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LOS TOROS iTRES TIEMPOS DEL ESPONTANEO Me acuerdo de un endecasQ bo de Quevedo- fe Juventud robusto y engañada -al contemplar esto foto. Ya de por sí, 1 juventud es un hermoso y pasajero engaño. Este chaval, de gallarda y felina estompa, no lo sabe. Ha de cifiido tirarse al ¡ruedo- ¿qué sabrá del articulo 68 del reglamento taurino? -y allá va. ¿Buscando qué? Acaso el hilo de Ariadna. Pero Teseo no se lo va a permitir. Solo Teseo esto predestinado a matar al Mlnotauro. ¿Qué quiere ese Intruso, robar el fuego de los dioses como Pao meteo? Pobre mortal. Quiere ser torero y saÉs al redondel como si llevara una bomba escondida en ej gafto. Mejor dicho, una bomba no, un petardo. Y, claro, QÉÍTÍ el petardo. Este espontáneo notienecapote al muleta que llevarse al metacarpo. Y cito al compadre de Gerfon con algo de lo que lleva puesto, su modesto chaqueta, que con menos empezaron otros. El fin justifica los medios. ¿Y el miedo, quién lo justifica? Pues el toro. El descarriado muchacho apoya su mano izquierda en el burladero. ¿Dará algún chaqueta o tomará el olivo? Si no lo coge el toro lo cogerá el policía. Dos caminos: hule o calabozo. Pero el vulgo- municipal y espeso que dijo Rubén- -puede levantarse, como en un circo romano, a pedir el perdón de la vida del insensato y 1 libertad del esclavo que se tiró a probar fortuna, Y llegó lo que tonto que llegar ta cogida, el dramático remate de la aven tura. El espontáneo vuela como un pe lele. Como un nadador en una piscina sin agua. Su vid es dura y triste como el parte facultativo que vendrá después. La locura se paga al contado frente al toro. Y pagándola es como se empieza a perderla. Emoción pensar que esto infeliz le había prometido a su madre aderezos y eoRÜea como en la copla. En la enfermería diapiosttcaráu: Roto la base del aneo y dice que no le duele. Texto CABO ROMERO. Fotos: ARCHIVO.