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ABC. D O M I N G O 9 O E O C T U B R E D E 1983. P A G 35 LA Aún no ha sido recepcionada por el Ayuntamiento CIUDAD Valdezorras: La mayor parte de las viviendas del barrio son de construcción clandestina Es la única barriada de la zona que, p e s e a no contar c o n v i g i l a n c i a p o l i c i a l no tiene p r o b l e m a s de s e g u r i d a d ciudadana otros p u e b l o s peninsulares y p o b r e s S i n e m b a r g o tal mescolanza n o ha o r i g i n a d o sobresaltos ni enfrentamientos, sí acaso alguna rencilla q u e h a d i s i p a d o el t i e m p o E n el b a r r i o V a l d e z o r r a s es m i t a d b a r r i o y m i t a d p u e b l o e n parte r u r a l y en parte u r b a n a Sus casas, revestidas d e ladrillos y azulejos serigrafiados e n f a n t a s í a las m á s m o d e r n a s de cal p u r a las m á s viejas, s o n de c o n s t r u c c i ó n clandestina y, p o r ello, variopintas y d i s p a r a t a d a s Sus m o r a d o r e s provienen de las A l p u j a r r a s A l m e r í a E x t r e m a d u r a Portugal y se respira u n a t r a n q u i l i d a d d e h u e r t o s d e coles y b a s u r e r o s soleados, p o r q u e c o m o d i c e n ellos, aunque hay delincuentes, o p e r a n fuera Oficialmente, Valdezorras no existe. Se sabe que a nueve kilómetros de la Macarena, no lejos del Hospital Psiquiátrico de Miraflores, enfrente del Parque Aloosa y justo un poco m á s allá de donde estuvieron aquellos barracones vergonzantes que refugiaban del tiempo y del nambre a unas cuantas familias, sin paz y sin suerte, que decían que vivían en Charco Redondo, hay una barriada con cerca de cinco mil habitantes, a los que de vez en cuando se multa porque cada día construyen m á s viviendas ilegales. Se sospecha que en aquel lugar no debe haber problemas de seguridad ciudadana ni de orden público, pues, pese a estar ubicado a un paso de Torreblanca y adyacentes, rara vez se denuncia un robo o un altercado en una taberna. Se supone que hay agua e incluso luz, porque aunque Valdezorras oficialmente aún no exista, alguna obra se ha hecho y, sobre todo, se han diseñado rigurosos proyectos de reestructuración y recepción de la barriada. T a m b i é n se sabe que hace unos años funcionaba un patronato que se ocupaba de mejorar en algo las condiciones de vida de aquellas gentes, y que hasta construyó un colegio, el Colegio Cardenal Spínola, el único colegio existente en el barrio. No se sabe, sin embargo, a ciencia cierta qué ha sido del patronato, que, entre otras cosas, y según consta en los archivos municipales, llevó a Valdezorras, en tiempos del alcalde Parias Merry, un cargamento de adoquines para que, por lo menos, hubiera en la barriada una calle que no fuera una permanente polvareda o un fangal cuando lloviera. De todo aquel lio del patronato han quedado los jesuítas, al frente el párroco Jerónimo Valpuesta; la asociación de vecinos Despertar presidida en funciones por Francisco Martín Sánchez (el presidente de la asociación está en la mili y los cerca de cinco mil vecinos, a los que. a juzgar por las apariencias, parece traerles sin cuidado el absurdo municipal de la no existencia de la barriada. LA V E R E D A D E L POCO ACEITE. -Las primeras personas que se establecieron en lo que hoy es Valdezorras fueron jornaleros que se fabricaron unas chozas cerca de la tierra que les daba algún trabajo. Eran gentes sin futuro, que buscaban un refugio en la intemperie de la postguerra. Labradores de Portugal y Extremadura y hortelanos de las Alpujarras y Almería. T a m b i é n llegaron familias jornaleras de los pueblos de la campiña de Sevilla y vagabundos sin viviendas Las primeras chozas se alinearon si- guiendo el curso de una vereda de carne, un camino de sesenta metros de ancho por el que trasegaba el ganado. Un día amanecieron demasiadas chozas y apareció la primera construcción de adobe y uralita. Fue entonces cuando se tuvo consciencia de que aquellas familias que se habían asentado en torno a la Vereda del Poco Aceite, que con el tiempo daría nombre a la calle principal de la barriada de Valdezorras, estaban unidas por el azar de un habitat c o m ú n que llegaría a convertirse en un barrio de Sevilla. Cuando los primeros habitantes juntaron unos reducidos ahorros de pesetas descontadas al jornal- -dice el párroco Jerónimo Valpuesta, j e s u í t a- -y llegaron m á s familias se inició la venta de parcelas. Compraban terrenos y se construían sus casas en los ratos libres. E l barrio se ensanchó mientras se reducían distancias con Sevilla y se trabajaba en las huertas. E l primer s í n t o m a de prosperidad fue el paso de la choza a la vivienda de uralita y adobe. E l barrio se iba configurando sin la menor lógica urbanística y según los terrenos de que disponía cada cual. Las calles quedaran trazadas porque cada propietario de parcela acordó ceder unos metros de su propiedad para que las viviendas no se adosaran unas a otras y se pudiera pasar, que ni eso estaba previsto en la compra de parcelas, ni que hubiera calles Hubo calles con recovecos disparatados, que eran fruto de la casualidad y de lo que cada vecino estaba dispuesto a ceder de su propio terreno. Valdezorras, en el término municipal de Sevilla, estaba siendo creada por sus vecinos y con sus mismas manos. Cuando aquel conglomerado de ladrillos y uralita tuvo cierta entidad empezaron a sacudirse la pobreza con la ayuda inestimable del Patronato de la Sagrada Familia. U N BARRIO CREADO POR LOS VECINOS. -Los moradores de Valdezorras llevan a gala dos cosas: la tranquilidad que se respira en la barriada, en la que no hay vigilancia policial, ni, de momento, falta que hace, y el hecho cierto de que ellos mismos han creado un lugar para vivir, una cosa propia que se valora por el trabajo que ha costado hacerla. Yo creo- -explica Jerónimo Valpuesta- que la tranquilidad que todavía se respira aquí es fruto de que Valdezorras lia sido construida, trazada, asfaltada y cuidada por sus propios vecinos Afortunadamente, en el barrio aún no Pasa a la Pág. siguiente Sin licencias municipales La clandestinidad, en Valdezorras, es camino obligado. El Ayuntamiento no concede licencias de obras por no estar el barrio aún reoepcionado. Los vecinos, ante tal disyuntiva, optan por la solución salomónica de construirse ellos mismos sus viviendas sobre su propias parcelas sin permisos ni licencia municipales. Para cuando llegan las multas y las órdenes de paralización de! as obras, ta vivienda sueie estar terminada. (Foto Veridiano.
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