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concebibles en la convencional filmografía americana de hace unos años, reflejo de una sociedad basada toda en las apariencias, de una conciencia colectiva falsamente satisfecha de sí misma, porque, como decía recientemente Picasso en un dominical de A B C, los americanos han tenido hasta ahora la moral del que continuamente le toca la lotería; del que está convencido de que todo lo hace bien y todo le sale bien. Han tenido que ser los primeros descalabros nacionales los que les hayan despertado esa conciencia y les haya arrojado una nueva y realista luz sobre los problemas nacionales, como los aldabonazos del cine europeo han sacudido la rosada y cómoda inercia de Hollywood Traspasadas esas fronteras, rotos esos tabús, sacudidos muchos conceptos que parecían intangibles, porque el cine ha tenido también sus dogmatizadores, ¿cómo se presenta en estos momentos que se creen de crisis? Nunca ha tenido más campos, más aplicaciones, más repercusiones el cine que en nuestros días, y nunca, tampoco, ha preocupado tanto su porvenir, precisamente por que se ha desdoblado, se ha multiplicado y no se puede hablar del cine como de una unidad, de una simple actividad, sino como de un fenómeno tan vasto como complejo. Como espectáculo, que es la faceta que, como comentarista, nos interesa en este trabajo, el cine parece que atraviesa, al menos en algunos países, cierta crisis, debido, entre otras cosas, a la televisión, que es precisamente hija suya. Los frecuentadores de salas oscuras parecen descender; se habla de cierres de salas. Los festivales, multiplicados en los últimos años, parecen también acusar esta crisis. En algunos de ellos, la contestación se ha hecho presente. En otros, como en el pasado de Venecia, en su treinta y tres edición, se han transformado por completo sus fórmulas. ¿Un grave peligro, pues? Creemos que no hay nada de esto. E l cine podría encontrarse en una de e s a s grandes crisis históricas que lo han sacudido en varias ocasiones para impulsarlo precisamente a nuevos derroteros. Son especialmente las crisis de 1900, con las innovaciones técnicas lanzadas en la Exposición Universal de París; el período de con el cinemascope, la pantalla gigante, en el terreno técnico, y los nuevos estilos que, en lo artístico, y hasta en lo económico, imponían especialmente los cines europeos. Ahora nos encontramos en otro momento interesante. UN PROFETA DEL SÉPTIMO ARTE Ha hablado de él, en un trabajo publicado recientemente en Le Fígaro Litteraire Henri Langlois, director de la Cinemateca francesa, una autoridad reconoci 1928- 29, con el sonoro; luego, en 1963- 54, da en el campo del cine. Langlois fue preguntado por esa crisis que parece atravesar el cine y que en Francia tiene aspectos muy significativos. Resumimos aquí su visión, por considerarla de gran interés, por constituir un enfoque digno de tenerse en cuenta, sobre el destino del cine, ya que precisamente, Langlois e s t á considerado como un profeta del Séptimo Arte Fara Langlois, que este verano realizó una gira de proyecciones especiales por el Sur de Francia, el cine tiene que volver a la calle para ser de nuevo un arte popular, para encontrar una nueva juventud. Langlois, que ha dado cursos en Universidades canadienses, cree que el cine debe reanudar antiguas andaduras y olvidar períodos como los de los años 34- 35, en que con la borrachera del sonoro se impuso una construcción basada casi toda ella en el sonido, en el diálogo. De ahí la importancia del renacimiento que se registró al final de la década de los 50, en el año 60 especialmente. Se trataba de la nueva juventud. Las imágenes parecían cobrar una nueva vida, las cámaras se desentumecían y se movían en ágiles juegos. Se vio que muchos postulados del mudo eran completamente válidos. Los reportajes- -nos dice textualmente Langlois- -las interviús de la televisión, han arrinconado definitivamente el concepto hollywoodiense. Por primera vez, el cine tiene su escuela, se ha puesto a hablar naturalmente. Por ello hay el antes- de- Godar y el después- de- Godar. Lo que no quiere decir que rechace en bloque el gran interregno de 1935- 60, lo que seria ridiculo. Era preciso pasar por esta fase, y si Hollywood 1 Hibernatus, de Edouard Mounaro no hubiera impuesto su dictadura, no habríamos franqueado aún esta etapa. i,o s films de este período están aún en el túnel, el purgatorio. Ha llegado el momento en que las obras mayores de vanguardia de los años 20 al 30 recuperen su sabor y su prestigio. Sus imperfecciones están más cerca de nosotros que las perfecciones de los años siguientes. Por ello insisto en mis clases sobre la edad de oro del cine En cuanto a esa pretendida desafección de los espectadores, Langlois opina que es preciso hacer que el público vuelva a vivir, a maravillarse con el cine. Una enorme posibilidad está en la niñez y en la juventud, que son, por esencia, cinéfilas. E l cine, las proyecciones para niños, la enseñanza en escuelas, Institutos y Universidades, es el mejor camino para preparar los públicos- -grandes y entendidos públicos- -del mañana. LA NUEVA JUVENTUD En definitiva, ahora que tanto se habla de crisis, de problemas del cine- ¿cómo no iba a librarse el cine, que es fenómeno de nuestro tiempo, de esta comezón de problemáticas que es característica de nuestra época? en realidad se encuentra en una nueva juventud; se trata de un renacimiento, que es volver a cambios, a fórmulas remozadas y vigorizadas. Ahora que tanto se habla también del cine como vehículo ideológico, hay que hacer que el público vuelva a interesarse por lo que pasa en la pantalla, a maravillarse, a emocionarse con lo que ve, que esto será, por encima de todas las técnicas y todas las innovaciones que se quieran y que son necesarias, su secreto y la clave de su éxito. Es, en cierto modo, lo que ha sucedido con la reposición de viejas películas en algunas capitales europeas, especialmente París. Hay valores totalmente sobrepasados, pero existen otros que conservan lena vigencia. El circo por ejemplo kla famosa película de Charlot, ha sido bastante elocuente a este respecto. Es como un motor interno, una savia que le hace perpetuarse, renovarse y echar nuevas ramas. Cuarenta años después de su estreno- -7 j sTenero de 1928- El circo ha interesado a la critica europea como si fuese una producción de última hora, y, en circuitos comerciales, ha alcanzado altas cotas taquilleras. Es el secreto y la magia del cine, lo que le hace que cuando se hable de crisis y de dificultades, él nos demuestre su vitalidad, sus recursos, prácticamente inagotables, para alcanzar, como ahqra, una nueva juventud. A. C. Les Chemins, de Kathmaudov de André Cayatt? M
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