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Don Gutiérrez Alvarez de Toledo Fernán Pérez de Guzmán, en sus Generaciones y S e m b l a n zas al hablar de este toledano dice que perteneció a un linaje de grandes e buenos caballeros Pese a tan encomiables palabras y a que se trata de un eclesiástico muy digno, hay que hacer notar su pertenencia al grupo de los encumbrados por D. Alvaro de Luna. Fue hombre estudioso, diestro en las c i e n cias y en el ejercicio de las armas, hasta el límite que le lia de Higueruela, Fuentes de Pino y otras. L o s cronistas lo comparan a Josué, armado siempre para la pelea, hombre de corazón atrevido, más parecía caballero que Perlado P o r estos servicios lo premiará el rey c o n el señorío de A l b a de Tormes que acababa de confiscar a los infantes de Aragón, pero el arzobispo generosamente se lo regalará a un sobrino suyo, Don Fernando Alvarez de Toledo. C a m b i a d a su suerte, la C o r o n a lo mandó prender, porque sus émulos le han dicho al rey que andaba en tratos c o n sus enemigos los reyes de Aragón y Nava- U V T A í 4 111: 42 O LEOí D. Gutiérrez Alvarez de Totedo, de quien se dicen grandes elogios en el libro Generaciones y Semblanzas de Pérez de Guzmán. También este prelado fue encumbrado por D. Alvaro de Luna. Ante el éxito que obtiene contra los nobles levantiscos, con la persuasión o la espada, el rey le encomendó una nueva embajada, junto a otros importantes señores, para traer a la obediencia al rey de Navarra y al infante Don Enrique. Se celebraron algunas conferencias a este fin en Salamanca, pero sin notable resultado. El estado de agitación en que se encontraba el país se transmitió a Sevilla, donde dominaban algunos de los encartados. Debido a las largas ausencias del áulico arzobispo, los canónigos tomaron partido por los diversos bandos políticos que asolaban la nación entera y las circunstancias llegan a extremarse tanto que una de las facciones llegó a atrincherarse en la Catedral y a convertir en baluarte la Giralda. Para serenar los ánimos, el C a b i l do destacó al arcediano Don Gonzalo de Cervantes y al maestre escueJa D o n Pedro Bocanegra. En sentir de estos pacificadores se les oyó decir: E s gran oprobio de esta iglesia que la torre esté muñida de gente, e que se velen c o n bocinas, como si fuesen castillos fronteros Estaba Don Gutiérrez en A l b a de Tormes, ocupado en unos traslados de un monasterio premonstratense y que el Papa Eugenio IV le autorizó pasar a los Jerónimos, cuando envió a su provisor de Sevilla, D. G i l Gutiérrez de Fontiveros, para que apaciguase las discordias de Sevilla, que por fin cesaron. A la muerte de D. J u a n de Cerezuela vacó la arch ¡diócesis toledana y D. Gutiérrez fue nombrado para ocuparla. Tarde le llegaría tan alta prebenda, porque murió c u a tro días después, el año 1442. Fue sepultado en el monasterio de A l b a de Tormes. (Continuará) La incomparable torre sevillana, que muchos años después de la conquista de Sevilla, sirvió de baluarte defensivo en pendencias de banderías. permitía su condición de eclesiástico. Comenzó su carrera c o m o maestre escuela en Salamanca, arcediano de G u a d a l a jara, embajador del rey en R o m a y posteriormente ante los reyes de Aragón y Navarra. C u a n d o era obispo de Palencia entró un día por la vega granadina peleando junto al rey J u a n 1 y estuvo al 1 mando de sus tropas en la bataABC 27 septiembre 1983 rra. Averiguada la falsedad de la calumnia, salió de esta prueba muy mejorada su amistad c o n el rey. A finales del año 1438 es arzobispo de Sevilla y hasta aquí llegan los mensajeros del rey para comunicarle que se encargue de reducirá real obediencia a los señores que en la frontera de Ecija hacen causa contra el condestable D. Alvaro de Luna. 31
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