilustrar el esfuerzo económico de Estados Unidos, recuerda que el proyecto Manhattan, dedicado a construir la primera bomba atómica, costó menos dinero que cada una de las asignaciones ¡uníales para el proyecto Apolo -Los norteamericanos K han gastado ya cerca de dos billones lie cesetas para situar a na compatriota m o i en la Luna, A juicio de sir Beraard, los problemas de la conquista de la Luna parecían in solubles en el plazo marcado por el presidente Kennedy. Había varios planes teóricos, pero predominaba el criterio de qtie ninguno podría ser desarrollada en menos de diez años. La primera fórmula propuesta era lanzar un vehículo contra la Luna con el combustible necesario p -a regresar a la Tierra. Este programa exigía la condición ele un cohete propulsor que fuera casi tan poderoso come dos cohetes Saturno que- eran los proyectados en- aquellos años. Tan formidable parecía el problema motriz que se pensó también enviar por separado un cohete a la Luna para que los astronautas pudieran repostar en el satélite antes de regresar a la TierraLas dudas ao MW S 0 a SLresRSltaiJ el año 1961, cuando el presidente Kennedy aprobó el envío de una expedición humana a nuestro satélite. Al fin, el doctor John Houbolt adelantó un plan que es el inspirador del programa Apolo En lugar de enviar a la Luna un vehículo de ochenta toneladas de peso, capaz de regresar después a su base de partida, aquel investigador de la NASA propuso que el vehículo nodriza se mantuviera en una órbita iunar, mientras otro artefac- Para sir Beraard lowell, los problemas que SE CREE QUE LOS RUSOS TRATAN DE PERFECCIONAR LA TÉCNICA DE LA CREACIÓN DE PLATAFORMAS EN LA ÓRBITA TERRESTE L A T l- E R R A ésíé, ya ti p e d r é volver- a llamarle extranjera a nadie qwe 1 viva ahí abaje. te más ligero reeoTum el trayecto de ida y vuelta hasta la uuperñem de! satélite. Este vehículo auxiliar seria abandonado cuando los tripulantes emprendieran el regreso a la Tierra en la nave nodriza TOLDOS Curtidurías; 4, ieJéfen 2 TOLDOS para establecimientos, terrazas, balcones y patios. SOMBRILLAS para jardín y playas. era tan blanda que impedía el ahmizaje. Fueron tos soviéticos los primero oca consiguieron, el mes de febrero de 1968, situar una cápsula en. la Lima, para frase tnítir datos concretas sobre las condición nes del terreno. Dice sir Bernard Lowell en un artículo que publica The Times El plan Apolo se concentra en los problemas de enviar a un hombre a la Luna y de asegurarle el regreso feliz a la Tierra, tal y como había pedido el presidente Kennedy ocho años antes. Los problemas que plantean los vuelos humanos en el espacio, sobre iodo hacia otros planetas, exigen prababieaieníe otras soluciones. Se súpose que los rusos tratan de perfecciona? la técnica te la creación íie plataformas situadas en la órbita, terrestre para permitir el lanzamiento desde ellas de otras n a v e s aptas para los vuelos a larga dfetaneiá. Aquel científico inglés anticipa que. so-
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