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A B C- 20.504. D O M I N G O 25 D E M A Y O D E 1863. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAGINA 58. TODOS LE TENÍAN POR UN DANDY M I C O UN POCO RIDICULO Y TOTALMENTE INOFENSIVO i i I P E RO CADA MOMENTO DE SU VIDA ESTABA LLENO DE VIOLENCTA aUN SOLO ERROR SIGNIFICABA LA MUERTE! TBCHNICOLOa e 8 H O M B R E S SIN 1 BO ESO, r, H O M B R E S Q U E GOMB TE 7 ENí I TJA O S G U R I D A D H O M B R E S QUE N O P U E D E N CXXNFIAR E N N A I H E l M M M f l E Y EXCEPCIOMAL ACOUTEC IMfEffIÜ qae- ña PjmtaUa, las partes, pactada con equidad, de estos compromisos. Quizá ayudase a ello una serena meditación de las marcas o firmas que se anuncian en televisión. ¿Han pensado en la tremenda agresividad de la publicidad televisada, en la que coinciden, instantáneamente, la imagen, la voz y los rótulos o leyendas? A este triple impacto debe, sin duda, su fuerza de penetración la publicidad televisada. Pero también por él pide ser dosificada con cuidado, para que no provoque, como está ocurriendo, reacciones de crítica y repulsa. Solamente un spot genial podría proyectarse, a lo mejor, tres veces en dos minutos sin molestia notable para quien reciba su mensaje. Pero n i siquiera este spot genial sería tolerable repetido en tal forma varias veces cada tarde o cada noche todos los días. Por otra parte, la expansión y multiplicación de los espacios publicitarios en la pequeña pantalla TÍO es favorable a los anunciantes. E n el torrente publicitario se hunde, se desdibuja, la singularidad de cada anuncio. Y el torrente, además, como sucede ahora, despierta un clamor público que pide diques de contención. E l exceso de publicidad perjudica a la propia publicidad; resulta aníipublicitario. Igualmente dañida a la publicidad puede ser la exigencia de colocar el anuncio en un momento de máximo interés de la emisión. Cuando días pasados, en vez de aparecer en la pantalla algunos de los ejercicios de K a r i n Janz, campeona en los mundiales femeninos de gimnasia, actuaron en su lugar varios anuncios, las marcas anunciadas no ganaron precisamente un plebiscito de simpatía y popularidad. Estos fallos, esta molestísima faceta de la publicidad en televisión se evitaría, sin gran trastorno, estudiando una programación de los anuncios en la cual quedasen reducidos a tiempos razonable y distribuidos o insertados en forma más discreta, más diluida, menos avasalladoramente concentrada. Es tarea, insistimos, que i n cumbe a los estamentos directivos de Televisión. Y que debe acometerse sin demora. No estaría de más, para despejar el camino, que Televisión, según apuntan algunos lectores en su correspondencia, diera a conocer, con la enorme difusión a su alcance, cuál es su proporción de espacios de publicidad y cuál es la proporción que las principales Televisiones extranjeras dedican a los anuncios en sus programas. Una consideración, por último, sobre la calidad de los spots Varios de nuestros comunicantes propugnan, un pleno control de la forma y con tenido del anuncio. L a postura es muy radica! A l anun ciante debe respetádsele su autonomía en la confección de su spot Únicamente parece posible demandar m i mínimo de calidad; mínimo que, salvo excepciones, ahora se cumple. L o mismo este comentario que el anterior, citado al principio, están escritos al margen de la problemática esencial de la televisión. Es decir, sin entrar en el enjuiciamiento de si debe o no ser estatal o privada; y también, si debe o no realizar publicidad comercial. Escribimos sobre dos bases dadas por la realidad actual el carácter no privado de la televisión y el hecho de que acepta, en sus emisiones, la proyección de anuncios y campanas publicitarias. A partir de esta realidad, insistimos en la moderación de los espacios publicitarios, sin discutir la publicidad en la pc- Una íalralasa concentración de maravillosos tejidos, finales de pieza, ideales para la temporada de verano, a precios interesantísimos ARA VESTIDO! USAS Piqué, surach, crep, hilo, rizos de algodón y fibras... en estampados lisos y rayas Y TAMBIÉN, VARIADÍSIMOS para ropa de cama y mesa, visillos j prendas de lencería Piaza 3 el Duque. Sevilla Aire acondicionado Apar mjeMíi.
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