Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Entonces, la voz sinvergüenza se sube sola a los labios de los espectadores. Repito que todo esto es natural. Pero también es natural que yo diga en estos momentos- -sería un cobarde si no lo dijera- -que en gran parte de los fracasos de Curro había que ver al artista honrado, que toreaba o no toreaba, pero que nunca vestía el no toreo con el mentiroso disfraz de la ratonerfa. E l más grave pecado del artista que se nos va lo veo yo en su postura totalmente al margen de la función lidiadora que incumbe al matador. Si torear es crear belleza en diálogo con el toro y lidiar es preparar con eficacia al toro para el toreo y para la muerte, Curro Romero es- -da pena tener que decir que ha sido -el prototipo del torero que torea pero que no lidia E l sólq torea- -como se dijo del Belmonte de los primeros tiempos- -a su toro al que sale siendo ya su toro Bien entendido que para que la faena romeristíca surja se precisa la conjunción de esta doble circunstancia: que el toro sea efectivamente- -objetivamente- -el de Curro Romero, el del estilista llamado Curro Romero, y que en la mentalidad de Curro se adentre la idea- -concepción subjetiva- -de que el toro que tiene delante es, en efecto, el toro suyo Si el toro no es el suyo espontáneamente- -quiero decir si él no lo siente como suyo por lo que le ve hacer en la plaza- -no intentará en función lidiadora ahormarle para conseguir que lo sea. Porque Curro Romero, supremo artista, es el caso típico de torero no lidiador Si en el toreo juegan- -deben jugar- -el sentimiento y la cabeza, en el hacer de Curro sólo jugó el sentimiento. Por eso su toreo- -cuando lo hacía- -era sentimiento puro, y por eso su toro no era el objetivamente bueno y toreable, sino el que él sentía como adecuado para su faena Un día de corrida con Curro en cartel me dijo un vecino de localidad: -A ver si tenemos suerte y le sale un toro al Faraón de Camas -L o que hace falta que le se. lga- -repliqué yo- -no es su toro, sino su m o E L PASE NATURAL D E CURRO ROMERO. -Se ve la fiereza de un toro que se rompe en la caricia suave del arte de torear. Se ve cómo el toro gira, mandado por el temple de una muleta y por el temple de un corazón. Se ve el arco- -poesía y drama- -del pase natural. Se ve el sentimiento- -casi la transfiguración- -del artista. ¡Se siente el toreo! ante un toro no de su agrado conjugaba el verbo ratonear Si el toro que tenia delante de su capote o de su muleta era su toro Curro toreaba. Si no era su toro no hacía- -porque no lo podía hacer- -el toreo que él sentía dentro de sí; pero lo que tampoco hacía era ratonear Y yo pregunto: quien es más sinvergüenza, ¿el torero que míente el toreo ratoneando o él torero que jamás se cobija en esa mentira y cuando siente que no puede hacer el toreo de sentimiento- -que es el suyo- -se ofrece al desnudo a las iras de la gente con la pasividad desesperante de su inhibición ante el toro? Curro Romero ha sido el torero de la verdad. De la verdad, cuando toreaba; de la verdad, también, cuando, sintiéndose incapaz de torear, no echaba mano de la mentira, como hacen tantos otros toreros mentirosos, y de los cuales Curro estaba retirado No quiero decir con todo esto que me muestre incomprensivo ante la hostilidad de las gentes con Curro Romero durante las tarde- -las tantísimas tardes- -en que torero y toro no se encontraban E l público- -es natural- -no discrimina; tiene una visión primaria dé las cosas; contempla a un torero, al que reconoce merecedor del título de supremo artista, que no hace otra cosa que machetear y matar a pellizcos al toro que tiene delante. Y ese público se siente defraudado al ver que se le escamotea el arte de aquel artista. No piensa en que el toro pueda no reunir las condiciones requeridas por el torero. No piensa tampoco- -menos a u n en la honradez y en la valentía que supone no utilizar ante aquel toro ei burladero del ratonerismo. Lo que ve, lo que entra con claridad en su cabeza- -es iue si torero no hace... porque no quiere mentó. Porque c u a n d o Curro está en trance de inspiración, cuando el sentí miento del arte le rebosa por su alma de artista, todos los toros que le salen por los toriles son... sus toros Esa es la verdad. Una verdad que tenía su paralelo psicológico en el inefable Rafael el Gallo. Porque Rafael y Curro- -artistas los dos de los que tienen un misterio que decir y lo dicen... pero en muy contadas ocasiones- -eran profun da y sugestivamente misteriosos en su mundo interno. Toreros, ambos, de los de este toro, si y este oro, no vaya usted a saber por qué. ¿Cómo se explica- -le pregunté con fideneialmente al Gallo, poco tiempo antes de morir- -que se desconfiara usted tanto algunas veces pon toros fáciles... Y él, tan abúlico siempre, me interrumpió impetuoso: ¡Fáciles para otros; para mi, no! ¿Y qué me dice- -insistí, haciéndome el sordo y variando sobre el mismo t e m a de aquellas faenas que, ante la sorpresa de la gente, cuajaba usted con toros difíciles? De nuevo cortó mis palabras ia musítada energía de Rafael: ¡Difíciles para otros; para mí, no! Así era también Curro Romero. Artista modelado en un rabioso para mí que a todos nos desconcertaba Artista que... en Villacarrillo escribía una página torera para la historia hartándose de torear como los ángeles a un toro de peligro y de respeto, y que en Sevilla o en Madrid huía sin recato de un toro noble que estaba pidiendo a gritos los pases naturales. Artista miedoso al decir de los públicos, que se dfjaba coger en Algeciras por un toro de casta; que, durante una Feria de Abril, realizaba una faena cumbre con un toro de la ganadería de Peralta, minutos después de haber sufrido un revolcón impresionante; que, una tristona y fría tarde del otoño madrileño, hacia un quite antológico a un toro descompuesto y áspero con el que se encontró al salir de la enfermería; que, por ser artífice del toreo verdad- -el de cite en el frente y pierna adelantada- ofrecía la femoral a las as- E L AYUDADO POR BAJO D E CURRO ROMERO. -No es el kikirikí de Joselito, porque es profundo y no de adorno; porque la mano de dentro va baja y las piernas se espatarran para cargar la suerte. No es el ayudado por bajo de Belmonte, porque va alta la mano de fuera. Es el ayudado por bajo, ho tan poco frecuente en los redondeles, dicho- -cantado- -con el estilo pleno de hondura y expresividad de Curro Romero.
 // Cambio Nodo4-Sevilla