Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DY flRIO TEUS TRAPO D E IN. FORMACIÓN G 4 E N E R A Ii PESETAS ANTE L A TELEVISIÓN NORTEAMERICANA D í KRCTOE JOAQUÍN CARLOS LÓPEZ LOZANO Depósito legal SE. 4.1958 30 PAGINAS SUSCRIPCIÓN MENSUAL, PTAS. 76. ID. PROVINCIA, E l i TRIMESTRE, PTAS. 228 ennedy se E MI COMPORTAMIENTO NINGUNA RELACIÓN INMORAt N i INFLUENCIA ALCOHOLO DURANTE HORAS VIVIÓ ATORMENTADO POR EL DOLOR, EL MIEDO, LA DUDA Y ¡LA EXTENUACIÓN La opinión parece favorable á su permanencia en el Senado, pero él accidente de Massacbusetts pesará sobre su carrera política Washington 26. (Crónica de nuestro corresponsal, por télex. Este país presenció anoche en sus pantallas de televisión la escena m á s increíble de su turbulenta historia nacional: un joven político, l a gran promesa en los rangos del partido demócrata, confesando sombríamente que en l a noche del viernes al sábado pasados, durante nueve agónicas horas, vivió atormentado por el dolor, el miedo, la duda, la tortura, el pánico, la confusión y la extenuación preguntándose en su angustia si no hay una horrible maldición sobre todos los Kennedy Costaba creer lo que escuchaban los oídos. Quien hablaba, con lágrimas en la voz, era el senador por Massachusetts, Edward Kennedy, la joven estrella demócrata, heredero de la leyenda, las ambiciones y las tragedias de sus hermanos mayores asesinados, John, el presidente, y Robert, el senador, y de amargas tragedias familiares, hermanos y hermanas muertos, el padre, Joseph, paralítico en una cama; otra hermana en una institución mental para todo el resto de su vida... ¿Qué había sucedido en la vida de Edward Kennedy? Este corresponsal lo contaba en un despacho reciente: una fiesta de amigos en un eottage de Massachusetts, después de una regata de balandros. E l senador y una de sus activistas, la señorita Mary Jo Kopechne, bonita y entusiasta, solos en l a noche, en un automóvil conducido por el senador, que deja a su chófer y ayuda de cámara en el eottage para acompañar a su pasajera al transbordador que ha de conducirlos a los dos a la isla de Vineyard, el inexplicado abandono de l a carretera asfaltada y señalizada que conduce al ferry por un camino estrecho y polvoriento, entre cañaverales, que conduce a un puentecillo destartalado de madera, sin barandillas n i señales, y el salto del vehículo al agua, a una velocidad excesiva, ruedas arriba, a una profundidad de m á s de dos metros, con fuerte marea, en la oscuridad. E l senador, según su versión, consigue salir del vehículo sumergido, donde estuvo a punto de ahogarse, se tira varias veces al agua, tratando de salvar a su pasajera, abandona, exhausto, se extiende en la orilla y p o r fin, se incorpora, regresa a pie al eottage de la fiesta, pide a dos de sus í n m o s amigos- -ambos abogados- i que le acompañen a la escena del sini Si tro y traten de. sacar del coche a Mary Jo, tarea, evidentemente, imposible, sin ayuda, en las condiciones del vehículo, volcado y sometido a l a presión de l a marea. Para cruzar de una isla a otra hay un transbordador. Este deja de operar a las doce de l a noche. Cuando Edward Kennedy llega y se da cuenta de que el transbordador ha dejado de funcionar- -su versión- impulsivamente se tira al agua y cruza el canal a nado para llegar extenuado, andando, a la población de Adgartown, entrar en su hotel, meterse en su habitación y colapsar en su cama, para regresar a la mañana siguiente, llamar por teléfono en una cabina pública, no desde el mismo hotel, a su abogado de Nueva York, Burke Marshall, que resulta ser el subsecretario de Justicia de la Administración Kennedy, cuando Robert era Fiscal general de la República. Después de esta llamada, hacia las nueve de la mañana del sábado, al cabo de casi diez horas del accidente, Edward Kennedy se presenta a la Policía del pueblo para reportar el accidente, cuando ya una señora veraneante, que vive en una casa a cincuenta metros del puente, había llamado telefónicamente para informar que en el agua, al iniciarse la bajamar, se veía un coche ruedas arriba. Edward Kentieaj preguntas inecntestadas sobre las circunstancias de la tragedia, pero, legalmente, la situación se considera conclusa. No hubo autopsia de la víctima. No hubo interrogatorio de los presuntos, testigos No se sabe lo que sucedió en la fiesta, no se han clarificado las evidentes disparidades horarias. E n l a mañana del sábado, después de hablar con sus abogados, Edward Kennedy se limitó a entregar una declaración cuidadosamente redactada al jefe de Policía del pueblo, un hombre sin malditas las ganas de tener un problema con los poderosos Kennedy de Massachusetts. Nadie hizo nada para comprobar los hechos. Por lo menos, dos amigos de Kennedy, según confesión del mismo senador, coCULPAELE nocieron el accidente, y ninguno de ellos, Ayer, en el Juzgado de Adgartown, Ed- ambos abogados, con la cabeza fría, hizo ward Kennedy se condesó culpable de ha- el menor esfuerzo para notificar a la auber abandonado el lugar del accidente sin toridad, pedir auxilio, buscar a un médillamar a las autoridades. Quedan muchas co. Este extraño silencio persistió hasta pasadas las nueve de la mañana del día siguiente, sábado. Mi fallo en informar a las autoridades en aquella situación es indefendible dijo anoche Edward Kennedy en su declaración televisada. L o es. Dentro del coche había una mujer, Mary Jo, de veintinueve años, kennedysta entusiasta, ex secretaria del hermano Robert. Edward dijo anoche que por su mente pasaron esperanzas de que, acaso, de algún modo, en alguna parte, Mary Jo se habría salvado de las aguas. E l senador y sus dos amigos, según l a versión de Edward, trataron de salvarla, fútilmente. ¿Como no se le ocurrió a ninguno de ellos pedir, socorro, llamar a. Ja Polic a, pedir un camión nle arrastre gue
 // Cambio Nodo4-Sevilla