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pezaron a llegar a nuestro pais los primeros cineastas, cámara en mano, dispuestos a rodar unos exteriores auténticos, que la verdad del neorrealismo italia no había impuesto en las pantallas mundiales. Aquellos eran otros tiempos, y en aquellos tiempos de los primeros años cincuenta, cuando los chiquillos que estaban jugando al trompo en las calles veían á un turista y aún decían: ¡Mira, un turista! Y normalmente, lo seguían, más o menos atónitos. Incluso existe una narración corta de Joaquín Romero Murube que se titula así: Los turistas España parecía como una especie de ignoto confín, al cual solamente intrépidos franceses (Dumas, Gautier, Merímée, Jorge S a n d) se habían atrevido a acudir, entre otras cosas, para poner como un trapo a nuestra cocina. Y, acontecía, que cuando un turista se acercaba al puesto de Dolorcitas, la de la calle Sierpes, el caso era tan anómalo que Dolorcitas le ofrecía un panal (o azucarillo) y no le cobraba el agraz. O témpora, o mores. La más sonada de entre aquellas producciones verdaderamente rodadas en nuestro suelo fue Pandora y el holán des errante precedida por el rugido dei león de la Metro, y durante cuyo rodaje, pues que se trataba de cinta de ambiente taurino, Ava Gardner, iracunda, perseguidora años después de mi amigo Yale, amplió estudios sobre la personalidad humana de los toreros, cerca dé Mario Cabré y Luis Miguel Dominguín. Mario, que es un tío muy simpático, que tomó la alternativa en Sevilla (yo la vi) y que aún besa las manos a las señoras, escribió un libro de poemas donde, entre otros detalles líricos, glosaba la canción anglosa- jona Sleep, Dolí, sweet Dolí Duerme muñeca, dulce muñeca) El menor de los Dominguines entró después en danza y la cosa terminó con la intervención del señor Sinatra (don Prank) en los tiempos en que él aún no cantaba mi canción Eain in my heart Lluvia en mi corazón Aquella Pandora en definitiva, no se la saltaba un gitano, pera el desaguisado no terminó ahí, sino que continuó con producciones tales c o m o un Black Jack Jack el negro por perversa traducción) dirigido por el eminente Duvivier, y donde Lola Flores y Manolo Caracol interpretaban por cierto aquello de: Ni la sota, ni el caballo y ni el con su corona A pesar de la intervención de estos dos. gitanos, a esta nueva película tampoco se la saltaba uno de ellos. Pero, mientras tanto, había ocurrido algo muy importante. Los peliculeros, en sus viajes a España, se habían dado cuenta de tres circunstancias: Primera: Que la única manera de utilizar los fondos producidos por films extranjeros y congelados en el país en aquellos tiempos de penuria y divisas, consistía en producir aquí una cinta y llevársela bajo el brazo. Procedimiento al cual el Gobierno daba ingentes facilidades, toda vez que en España la producción fílmica se consideraba industria protegida, ítem más: semejante actividad proporcionaba, rentable ocupación a Innumerables hijos del -solar carpetovetónico. Segunda: Que en virtud del cambio vde divisas, f a v o r a b l e por el importe de una hamburguesa an un drusgtore de Brooklyn, en el Limonar de Málaga, que es mucho más bonito, se podía uno tomar una ración de langostinos, que no los hay en Brooklyn, regados con un v: álio sensacional (que tampoco lo hay) y servidos gentilmente por un hijo de tan hospitalaria tierra. Tercera: Que para los artistas y ios técnicos de Hollywood, víctimas del feroz Fisco estadounidense, capaz de quedarse hasta con el ochenta y cinco por ciento de los emolumentos de oada cual, rodar en España equivalía al arribo a un paraíso mahometano. De manera que no habió duda. A rodar en España. Pero ahora viene lo bueno. ¿Usted sabe por qué surgió Hollywood, mi querido amigo? Pues por una razón muy simple. Más simple de lo que usted se cree. Muchísimo más simple. Porque en California hace muy buen tiempo. Porque no llueve casi nunca. He aquí por qué se h ¡m puesto ricos muchos campesinos almerienses, propietarios de tierras verdaderamente lunares. Cosas de los tiempos en que vivimos. Desde luego, en nuestro Norte llueve mucho. Llueve muchísimo, incluso en verano, y el paisaje se asemeja un horror al de Escocia, al de Suiza o al de las verdes campiñas de Ohio. ¡Én cambios los desiertos españoles Del mismo modo que los turistas descubrieron una tierra donde no existe la gabardina (Alicante) los productores de cine hallaron una región donde el riesgo de suspender el rodaje por lluvia y tener al equipo recluido en el hotel, cobrando por jugar a las cartas y flirtear, prácticamente no existia. Y nada de Oregón ni de Indiana. Para desiertos, desiertos, donde esté Almería, que se quite Nuevo Méjico. De tal forma que hasta un realizador tan concienzudo como André Cayette, para rodar su Oeil pour oeil se vino al sur de España. De esto al spaghetti- western (que en el caso de rodaje en la Península Ibérica debería llamarse paella- western) no hay más que un paso. Todo lo demás vino rodando. Incluyendo la utilización- -también- -de nuestros estudios, de menor precio y dotados de unos operarios y unos técnicos excelentes. Incluyendo la producción en masa de detestables films, en los tiempos de confusión que la salvaje competencia del medio televisivo impuso al arte cinematográfico. Y surgió Bronston y su affaire finanhispanos, forjadores de la coproducción, en la que, según el chiste, ellos ponían el co y los otros fa producción Y suigió Bronston y su affaire financiero. Y surgió Fernando Sancho, el actor español que más películas ha rodado en la ya larga historia de nuestra cinematografía. Películas que en su mayoría no hemos visto... ni veremos. Los actores españoles- -dignos de mejor suerte- -van viviendo- -algunos incluso bien- -a base de trabajar con los extranjeros. Llegó un momento en que para interpretar cine en España resultaba condición indispensable hablar inglés. Los nombres se americanizan: Frank Jim Hennecs (Francisco Jiménez) verbigracia... esto, cuando los anuncian. Y surgió el técnico impuesto por el Sindicato como parte del equipo español, qué cobra sin que los extranjeros lo dejen actuar... ni él lo desee. Cosas de nuestros tiempos. 1 C. M.
 // Cambio Nodo4-Sevilla