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por José María Vázquez Soto Don Alonso de Exea Natural de Ejea de los Caballeros, en el arzobispado de Zaragoza, fue obispo de Avila y de Zamora. S e titulaba Patriarca de Constantinopla, y fue primero administrador apostólico y luego arzobispo de Sevilla. El 18 de Todavía por este tiempo la espada del Santo Rey Fernando acompañaba a las huestes cristianas al campo de batalla. junio de 1404, previa elección hecha p o r e l cabildo, los canónigos le enviaron a León la cruz patriarcal y el báculo como atributo de su dignidad, y en este mismo año ya se encuentra en Sevilla para ser testigo de un sorprendente hecho que acaec i ó e n etconventode la Trinidad: La manifestación de unas sagradas formas que fueron robadas en diciembre de este año y aparecieron de forma maravillosa. En mayo de 1410 asiste c o n tropas levadas a sus expensas a la toma de Antequera. Va a c o m p a ñando al infante Don Fernando. Tan pronto c o m o capituló la ciudad se crearon varias parroquias: la del Castillo, llamada San Salvador; la de Santa María y la de San Isidoro. El arzobispo las dotó y administró hasta tanto no se conquistase Málaga y pasaran a pertenecer a su obispado. Regresado el ejército cristiano a Sevilla, y según era costumbre cada vez que salía a luchar contra los moros, fue c o l o c a d a la espada del Santo Rey Fernando en sus manos tras solemne procesión. El año 1403 se habían iniciado las obras de la Catedral y el arzobispo, c o n el fin de allegar fondos, solicitó del Papa que le confirmara la gracia de los diezmos. C o n s e g u i d a la demanda, creó un desmero o Alonso de Egea, que junto al infante D. Fernando asistió a la toma de Antequera. excusado que era ni más ni menos que una contribución obligatoria impuesta a cada pa- A las orillas del Guadalquivir se levantó el suntuoso monasterio de San Jerónimo en un lugar delicioso que se llamaba Beilavista. ABC 22 s e p t i e m b r e 1983 rroquia para la obra catedralicia. Hizo a sus propias expensas la capilla de San Laureano, la primera que se levantó para que sirviese de templo provisional, y también costeó de su propio peculio parte de la nave contigua. De sus actos de gobierno cabe señalar el Concilio Provincial de 1412, que fue el quinto hispalense y el segundo que se celebraba después de la muerte de San Fernando. Se ignoran las sesiones y cánones que tuvo, y algunos se conocen tan sólo por referencias de posteriores sínodos. Mandó hacer su enterramiento en la capilla de San Laureano, que dotó con esplendidez, y contribuyó a fundar el convento de Santa María la Real, de monjas dominicas, levantado a instancias de unas devotas féminas que capitaneaba María la Pobre. En la finca de Bella Vista, lugar delicioso a orillas del Guadalquivir, fundó el monasterio de San Jerónimo, y el 11 de febrero de 1414, tras una solemne procesión con el Santísimo, se enclaustró su primera comunidad. Falleció el arzobispo Don Alonso a mediados de 1417, cuando contaba 57 años, y fue enterrado en la capilla de San Laureano. Fue un prelado piadoso, liberal en sus limosnas a los pobres y muy espléndido en donaciones a la Catedral. (Continuará) 23
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