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De centenario a centenario EL í cimiento del poeta apenas se fijaron los críticos y biógrafos en la interesante figura de don José Domínguez Bécquer, que así se llamaba el progenitor de las Rimas y las Leyendas, artista estimable, aunque no alcanzase las cumbres de sus hijos Gustavo y Valeriano. Por esos años, los del centenario (1836) di a la publicidad no pocas noticias, en un largo artículo inserto en el A B C de Madrid, para que fuesen de aprovechamiento a los estudiosos que preparaban libros becquerianos con motivo de tan dichosa efemérides. Pero mi articulo sirvió de bien poco, pues al hablar del padre de Bécquer no se aclaró su biografía, y siguieron cdnservándose los errores que la rutina habla elevado a artículos de fe. Se siguió repitiendo que el padre del poeta era un pobre hombre, casi un pintor de brocha gorda, el maestro Pepe, que andaba, dicho en frase muy sevillana, a guantas con la jambre Con anterioridad, en mi articulo publicado en Blanco y Negro, di a conocer lo que pudiéramos llamar diario del padre de Bécquer, en el cual libro se sacaba en conclusión que don José Bécquer disfrutó de una dorada medianía, a la que hoy podemos añadir la honrosa distinción de ser académico de la de las Nobles Artes de Sevilla, en la que desempeñó cargos en la Junta de gobierno de la corporación, según sabemos por el notable libro de don Antonio Muro Historia de la Academia de Bellas Artes de Sevilla y con anterioridad, en su juventud, había sido premiado por la Academia para que ampliase sus estudios sobre la escultura y el grabado. En el diario de don José Bécquer consta que fue profesor de dibujo en el Colegio Sevillano, en el cual fue su alumno, entre otros, Eduardo Cano. Tuve la fortuna de dar a conocer su partida de bautismo, por la que se supo que fueron sus padres don Antonio Domínguez y doña María Vargas; que nació el 22 de enero de 1805, recibiendo el bautismo dos días después, en la parroquia de San Esteban. Su padre era natural de Málaga, y su madre de la rica ciudad de Lucena, habiendo contraído matrimonio en Sevilla el 3 de mayo de 1799. Los Domínguez procedían de Castilla la Vieja, y los Insausti de Bilbao. Así consta en las partidas sacramentales del pintor y de sus progenitores que he examinado. El padre gozaba de desahogada posición, por lo que dio a su hijo educación esmerada, dedicándole al noble ejercicio de la pintura. No me consta quiénes fueron sus maestros, aunque se sabe que fue discípulo de las Nobles Artes A los veintidós años de edad, en 26 de febrero de 1827, contrajo matrimonio coa doña María Francisca de Vargas, siendo uno de los testigos el buen pintor Antonio Esquivel. De este matrimonio nacieron los siguientes hijos: Estanislao, V i leriano, Gustavo, Ricardo, Alfredo, Eduardo, Jorge y José (postumo) Su mujer, doña Joaquina Bastida, fue de biografía de Bécquer, se DENTROdadolapocoel centenario del nale ha espacio al padre de Gustavo Adolfo. En de singular belleza, tipo moreno, grandes ojos negros y rostro ovalado, como se observa en el retrato que le hizo su marido a los pocos años de celebrado ei matrimonio. Don José Domínguez Bécquer se especializó en el estudio de las costumbres populares andaluzas, y sus cuadros de género eran muy solicitados en vida del artista, quien, a pesar de su prodigiosa facilidad en el producir, no daba abasto a las muchas demandas de sus cuadros, principalmente por los extranjeros. Las pinturas de Domínguez Bécquer gustaban mucho por la gracia de sus asuntos y el carácter local que sabía imprimirles. El folklore andaluz tiene en estas pinturas ancho campo donde documentarse. Algunos de estos alegres y jocundos cuadritos parecen hechos para ilustrar los artículos de Estébanes Calderón. A mi modo de ver, fue Domínguez Bécquer quien cultivó con más acierto las costumbres populares sevillanas, iniciando una tendencia que habían de seguir Cabral Bejarano, Chaves, Rossi, Joaquín Domínguez Bécquer, García Ramos, y que, puestos a buscar sus orígenes en la escuela sevillana, los hallaríamos en las pin. turas de género de Murillo y Villavicenclo. Ventas y mesones, rincones solitarios y alegres perspectivas sevillanas, romerías y ferias, ladrones y contrabandistas, bailes y columpios, procesiones y escenas callejeras, fueron fuentes de aguas puras y cristalinas a que acudía don José Domínguez Bécquer para inspiración de sus cuadros. Piel intérprete del alma popular, se comprende el éxito que obtuvo con sus pinturas. Mas, no se entienda, por lo que llevo escrito, que el pintor se limitó a los cuadros de género; experto dibujante, quizá mejor dibujante que colorista, cultivó el retrato con notable acierto; fueron muchos los que hizo, entre otros, los de doña Luz Apezechea, señora de Merry, el periodista Vicente Casajus y la célebre actriz Joaquina Baus. Colaboró en periódicos y revistas, pues había adquirido tal destreza en el dibujo litografico y en el grabado en madera. Trabajó también para las publicaciones del famoso editor don Carlos Santigosa y Gaspar, y en el Álbum Sevillano que dirigió Casajus (1828) publicó tres dibujos que representan la Puerta de la Carne, Un majo de Feria y ¿No oye usted que no? También son suyos algunos dibujos aparecidos en la Lira Andaluza revista sevillana, muy característica publicación romántica. En el catálogo de las pinturas que se conservaban en el Palacio de San Telmo figuraban: Un columpio y El baile de la Cabuoha En el Liceo hubo una exposición de sus cuadros, que fueron muy elogiados, entre otros Un trozo de la Catedral de Sevilla clasificado por el periódico sevillano El Paraíso como una composición muy graciosa y de un efecto agradable. Gracias a algunos dibujos de este pintor sabemos de muchos monumentos desaparecidos de la Sevilla histórica, como la fachada norte de la Mezquita con las gradas, la puerta de la Carne, la Alameda de Hércules y el Postigo del Aceite con la plaza de San Andrés, y la Venta de los Gatos. El padre de los Bécquer murió el año 1841, siendo enterrado, según creo, en el cementerio de San José. Santiago MONTOTO Correspondiente de la Real Academia Española Ilustración: Vista exterior de la Catedral. Dibujo de José D. Bécquer.
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