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CCADIZ, H U E L V A Y S E V I L L A) Estepa A 110 kilómetros de Sevilla, en la carretera general que lleva a Málaga y Granada. Tiene tres considerandos suficientes para merecer la visita, al unir, con la belleza y el arte, la historia. Asiento en la remota antigüedad de la raza libio- fenicia o libio- púnica, su vieja historia se marca gloriosamente cuando era Astapa o Astapo, de Li vio, Appiano y Stephano, la Ostippo de Plinio, que sitiada por el romano Lucio Marcio, durante las guerras púnicas, allá por el 208 antes de J. C prefirió la total destrgcción antes que capitular con el enemigo, que trataba de imponerle el yugo de la esclavitud, porque para el ciudadano de la Edad Antigua el suelo de la patria era sagrado, y un enemigo en armas no debía traspasar las murallas de sus fortalezas. Sólo les quedaba una alternativa, o rechazar al enemigo o ser arrasados hasta los cimientos. Amurallada Estepa, escogió, como lo hicieran Sagunto y Numancia, la inmolación. La conquistan en el 711 los musulmanes, pasando a ser Medina Astapan o Istabba, que dejan como testimonio el recinto amurallado del Cerro, con el castillo donde se levantó la ciudad vieja. Y es porque hay dos Estepas, arriba la del Cerro, sobre el promontorio al que llegamos por empinadas calles, sumidas en sus recuerdos, y ladera abajo la moderna que busca la carretera. Reconquistada el 15 de agosto de 1240 por Fernando III, su hijo el Rey Sabio dona villa y castillo a la Orden de Santiago. Fronteriza mucho tiempo y sometida talezas medievales del cuadrilátero y torre del homenaje. El fuego destructor de la época romana pudo dejar algunos vestigios de la primitiva fortaleza, sobre la que los posteriores invasores árabes levantarían la suya, que sería, como siempre, reconstruida y fortificada tras la Reconquista. Más adelante, en el siglo XV, ya con el Señorío de don Adam Centurión, son las obras tan amplias que se transforma totalmente y se le empieza a llamar palacio, persistiendo de lo primitivo algunos trozos de muralla y la torre del homenaje, en avanzadas ruinas, como igualmente las del palacio. Son ruinas guardianas de glorias y grandezas que llevan mi mente a la edad infantil de cuentos de hadas y caballeros, para hacer vivir ilusionados sueños. En 1962, en la revista técnica de Turismo Piel de España y posteriormenteen la prensa sevillana, escribí sobre este pueblo, digno de visitarlo si se pasa por la carretera, y me congratula saber que su Ayuntamiento ha adquirido lo que quedaba de las ruinas para crear un museo que recopile lo encontrado de épocas aVitiguas, cumpliendo así los deseos de mi querido amigo el padre franciscano Recio, tan enamorado de la arqueología estepe ia. El que entre podrá ver mucho de Estepa, pero le doy un consejo: Que penetre en el convento de San Francisco y vea la talla del Santo de Asís, joya barroca de la escuela granadina, porque su espíritu quedará elevado a la divinidad por mucho tiempo. (Continuará) Tone del homenaje del castillo de Estepa. por ello a constantes asechanzas y golpes de mano, preocupa a los maestres de la Orden, por lo que don Lorenzo Suárez de Figueroa, uno de ellos, se decide a fortificarla. Las dilatadas guerras de Carlos I hacen que la princesa doña Juana de Portugal incorpore Estepa y su fortaleza, en nombre de Felipe II, a la Corona de España, que luego cedería por venta a don Adam Centurión, como recompensa por los préstamos que este noble genovés hizo al Emperador y que nunca quiso cobrar. Al año de cedida, Felipe crea y da el título de Marqués de Estepa a don Marco Centurión, hijoysucesordedon Adam. Es más ideal llegar a Estepa desde Sevilla, porque así entre campos de olivares, en las revueltas cercanas al pueblo, tendremos una sucesión de vistas del mismo, todas de gran belleza, por el lujo de su emplazamiento sobre un cerro cuya parte más alta alcanza 140 metros de altitud. El pueblo es blanco y en su parte alta vemos restos del castillo y murallas, pero no con la clásica silueta castellana de las for- Vista de Estepa desde el castillo, y torreones del recinto amurallado. ABC 14 noviembre 1982 21
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