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Don Fernando Valdés Fue este arzobispo hijo ilustre de la Villa de Salas, en Oviedo. Antiguo alumno del famoso colegio de San Bartolomé, de Salamanca, donde realizó brillantes estudios en leyes, que le valieron, después de haber d e s e m peñado una cátedra de cánones, ser oidor del cardenal Cisneros, Comenzó su carrera siendo c a nónigo magistral de Alcalá de Henares, deán de Oviedo, visitador de la Inquisición en Cuenca. A partir de entonces, el emperador le enviará a los Países Bajos c o m o plenipotenciario suyo y lo presenta al Obispado de Elna, en el Rosellón, premiándolo poco después con el O b i s p a d o de Orense. En 1533 fue promovido a la sede vallisoletana, posteriormente a León y en 1540 a la de Sigüenza, siendo nombrado también presidente de la Cámara de Castilla. Seis años más tarde es arzobispo de Sevilla e inquisidor general del Reino. Dada su procedencia, perteneció al grupo de asesores imperiales. Se pensaba que D. Fernando de Valdés sería un arzobispo más, distante de la sede hispalense, y, en efecto, como tal dio comienzo a su pontificado. Tomó posesión l) VS AXt. DE Femando de Valdés, inquisidor general y arzobispo de Sevilla. Durante su pontificado murió el venerable Contreras. En tiempos del arzobispo Valdés se acometieron obras de suma importancia para la terminación de la parte superior de la Giralda. de la infancia desempeñó un papel importante en la ciudad hasta la creación de una institución adecuada. El tercer hecho que distingue el tiempo del arzobispo Valdés está vinculado a la historia de la Giralda. En 1560 había dispuesto el Cabildo la obra de terminación de la famosa torre. Se la elevó en cien pies, según el proyecto de Hernán Ruiz, y se colocó la figura de la Giralda, estatua monumental fundida por Morell, que desde entonces daría nombre a toda la torre. El arzobispo ayudó con generosidad en esta obra, c o m o lo atestigua la lápida c o n m e m o rativa que se ve en la parte inferior de la fachada que mira al norte, elegante inscripción latina que, como otras muchas en el templo catedralicio, compuso el canónigo latinista D. Francisco Pacheco. Este arzobispo, al que hasta el final de sus días se le contabilizan generosasfundaciones y ejemplares obras de caridad, murió en Madrid el 9 de diciembre de 1568 a los ochenta y c i n c o años de edad y está sepultado en la iglesia de Santa María la Mayor, de la Villa de Salas, en su Oviedo natal. (Continuará) Copia del Giraldillo en poliéster instalada en el patio principal del Palacio Arzobispal. -á ggiÍ Sgliy ABC 15 o c t u b r e 1983 en su nombre el canónigo Fernández Tomiño. Tres hecnos im portantes podemos señalar durante el pontificado de este arzobispo: El primero, la muerte del venerable Fernando de Contreras, acaecida en el número 1 de la plaza del Triunfo. Varón insigne, de heroica caridad, que murió a los setenta y seis años, preconizado obispo de G u a d i z y con fama de santidad. Influyó mucho con sus predicaciones para mejorar las costumbres de los sevillanos, que leapreciaron siempre; ayudó al establecimiento de la C o m p a ñía de Jesús en Sevilla, conjuntamente con el arzobispo Valdés, que recibió c o n grandes honores a San Francisco de Borja cuando éste vino a visitar fa fundación. Otro hecho memorable en el pontificado de este arzobispo fue la institución, a expensa de su propio peculio, de una confraternidad para recoger niños expósitos. Tiempos atrás, los canónigos de Sevilla habían habilitado unas dependencias en el Patio de los Naranjos y se dedicaban a recoger niños que abandonaban por las noches sus desaprensivos padres. La creación de este patronato en favor 79
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