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DIARIO TRADO ILUSD E IN- DIARIO T R A DM) ILUS. DE 1 N N L F O R M A C I ON GENERAL Redacción y Administración: Calle Cardenal Ilundain número 9. -Sevilla, 1 de octubre de 1969. Número 20.628. 7 F 0 R MA C I O G ENE R A Teléfono 2 1 8 (seis lineas) -Télex 72040. -Apartado número 49. 397 Suscripciones y anuncios: Velázquez, 12. -Teléfono 223524. j- jN año más la edición sevillana de A B C nos convoca a una revisión de los más acuciantes problemas cinematográficos. Deseo expresar a su director, señor López Lozano, mi felicitación por el interés que así demuestra hacia uno de los grandes temas de nuestro tiempo, y mi reconocimiento al solicitarme unas cuartillas que sirvan como de introducción a su número especial. E l comienzo de cada curso es un buen momento para reflexionar sobre el estado de la cuestión y para examinar sus habituales aspectos positivos y negativos. En 1968 se ha producido en España, mucho más acusadamente que en los años anteriores, un fenómeno que ya se había advertido antes en países más desarrollados y que, con razón, preocupa particularmente a los exhibidores cinematográficos: el de la reducción en el número de los espectadores, en una proporción tan elevada para una sola anualidad como que fue del cinco por ciento respecto a los que habían pasado por las taquillas de los cines en el año anterior. Curiosamente, las mismas fuentes señalan un incremento de un uno por ciento en la recaudación bruta, que alcanzó a ser, en 1968, de 6.238.640.041 pesetas. Como los precios de las localidades están congelados en virtud de un decreto- ley desde hace casi dos años, la aparente paradoja de que aumente la recaudación en las taquillas y disminuyan los espectadores sólo p u e d e explicarse por dos razones: una, que los servicios de control de taquillas han mejorado, como efectivamente lo hicieron durante el último año, al ser creada una inspección más eficaz, que ha completado ya una primera visita a cerca de tres mil salas, que son las más importantes- -que proporcionan hoy valiosísima orientación sobre los gustos verdaderos de nuestro público- de las que trabajan de modo permanente en todo el territorio nacional; otra, que la referida congelación de los precios y la paulatina elevación de, nuestro nivel de vida incrementan la afluencia de los espectadores hacia las mejores salas de exhibición y hacia las localidades de precio más alto. Conviene recordar, a este respecto, que el precio medio de una butaca cinematográfica en España fue, en 1968, de 16,56 pesetas, por lo que bien puede afirmarse que no existe ningún espectáculo público más barato que el cine, por lo que hemos de comenzar a preguntamos seriamente si esta baratura no es excesiva y si no pueden derivarse de ella consecuencias desagradables, que perjudicarían no sólo a los propietarios de las salas de exhibición, sino a los productores de las películas y, sobre todo, a ese público que pretende ver films cada día mejores én locales cambien c a d a día mejores. Es también oportuno recordar que ya en 1966 el precio medio de las localidades cinematográficas en el resto de Europa (salvo Portugal) oscilaba entre el equivalente de veintiocho pesetas (Italia) y cuarenta y dos (Francia- con precios intermedios para Bélgica, Alemania Federal, Gran Bretaña, Países Bajos y otras naciones de la Europa occidental. Es indudable que la difusión de los espectáculos servidos a domicilio por la televisión, unida a otras causas, entre las que debe destacarse la de la moto- PANORAMA ACTUAL DEL CINE ESPAÑOL rización familiar, han desplazado al cine como artículo de primera necesidad en el consumo del tiempo libre, y de todo ello hemos de deducir las oportunas consecuencias. Es satisfactorio señalar de nuevo que, sin embargo, se ha incrementado la asistencia de espectadores a las películas españolas y la recaudación obtenida por éstas en nuestro propio país. Indudablemente, el cine español comienza a ser profeta en su tierra, como antes lo f u e r o n los hombres que, con el ministro Fraga, propugnaron la política cinematográfica desarrollada a partir de 1964 y que, basada en el principio genérico del ayúdate y yo te ayudaré) subvenciona a las películas de acuerdo con el propio éxito que logran ante el público y sin perjuicio de procurar un apoyo particular a una parte de nuestra producción que excepcionalmente lo merece, por los motivos que configuran el denominado interés especial Por cierto, alguna vez he pensado que sería prudente estudiar, sensu contrario una fórmula que equivaldría a una declaración de desinterés especial para aplicarlo a algunas películas, felizmente raras. En efecto, la búsqueda de una elevada calidad en la producción es una de las condiciones primordiales de cualquier política cinematográfica consciente. Muchas veces obtenerla no depende tanto de los recursos económicos como del genio del autor de cada película y de los méritos- de sus múltiples colaboradores. No obstante, en líneas generales, es imprescindible concentrar recursos si deseamos que nuestras películas no queden confinadas en nuestras fronteras, sino que, dentro y fuera de ellas, compitan en un mercado ya casi universal. Por ello, hemos procurado reducir el número de largometrajes, que fue de ciento sesenta y uno en 1966, y ha pasado a ser de ciento dieciocho en 1968, conservando el mismo volumen d. e inversión total y creciendo, por tanto, el costo medio de cada película. E l aludido aumento del número de espectadores y el interés creciente que nuestras películas despiertan en los festivales internacionales y en los mercados exteriores parecen indicar que estamos en un buen camino. En este último sentido, conviene recordar el fruto logrado en su primer año de actividad por la renovada empresa Cinespaña, S. A. a la que el Estado dotó de medios suficientes para iniciar una exportación eficaz de nuestro cine, que empieza a lograrse de ta! modo que podemos sentirnos esperanzados de que la irrisoria cifra de cien millones de pesetas anuales antes obtenida por nuestro cine en el exterior tenderá a aproximarse a esos tres mil quinientos millones de pesetas que, por ejemplo, obtenía anual y simultáneamente el cine italiano fuera de su propio mercado. Es imposible sintetizar aquí los múltiples problemas de una cinematografía vi- va como es la nuestra. Pero no quiero olvidar la preocupación que tenemos en torno a los problemas de la financiación y la distribución interior del cine qfie España produce y del que los españoles contemplan. Respecto a la- primera, han sido útilísimas las largas reuniones celebradas con expertos de la Banca española, que espero conduzcan a un mayor interés de ésta en el negocio cinematográfico, el cual no es por cierto menos rentable y sólido en su conjunto que otros muchos. Los estudios sobre la creación de un Registro Público Cinematográfico, iluminados por el examen del derecho comparado, deben desembocar pronto en la creación de un nuevo instrumento, que puede ser, como más moderno, el mejor del mundo en su género. Al mismo tiempo, hemos de favorecer una concentración de distribuidoras cinematográficas por medio de sistemas e incentivos que tiendan a reducir su excesivo número, ya que la fortaleza de este sector es esencial en la economía cinematográfica y ya que ninguna gran película puede ser hoy realizada si no ha resuelto primero el problema de su financiación y el de su distribución. LAVADORAS SÜPCRAUT 0 MATIU 5 MODELOS 1870 BIO ENCIMATICOS CÓMPRELAS en el distribuidor ¡oficial Con ser los temas técnicos y económicos tan complejos como indican los párrafos precedentes, no son, sin embargo, los fundamentales. Al fin y al cabo, con un sistema o con otro, continuará produciéndose cine mientras que el cine sea el arte que apetecen los hombres; y el hombre (el llamado despectivamente hombre- masa) del siglo X X no desea prescindir del cine, incluso si éste le llega a su propia casa a través de su propio televisor. Los problemas más graves son, como siempre, los morales y los ideológicos. Asistimos cada vez más a un múltiple intento, confuso en sus orígenes, pero nítido en sus designios, de que el cine no se limite a la diversión y al esparcimiento, que son fines lícitos mientras eleven la sensibilidad y enaltezcan al hombre, y de que ni siquiera se ciña al análisis de los temas que angustian al hombre y a la sociedad contemporánea. Más bien se pretende que el cine sirva, a menudo, a la corrupción y a la violencia. Para evitar que ello ocurra, en triste provecho de quienes querrían enriquecer su bolsa y aumentar su poder a costa del alma y el cuerpo de sus prójimos, son insuficientes, aunque imprescindibles, las medidas censoriales o represivas; es. preciso que quienes aman este arte de nuestro tiempo lo vean como una nueva poesía que promete y contribu- yan, incluso simplemente al contemplarlo, a que sirva para mejorar al hombre y para construir una sociedad más justa. Carlos ROBLES? PIQTJER Director General de Cultura Popular y Espectáculos Iniír flt Bits 21 TilífOBOS 211521 j 22 B 254 INFÓRMESE DEL CAMBIO DE SO YIE 1 A LAVABOIA
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