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Piezas de museo en Zabariche sillas de montar y garrochas utilizadas por los primitivos don Antonio y don Eduardo Miura. tu $o s, y eso no debe ser. Entiendo que la observación directa, el análisis detallista de las reacciones del toro durante los veinte minutos que permanece con vida sobre la arena, es labor personal e intransferible del criador de reses toravas. E n una ocasión, estando yo en L a Coruña. Manolo Puente- -ganadero de Colmenar, comprador de una de las tres porciones en que se dividió la ganadería de Martínez al morir doña V i c e n t a lidió una novillada muy dura. Maroio y yo estábamos juntos en la plaza y él tomaba notas. Uno de los novillos- -creo que el cuarto- -cogió aparatosamente a Félix Colomo y lo hirió de gravedad. Manolo Puente, muy impresionado por la cogida del muchacho, se íue corriendo a la enfermería, no sin antes poner en mis manos su libreta de ganadero para que siguiera yo tomando notas. Imposible. Cuando regresó Manolo le devolví su cuaderno, completamente virgen de letras mías. No había hecho n i una sola anotación. ¿Qué sabía yo de lo que a Puente le interesaba destacar, de lo que él podía ir buscando en cada novillo? Y a te lo dije, antes, Eduardo: no hay persona capaz de suplir al ganadero en su labor ineludible de observador directo de su propia corrida. -Llevas toda- la razón. Incluso te digo que empecé viendo las corridas de casa. A costa, eso si, de pasar unos ratos horribles y de tener que emplearme a fondo para dominar los nervios. Pero veia correr mis toros. Mas he llegado a un punto en el que los nervios y el miedo han podido más que yo, y me he dado por vencido. -Muy mal hecho. Antes te hablé de un Manolo, ganadero de Colmenar: de Manolo Puente. Ahora invoco el recuerdo de otro ganadero colmenareño, Manolo también de nombre: Manolo Aleas. Bueno, pues Manolo Aleas- -qué nervioso, hasta lo risible, los días en que lidiaba toros: se arrancaba a tirones, uno por uno, los botones de la americana- ¡no faltaba a ninguna de sus corridas! -Que si, que tienes razón... y que no me riñas mas. Lo único que opongo a tu riña, a título de disculpa, es que aquellos nervios míos, contenidos- -mal contenidos- -mientras presenciaba las corridas nuestras, han degenerado en úlcera de estómago. Y para colmo, una tarde, estando oculto- -eso creía yo- -junto a Manolo Belmonte én el palco de mayorales de l a Maestranza, algún gracioso La hora del pienso para los toros de Miura.
 // Cambio Nodo4-Sevilla