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EL NEGOCIO DEL CINE EN INGLATERRA Por Alfonso BARRA T OS ingleses dicen que la culpa es del cuma y de la televisión; los franceses aseguran que el automovilismo- -la motorisation- -no deja tiempo libre, y los norteamericanos creen que el individuo puede elegir entre muchos pasatiempos Resultado: disminuye el número de adictos al espectáculo m á s popular y m á s universal. La mitad de los ingleses no recuerdan qué año fueron al cine por última vez y sigue bajando la cifra de los que acuden regularmente. ¿No hay remedios para recuperar los favores del público? La industria cinematográfica había Jogrado crear el hábito de ir varias veces por semana a los locales de proyecciónSe brindaba ese servicio recreativo como si fuese tan indispensable como la pasta de dientes o un paquete de cigarrillos. Sin previo aviso, aquella industria descubrió que el género distribuido había dejado de ser una necesidad para con vertirse en artículo de capricho, Las col: s ante las taquillas desaparecían y los espectadores optaban por manipular 1 o s mandos del televisor. E n seis años, la tercera parte de ios c i n e s ingleses quedaron clausurados. Aquellos Odeón que montaban la guardia en las calles principales de cada barrio, con la arquitectura pretenciosa- de los días anteriores a la II Guerra Mundial, se iban convirtiendo en salas de baile de juego, e n almacenes o e n talleros Mientras tanto, la televisión ofrecía algún programa que era seguido por tantos espectadores como los que acudian a los locales de proyección ingleses durante una semana. Ese fenómeno. sin embargo, no indica que haya decaído el entusiasmo por el cine. E l público que se queda en casa ante el televisor está resignado a ver cualquier programa y el aficionado, que hace el esfuerzo de salir a la calle exige un programa determinado Frente a la apatía de los primeros está la voluntad de) cliente del cine, que conoce sus p í o pios gustos y que no acepta el espectáculo seleccionada por otros. La rebelión de aquel público de los años treinta, dócil y poco exigente, ha obligado en Ingla térra a modificar la táctica de la industria cinematográfica. LAS SALAS MINORITARIAS Las cifras de los espectadores ingleses nan dejado de disminuir en la proporción alarmante de otras temporadas, pero aquéllos tienden a disgregarse. S e constituyen grupos más reducidos, con intereses concretos, resueltos a no soportar una obra cinematográfica ajena a sus géneros predilectos. E l j- robleme es parecido al de otras minorías, que se quejaban en el pasado porque no encontraban libros, comedias o discos capaces de satisfacer sus aspiraciones La tendencia actual es atender al aficionado al cine con un criterio m á s personal, diferenciado de la antigua política de la industria cinematográfica que producía casi todas sus obras de acuerdo con unas normas estereotipadas, aptas pa ra el público en general. Como es imposible llenar un cine de 3.000 localidades, la solución consiste en dividirlo, para disponer de varios locales independientes con programas distintos. E n lugar de ofrecer un solo espectáculo para una mayoría inexistente- -que tai vez esté con las zapatilla. 5 puestas dormitando ante el televisor- sr- trata de brin dar tres p cuatro para minorías que existen de verdad. L L experiencia ha dado buenos resultados. E n Londres hay ya complejos ci nematográflcos, como (Cinecenta q u e dispone de cuatro salas pequeñas en un mismo edificio. E l National Film Thea tre construye ahora su local mino rita rio con 165 localidades. E n provincias, muchos cines que tenían m á s de dos mil butacas están siendo transformados en otros m á s pequeños, y, robre todo, mñv sugestivos. Según el pronóstico, muy p m n
 // Cambio Nodo4-Sevilla