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por José María Vázquez Soto Fray Alonso de Toledo y Vargas Fue, como indica su nombre, toledano, de nobilísima familia. Entre sus ascendientes se encuentra el legendario Garci Pérez de Vargas. Ingresa de joven en la Orden de San Agustín, donde hace sus estudios eclesiásticos, que termina perfeccionándolos en la Universidad de París, de donde más tarde será doctor en Teología y maestro, tras haber ganado cátedra. Su vida ejemplar hace qué el cardenal Gil Albornoz lo eleve a la dignidad episcopal, haciéndole obispo de Badajoz, con la pretensión de que fuese confesor del rey D. Pedro, pero Fray Alonso no puede soportar las locuras del rey y prefiere retirarse a Roma, donde Gil Albornoz lo asocia al gobierno de la Iglesia como legado pontificio y capitán general de las armas del Papa, que está en Aviñón. Allí marchó Fray Alonso en demanda de socorro para sus campañas, que realizó con brillantez, logrando pacificar y conquistar las tierras del Papa. Es hombre de gran valor en la guerra y de incansable actividad en la paz. Más tarde, en recompensa por la campaña de Italia, Albornoz lo promueve al obispado de Osma, pero continuó en Roma con el cardenal. Por aquel tiempo se producen disturbios en Castilla y las contiendas del Rey D. Pedro y su adversario el de Aragón. Vacante el Arzobispado de Sevilla, Albornoz, para recompensar sus servicios, o más bien para eliminar a un émulo, en 13 de octubre de 1362 lo promueve para la sede hispalense. En noviembre de F OxOMtNSÍS D. Alonso de Toledo, otro arzobispo guerrero que hizo la campaña de Italia y fue muy amigo del cardenal Albornoz. este año reside en Sevilla, como se ve por el. testamento del rey Pedro, en que lo nombró albacea. Este arzobispo de Sevilla, además de ser docto y hombre de mucha preparación en la política, la guerra y hombre de eran sólo para gastarlas en hacer caridad. No hubo convento pobre de Sevilla que no lo tuviese por protector y favoreció mucho a los de su orden. Murió en su palacio arzobispal de Sevilla el 27 de diciembre de El cardenal Gil Albornoz fue el prelado más inteligente de la Iglesia en este período. Al año siguiente de la muerte del arzobispo O. Alonso de Toledo se cerraba un doloroso período de la historia de la Iglesia: Gregorio XI volvía a Roma del destierro de Avignon gracias a los sabios consejos de Santa Catalina de Siena y a las habilidades políticas del cardenal Albornoz. (Regreso de Gregorio XI a Roma. Fresco de Vasari. Museo Vaticano. ABC 16 septiembre 1963 mundo, sin ser frivolo, se distinguió por su gran caridad. Todos los ingresos que obtiene por sus cargos los distribuye en limosnas a los pobres, dotes para casar doncellas y rescates de cautivos. Decía que sus rentas 1366, a los cincuenta, y nueve años de edad, según reza su epitafio, que existe en la capilla de Santiago el Mayor de la Catedral de Sevilla. (Continuará) 19
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