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ABC MIÉRCOLES 19 DE OCTUBRE DE 1983. PAG. 18 -ESCENAS POLÍTICAS La rosa y la lechuga Madrid. (De nuestra Redacción. E n Atenas, casi al pie de las higueras donde dormitaba Sócrates, se han reunido los cinco presidentes socialistas de la Europa libre. (Los otros, los de la Europa helada, no se reúnen. A esos los juntan. González, Mauroy, Soares, Craxi y Papandreu. O sea, los cinco rosas del Sur, que diría Rubén. Los cinco capullitos floresíos que dirían Quintero, León y Quiroga. Antes, el socialismo (el democrático, se entiende) era cosa del desarrollo y la industriaíización del Norte. Eran los tiempos en que los alemanes votaban a WiUv Brandt, los suecos elegían a Oloff Palme, los ingleses se dejaban gobernar por Harold Wilson y triunfaba en Bélgica el viejo Henri Spaak. Ahora, Europa echa el socialismo hacia el Sur, como quien envía un abrigo de la pasada temporada a los primos pobres del Mczzogiorno. E n estos años, el socialismo coincide con el subdesarrollo, que no se sabe bien si es que el socialismo empobrece a los pueblos o son los pueblos pobres los ú n i c o s que engordan el socialismo. E l caso es que en la Europa del buen pasar está mandando la derecha, y en la Europa con el agua al cuello y a dos velas mandan los socialistas. Francia, a pesar de mojarse los pies en el Mediterránc- o y de bañarse con las teresiías al aire n Saint Tropez y en Carines, se bahía librado hasta ahora del subdesarrollo, v os franceses, cocina y bodega, modas y perfumes, c h a m p á n y Pigalle, decían que África empieza en los Pirineos. Llevan dos ños de socialismo, y si se descuidan un ooco m á s van a ver ellos como África puede empezar también en el paso de Calais y c ó m o el Sahara puede terminar en el Canal. E n los franceses sigue pudiendo m á s la prevención a los españoles que la solidaridad con los socialistas. La vecina de la rosa sigue dejándonos a las puertas del paraíso comunitario. H a b í a m o s quedado en que ahora es cuando, de verdad, ya no hay Pirineos, pero en el lugar de los Pirineos se levanta una cordillera de lechugas. Los socialistas, que no hacen sino quejarse de las multinacionales, no han podido crear siquiera la internacional de la lechuga. Lo que sucede a los socialistas franceses y a los socialistas españoles es que se ornan las lechugas de espaldas. Y si no resuelven lo de las lechugas, a ver cómo vamos a esperar que se pongan de acuerdo en lo del terrorismo. Todo parece indicar que los franceses van a seguir mimando a nuest r o s terroristas y repudiando nuestras lechugas. Incluso debemos tener previsto que el señor embajador de Francia siga diciendo tonterías y continúe en su campaña de francesadas verbales. M Michele Rocard (que si se descuida se llama también Junyent, como el nuestro de Convergencia) tiene a don Carlos Romero (el peregrino ministro así sólo conocido por sus bigotes) como un arriero, a las puertas de Europa y con el carro lleno de lechugas. L; gran rosa de Francia trata a las rosas de España como a rosas de pitiminí. Según los ú l t i m o s sondeos de opinión más del ochenta por ciento de los franceses está de socialismo hasta la coronilla. Don Felipe González es el penúltimo El socialismo del Sur Antes, el socialismo (el democrático, se entiende) era cosa de! desarrollo y la industrialización del Norte. Eran los tiempos en que los alemanes votaban a Willy Brandt, los suecos elegían a Oloff Palme, los ingleses se dejaban gobernar por Harold Wilson y triunfaba en Bélgica el viejo Henri Spaak. Ahora, Europa echa el socialismo hacia el lur, como quien envía un abrigo de la pasada temporada a los primos pobres del Mezzogiorno. (Fotos Archivo A B C. socialista que se harta de Mitterrand, y ya ha dicho que habrá que buscar otros tambalillos internacionales para vender nuestras lechugas. E n Atenas ha vuelto a caerse del burro y ya ha visto que no hay nada que hacer con Francia, ni siquiera invocando el nombre de la rosaO sea, que el idilio socialista termina como en las coplas de Manrique. Rosas enterradas bajo l e c h u g a s Si la rosa de Francia y la rosa de España acaban a s í ¿fueron sino devaneos? ¿Qué fueron sino verduras de las eras? Y termino el artículo con Juan R a m ó n No lo toques ya m á s que así es la rosa. Bueno, la rosa, no. La lechuga. Camarada: pon una lechuga en su puño. -Jaime CAMPMANY. HORIZONTE Las claves de un cambio los derechos humanos en el Departamento de Estado. A renglón seguido, se s a c ó de enmedio a Haig, que era, un firebrand lo que en mi tierra llamamos un rabo de palla y poco a poco fue distanciándose (Reagan) de los intelectuales y políticos neoconservadores, y de grupos de presión intelectual como la Heritage Foundation Ahora, con McFarlane en el sótano de Casa Blanca, la imagen luce m á s compensada. E l Consejo Nacional de Seguridad fue creado en 1947 para aconsejar al presidente de la República en materias relativas a defensa y política exterior, trasunto, pues, de un famoso c o m i t é Estado Guerra- Marina que había funcionado bien durante la guerra, pero que llegó a Traman muy deteriorado, sobre todo d e s p u é s de la guerra de los almirantes E l Consejo Nacional de Seguridad, está compuesto por el presidente, el vicepresidente, los secretarios de Estado y de Defensa y el director de la Oficina de preparación en caso de emergencias. E l puesto m á s importante en ese aparato es el de ayudante presidencial para asuntos relacionados con la seguridad nacional, que actúa como consejero del Consejo, y que dirige el proceso siempre complicadísimo de elaborar decisiones, a las que se llegaba, según conocida frase de Dean Acheson, por agotamiento (agreement by exaustion) A ese cargo ha ido a parar, siguiendo antecedentes tan ilustres como el de Bundy, Kissiger y Brcinski, el citado McFarlane, un ex marine o como allí les Madrid. (De nuestra Redacción) -Parece ser que nadie esperaba en Washington que el hombre quizás m á s p r ó x i m o a Reagan, William Clark, fuese desplazado al relativamente modesto cargo de ministro del Interior, para dejarle su puesto en el Consejo Nacional de Seguridad a McFarlane, el troubleshoorter (alguna vez les he explicado en que consiste esto) que anduvo errante por el Oriente Medio a arreglar lo inarreglable. Lo m á s lógico es sospechar que Reagan ha hecho ese movimiento con vistas a las próximas elecciones presidenciales, que es cuando se abre un enorme hiato en la política norteamericana, que suele cubrirse con imprevistos. ¿Para q u é haría eso Reagan? Quizás para suavizar, de cara a la opinión pública, la imagen excesivamente erizada de halcones que presenta su Administración, y que tiene asustada a mucha gente. Podría haber llevado a ese delicado puesto en el Consejo Nacional de Seguridad a Jeanne Kirkpatrick, por ejemplo, que es lo que esperaban muchos, pero eso combinaba mal con Weinberger en Defensa, otro conservador a ultranza. E n realidad, casi desde el principio de su mandato, Reagan ha tratado de aligerar la carga excesivamente conservadora con la que l l e g ó a la Casa Blanca, que sirvió süi duda alguna para propiciar su victoria electoral, pero que tenia mucho menos clara utilidad a la hora de gobernar. Del primero que le libraron, fue de un hombre llamado Lefevre, que iba a administrar Aligerar la carga Casi desde el principio de su mandato, Reagan ha tratado de aligerar ¡a carga excesivamente conservadora con la que ¡legó a la Casa Blanca. Se sacó de enmedio a Haig, que era un flrebrand lo que en mi tierra llamamos un rabo de palla y poco a poco fue distanciándose de los intelectuales y políticos neoconservadores. Ahora, con McFarlane en el sótano de ia Casa Blanca, la imagen luce irás compensada. (Fotos Archivo A B C. llaman leatherneck o cuello de cuero, muy familiarizado con las fatigas y los días de elaborar los acuerdos por agotamiento, ya que esta de Reagan es la tercera presidencia republicana a la que sir ve en puestos p r ó x i m o s a la política exterior, que si Reagan tiene una segunda vuelta en la Casa Blanca quizás coja otro rumbo m á s conciliador ya que no en el fondo sí en las formas, cuya importancia no es prudente menospreciar. Reagan, ha hecho una política moderada, pero con estilo californiano. -Manuel BLANCO TOBIO.
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