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A primeros de julio de 1918 se terminó el monumento a Cristóbal Colón en los jardines de Catalina de Ribera. Con ello culminaba la campaña creada y mantenida por un periodista, José Laguillo, director de Ei Liberal sevillano. La sorpresa fue que sobre el pedestal no figuraba la estatua del almirante, sino un león, lo que originó no pocos chistes. Don Cecilio al acecho siempre de cualquier tema para sus sátiras famosas, vio con simpatía ei empeño de Laguillo, pero no resistió la tentación de tomar a broma la metamorfosis escultórica y a ios pocos días dio cuent? del acontecimiento de esta manera: El haber anunciado El Liberal el viernes que ayer sábado sería subido el león a la azotea del obelisco, fue causa de que una muchedumbre fenomenal llenase el Prado de don Sebastián desde el amanecer, en forma tal, que aquello estaba igual que por la noche, cuando funcionan los veinte cines, treinta neverías cinematográficas y el disloque de murgas, circos, teatros, tiro al blanco y demás recreos y alicientes, sin contar los pellizcos. Todos los bancos estaban ocupados de público, cuando a las siete en punto la Banda Municipal empezó a tocar con su magistral armonía S o l e d a d dame la mano. Ei león, majestuosa y lentamente, empezó a subir, como queriendo meter la cabeza y curiosear a todos lados... Pero mayor fue así cuando, con asombro de todos, el león abrió la boca y por ella salió una voz elocuentísima, que comenzó a hablar dando las gracias y cautivando a la concurrencia. -E s e es Blasco Garzón, gritaron t o d o s acordándose del joven y ya gran orador de la Casa del Común municipal, quien en Cádiz ha obtenido el más ruidosc é x i t o forense, informando con tal maestría, que se 4 e concedió una magna ovación jurídica y dos orejas, de dos de los procesados. Sequía, bandolerismo, -hambre, perdidas y daños, -tres burros y un mulo tísico- ¡y eso fue todo este año! Cerca de los Jardines, en til nado, las Ferias. La de San Miguel, si Juagamos por los testimonios eserjtfos y oca tes, nunca llego a tener id la afluencia ip U tama que la brüefta. Y inste afee iU ¡XHiae se mañano en ei calendario testero per sque 11o del prestiglQ las ñ a s migoftaria de 1905, ae aquí el triste resumen que nos dejo el bumorista Manoio en el Don, GecHio de fin de octubre de aquel f i o t i de las Teces. De la an- La subida del león al monumento dedicado por Sevilla al descubridor de América, vista por el dibujante de Don Cecilio Pero el que así hablab no era el futuro diputado borbollista por Sevilla- Alcalá- Carmona; era el muerto inmortal, el propio Almirante, eí mismo Don Cristóbal, cuya figura asomó p o r la boca del león, quien, como es sabido, tiene esa estatua dentro de la barriga, donde se podrá ver dos veces al año, como el cuerpo del Re Fernando. García Rufino, Don Cecilio visto por Romero Escacena, ABC, 1930.