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MATRIMONIO Y CINE pueblo tiene lo que se merece y CADAcine, no como simple aventura X X cada época lo que le va. E l siglo tiene téc- nica, sino como exigencia de su propio ser. E l símbolo es una necesidad ineludi ble del ente real, que por el mero hecho de existir se denuncia para sí mismo y para los demás. La tecnología no es más que la partera obligada de los símbolos del mundo y de sus edades. Su trabajo no es inspirante, sino inspirado. Por lo tajnto, su destino no es engendrante, sino educativo. Ayuda a nacer los símbolos. E l cine ha brotado en la bella época de nuestros padres como un símbolo de este siglo. E l más complejo, el más sincero y el más fiel. Porque en última instancia nuestra edad se caracteriza por el intento del hombre de encontrarse a sí mismo como centro de un mundo que ya no le produce admiración, sino satisfacción de dominio. La misma constitución Iglesia y mundo moderno del Vaticano II, ha tenido en cuenta este presupuesto, y nuestro enfoque religioso ac- tua está inspirado de intra humanismo o de encarnación E l único objeto de admiración con que tiende a quedarse el hombre es el hombre mismo. Esto constituye un verdadero filo de navaja. Lo mismo pued- j darle oase de autenticidad a su tarea quu inclinarlo al más vacuo de los narcisismos. La teología de la muerte de Dios es el exponente más agudo de la verificación de la segunda hipótesis. De todos modos, el hombre se busca y se persigue a sí mismo que un ahínco digno de Diogenes. He aquí por qué decíamos más arriba que el cine constituye el símboio más complejo, sincero y fiel de nuestro mundo. E l cine es el hombre recreado para contemplación de sí mismo: con sus esperanzas y sus tragedias, con sus conquistas y sus fracasos, con su satisfacción y su náusea, con su soberbia y su humillación. Las cámaras hacen esfuerzos ingentes para buscar paisajes inéditos y decorados deslumbrantes. Pero todo ello es pura ambientación. Compensa cuando hay trama Cuando ésta renquea, los espectadores confiesan su decepción. Y, por supuesto, la g e n t e distingue entre cine- cine y documentales. Le que el hombre quiere ver sobre la tersura de la pantalla es el reflejo de su propia vida, carente por completo de tersura y equilibrio. 1 Vittorio Gasmann en Un tigre en la red mos metros el beso final de la pareja, que, si se producía, iba acompañado de una pita impresionante. Hoy, intentar meter ¡a tijera en un film equivale a desangrarlo por completo. La gente pitaría sólo por este crimen E l tema, del matrimonio está presente en el cine de continuo, precisamente porque es pilar de la existencia. Pero, ¡de qué manera! A nuestros guionistas y a nuestros directores parece que sólo les llaman la atención, en relación con el tema del matrimonio, los dos condicionamientos básicos del hombre según la teoría freudíana: erotismo y agresividad. Hay excepciones. (Cómo no recordar aquí la finura del tema matrimonial de Adivina quién viene esta oche Pero recordemos también, por ejemplo, el enorme impacto de West side story bañada de erotismo y de sangre. Y, sin embargo, la peücu a ha tenido un éxito universal precisamente porque ofrece a la contemplación unas realidades existenciales ineludibles. Podríamos hacer una encuesta entre nuestra gente que nos daría el siguiente resultado: todo el mundo podría repetir de pe a pa el guión y la trama de esta última película; pero seguro que muy poca gente se acordaría de la positivísima sustancia de Un hombre y una mujer solamente tienden a pervivir en la memoria los eróticos accidentes que estaban de más en el film. t Por eso, el cine va derribando lenta y progresivamente todos los tabús morales, religiosos y sociales. Los considera contrarios a su propio destino de re- creación de la existencia. Hace unos años a la censura le era fácil su tarea moralizante, porque le bastaba con cortar en los últi- Estos botones de muestra valen para unlversalizar una cuestión y una pregunta: ¿Quién es el último responsable, el cine o la vida? Para nuestras nuevas generaciones quizá se esté creando un circulo cerrado y vicioso entre ambos: la vida que ha implicado al cine se está sintiendo vertiginosamente complicada con éste. Perc al principio creo que no fue así: la vida es la responsable radical. La vida, no ya en cuanto suma de acontecimientos y avatares, sino en cuanto filosofía del ser humano, en cuanto estamos profesando el credo del hombre por el hombre. E l hombre por el hombre en lenguaje de San Pablo es la carne La carne no es sinónimo paulino de erotismo, sino del hombre re- creado y concentrado en sí mismo: el hombre cerrado al Espíritu. Y el apóstol dice: Patentes son las obras de la carne: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, emulaciones, arrebatos, provocaciones, banderías, sectas, envidias, homicidios, borracheras, comilonas y cosas semejantes a éstas Mas la fructificación del Espíritu es: caridad, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, f i d e l i d a d mansedumbre, continencia (Gal. 5. E l film El graduado da la razón plena a San Pablo con su explotación de los signos negativos del hombre. E l juego es peligroso: lo humano desfondado se abre a lo infra- humano; el horizonte cerrado en las tejas de aquí abajo se refracta en las perplejidades de un mundo entretejido de crepúsculos; un proyectil que quiere alimentarse de sí mismo tiende necesariamente a caer. Decididamente, el problema rió está en la pantalla, sino en los ojos que la escrutan, porque previamente le han dictado lo que quieren ver. L a técnica cinematográfica responde con la fidelidad de un cerebro electrónico a los datos inoculados. E l cerebro mecánico lo mismo que el cine son un puro eco. Quizá la prueba definitiva esté en ese ansia complementaria con que se devoran los conflictos conyugales y sentimentales de los propios cineastas. Las revistas y los periódicos se convierten así en la segunda parte del film. Por eso, desear un cine mejor es desear una humanidad mejor. Y será mejor no porque disponga de una cu? tura tecnológica más amplia, ni porque sea más educada, más sociable, más convivencial más atlética y más austera. Sino porque, vencida y caducada la admiración del mundo, sea capaz de admirarse, desde su propic ser, de ese Alguien que es lo más íntimo de su intimidad Francisco G I L DELGADO
 // Cambio Nodo4-Sevilla