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¿L Don Cristóbal de Rojas y Sandoval Vasco de Fuenterrabía, hijo de los marqueses de Denia, nacido en 1502, antiguo alumno de Alcalá, donde se doctoró en T e o logía. La fama de este alumno del Coelgio M a y o r S a n Ildefonso llegó a oídos de Carlos V y lo invitó a varios viajes como capellán propio. Estando en Ratisbona lo propuso para el O b i s pado de Oviedo. Y se fue a Oviedo y quiso ver la cámara santa, pero se abstuvo por el consejo de sus canónigos, que le hablaron de ciertos maleficios ocurridos a algunos antecesores suyos que, llevados de curiosidad, deseaban hacer lo mismo, cayendo el maleficio sobre ellos. En el año 1549 asiste como teólogo al Concilio de Trento; en 56 es promovido a la sede de Badajoz, donde se muestra generoso en socorrer muchas necesidades de sus diocesanos, y a mediados de abril de 1562 el Rey Felipe II lo propone para el Obispado de Córdoba. Por e n tonces Córdoba pertenece como sufragánea al Arzobispado de Toledo y en ausencia de su titular, fray Bartolomé Carranza, Don Cristóbal de Rojas, como sufragáneo más antiguo, c o n voca un concilio provincial según la recomendación de Trento, presidiendo todas sus sesiones (1565- 1566) Sus méritos mueven al rey a proponerlo para la sede hispalense, donde entra el 8 de agosto de 1572. La fama le precede. Es hombre de vida ejemplar y de gran liberalidad para con los necesitados. De espíritu reformado e imbuido plenamente en la doctrina de Trento, pronto celebra sínodo diocesano. Por este tiempo, tres grandes figuras pasan por Sevilla: la Madre Teresa, que viene a sus fundaciones, Santo Toribio de Mongrovejo y San J u a n de Ribera, preclaro hijo de Sevilla, ya arzobispo- patriarca de Valencia. Había dicho el pontifical de la mañana de Navidad del año 1571 en la Catedral hispalense, siendo ya arzobispo D. Cristóbal de Rojas, puesto que tomó posesión por apoderado el 23 de junio de 1571. Enterado de la estancia de San Juan de Ribera en la ciudad, deseó que expresamente se le invitase a celebrar la fiesta. Una de las disposiciones que nacieron de aquel sínodo post tridentino fue la fundación de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, erigida para desagraviar al Señor de las blasfemias y votos. La cofradía se estableció en la parroquia de San Vicente y después pasó al convento de San Pablo. El año 1574, por c o n cesión del Papa Gregorio XIII al rey de España, pierde la Iglesia de Sevilla su jurisdicción territorial sobre las villa de Zalamea, Cantillana, Brenes, Rianzuela, Almonaster y Albayda. Le queda sólo Umbrete, por ser lugar casi despoblado. Por este tiempo se suprime el rito hispalense y se adopta el romano, y el acontecimiento más destacado del año 1575 es la visita a Sevilla de áHpor José María Vázquez Soto 3) Retrato del arzobispo Rojas. (Galería del Arzobispado. San Juan de Ribera, hijo de Sevilla, es una figura preclara de este tiempo. Santa Teresa de Jesús, que el 26 de mayo llega con varias religiosas suyas a fundar el carmen sevillano, elJa lo llamará su Huerto de Getsemaní por los sufrimientos que le diera la fundación. Suceden también durante el mandato de este prelado dos actos muy importantes para la ciudad: La traslación de la Virgen de la Antigua de su primitivo lugar hasta el actual emplazamiento y la del cuerpo del Santo Rey Fernando a la Capilla Real, que acababa de labrarse y que era el cuarto traslado que se efectuaba. En 1580 consagró para arzobispo de Lima a Santo Toribio de Mongrovejo, el mismo año que se terminó el trascoro de la Catedral y el precioso altar de la Virgen de los Remedios, cuyos bellos mármoles sufragó de su peculio. A fines oe marzo se marchó a Badajoz, donde está Felipe II, y después de un poco tiempo en esta Corte, caminando hacia Lerma, el arzobispo muere en Cigales el 20 de septiembre de 1580, c u a n d o tiene setenta y ocho años. Lo enterraron en la iglesia parroquial de San Pedro de Lerma, después colegial, en una suntuosa sepultura que labró su sobrino D. Francisco Gómez de Sandoval, duque de Lerma. Este prelado ejemplar se caracterizó por su permanencia en su diócesis, su disciplina en la asistencia a coro, sus muchas horas de confesionario en la parroquia del Sagrario y, s o b r e t o d o por la gran caridad para socorrer la indigencia de sus pobres. Estimó a sus sacerdotes y religioso y fue un mecenas de artistas y estudiosos. (Continuara ABC 19 octubre 1983 83
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