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EDITADO POR P R E N S A ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA D RI D FUNDADO EN ABC 1905 POR DON homogeinizan y desdibujan. A través de muchos medios, pero especialmente de los de comunicación social- -y la televisión en particular- los pocos van ordenando la vida de los muchos, les van robando su imaginación y sus iniciativas; van limando sus diferencias, van suprimiendo su voz... y van restringiendo la amplitud de su sonrisa. Este proceso culmina en las grandes ciudades y organizaciones. Es el síndrome de las megalopolis, de las superorganizaciones, de las hiperestructuras. Paradójicamente, cuanto más apiñada la gente, más aislada; cuanto mayor cercanía, mayor distancia. Es la terrible soledad en compañía el vacío de saber que entre tantos brazos no hay ninguno tendido para el abrazo ni relojes que marquen horas de encuentro. Cada uno vive su vida se dice y se repite. Es un error monumental, porque las más importantes razones para vivir nos las proporcionan la vida de los otros, nos las confiere con- vivir (y con- morir! entristecemos y alegrarnos con los demás. El hombre es tan sólo un nudo de relaciones ha escrito A. de Saint- Exupéry. Aquí se trata del amor verdadero, una red de lazos que permite ser uno mismo Todo radica en el amor y todo aquello que nos aparte de él, todo el progreso que lo aminore o lo degrade es un progreso ficticio y pernicioso. Miguel Hernández nos legó este sentimiento en la fuerza excepcional e inspiradora de su verso cuando, atribulado por el fallecimiento de su mejor amigo, escribe: A Ramón Sijé, con quien tanto quería No deja de ser contradictorio que quienes más asegurada tienen su vida (pensiones, enfermedad, jubilación) y el pleno ejercicio de sus derechos humanos se resignen, al menos aparentemente, a no alcanzar el objetivo primario de la condición humana: disfrutar, en toda la medida de lo posible, de tan extraña circunstancia, disfrutar de la vida. Y para ello es preciso relacionarse, dar, darse, mostrarse disponible y afable. Seguir la letra y el espíritu de Pablo Neruda en uno de sus Cien sonetos de amor No sé quién eres. Te amo. No doy, no vendo espinas... Es frecuente que la insolidaridad se disimule detrás de un desabrido biombo de eficiencia, objetividad, rigor profesional... que, por cierto, no sólo no son incompatibles REDACCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: CARDENAL ILUNDAIN, 9 SEVILLA TORCUATO LUCA DE TENA A B C es independiente en so línea de pensamiento, y no acepta necesariamente como sayas las ideas vertidas en los artículos Armados STE hombre tan sonriente procede, sin duda, de un país tercermundista comentó, al salir del ascensor, la funcionaría adusta, vertical y eficiente de una organización internacional de Ginebra a su compañera, que asintió con una mueca de displicencia y superioridad. En el ascensor, siguiendo hasta la octava planta, el extraño hombre sonriente -que no era, por cierto, de un país del Tercer Mundo; era, tan sólo, una persona educada- -se preguntaba si estaría prohibido, en aquel ambiente aséptico, desear buenos días con alegría... Esta anécdota, rigurosamente cierta, me la contaba hace unos días, en Saint Vicent, Valle de Aosta, donde nos reunimos para otorgar el premio internacional de Ciencias Médicas, el doctor Thomas Lambo, director general adjunto de ia OMS. Me acordé inmediatamente de Sara, hija de un importante cargo de la Unesco. Su padre conserva, por cierto, la capacidad de concebir iniciativas originales y creativas después de muchos anos de formalidades burocráticas. Es probable que su temperamento italiano no sea ajeno a esta resistencia inverosímil. Me decía Sara, hace unos tres años (ella tendría entonces ocho) ¿Perché turto il é cosí triste? ¿lei ride? Estaba presente C Cavalliari, que publicó, a (os pocos días, un delicioso artículo en La Sera titulado L Unesco del sorriso Preconizaba, precisamente, que el progreso no es necesariamente incompatible con la alegría de vivir. Porque, si esta correlación fuera inevitable, ¿qué representaría el progreso? ¿O es que este progreso no es el verdadero progreso y, por consiguiente, las personas que acceden a mayores niveles de progreso no dejan traslucir felicidad por la sencilla razón de que no son felices? Los pueblos del sur (de todos los sures quiero decir, de las naciones y del planeta) pierden su tradicional vivacidad y espíritu jovial en cuanto, tan deseoso como inexcusable, llega el desarrollo Enmudecen las gargantas y las guitarras y las cítaras. Y se acaban las tertulias y los veladores, y las funciones de aficionados, y ios concursos y los juegos florales... Desaparece todo lo que es propio de la vida genuinamente comunitaria, en donde la proximidad y el conocimiento del otro tejen una malla, sólida e invisible, de efecto, de requerimiento mutuo, de interdependencia. Hoy por ti, mañana por mí y amor con amor se paga Cuando un día llega el progreso se minimiza toda esta trama, esta conducta natural y espontánea, hasta el punto de parecer anacrónica y ridicula. Poco a poco, las costumbres se van uniformizando, las identidades personales, ios rasgos distintivos, se van difuminando hasta conformarse plenamente- -cuando el proceso de mimetismo se consuma- -con otros modos, con estilo, talantes y comportamientos ajenos. En poco tiempo, la forma de vestir y de cocinar, los hábitos, las peculiaridades... que reflejaban una fuerza creadora, una original manera de concebir o interpretar, se ven suplantadas (decir sustituidas no expresaría debidamente la intensidad y naturaleza del proceso) por otras que las ABC 2 unio 1983 E. RAZONES PARA SONREÍR MOBILIARIO- DECORACIÓN Solamente en AV. CARRERO BLANCO, 10- 12 decir, con imaginación, con originalidad, con fuerza creadora. Es evidente que deben existir y respetarse unas normas que enmarquen la actividad, la ocupación de las personas. Pero su exceso puede llegar a ser más peligroso que su ausencia. Lo esencial es lograr, a través de la orientación y actualización oportunas, que cada uno sea y se sepa útil y competente en el desempeño de su función. Recuerdo lo que me dijo un hombre de empresa cuando le pregunté por un compañero común de estudios: Hasta ahora no ha demostrado una gran aptitud en su trabajo... pero afortunadamente tampoco es un gran trabajador. Cuando se han vivido momentos realmente graves es cuando se tienen mayores motivos para distinguir en lo sucesivo lo esencial de lo superfluo. Cuando- ¡nuevamente la contradicción reconfortante! -se encuentran mayores razones para sonreír. Cuando se aperciben en toda la plenitud de sus dimensiones la fragilidad y la grandeza humana, es cuando sentimos con mayor apremio la necesidad de saludar a todo el mundo, cuando lamentamos no tener más que dos manos para tender, cuando deseamos dar los buenos días con mayor júbilo. Cuando nos damos cuenta, por fin, de que un progreso triste es un triste progreso. Federico MAYOR ZARAGOZA que se mide el cuánto más que el cómo, el estar más que el hacer humanamente; es con la fraternidad y la cortesía, sino que son elementos muy importantes de las mismas. Se es en la misma medida en que se da. Me alarma, en consecuencia, que en lugar de ir a mejor se esté retrocediendo. La trinchera de la sonrisa está cediendo ante el asedio de quienes rezuman amargura y desencanto; de quienes confunden la eficacia con la seriedad y hasta con la intemperancia; de quienes hablan cada vez más bajo y menos, quizá porque no tienen casi nada que decir. No se trata de denostar al progreso Ni mucho menos. Se trata de dominarlo en lugar de ser dominados por él. De que prevelezca el hombre, de que utilice los inmensos recursos intelectuales de que dispone para no dejarse arrastrar por la corriente. Se trata de que sea capaz de volar a contraviento. Para vencer la tensión excesiva, que deshumaniza y envilece, tenemos en primer término que ser capaces de reconocer lo importante y decantarlo de lo que sólo es urgente o secundario. Hay que hacer frente a la rutina, a to que nos lleve a reaccionar como autómatas, a todo aquello que conculque la competencia distintiva de la condición humana: la capacidad creadora. Tenemos que conservar la identidad en la modernización, escapar a ta condena de las ciudades modulares, de las cosas en serie Ser uno mismo cuando tantas cosas influyen para hacernos como nos tele- modulan unos cuantos. Tenemos que evitar entre todos que la vida cotidiana tenga tan medido todo ritmo, tan programado y controlado todo su transcurso, que se vaya deshumanizando al mismo tiempo que se robotiza, al tiempo TLfs. 271907 08 SEVILLA
 // Cambio Nodo4-Sevilla