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por José María Vázquez Soto (34 Don Rodrigo de Castro 11. fi cardenal Vallisoletano, nacido en 1523, hijo de los condes de Lemos y Trastamara. Estudió en Salamanca, doctorándose en Teología y ambos Derechos, accediendo más tarde a dichas cátedras y llegando a ser rector de la famosa Universidad. Siendo su hermano Pedro de Castro obispo de Salamanca, acompañó a Felipe II en un viaje a Flandes e Inglaterra, yendo después a Roma de secretario de un familiar suyo, D. Fernando Ruiz de Castro, embajador que le relacionó con el Papa Paulo V. Después de haber efectuado varias misionesdiplomáticascon notable éxito en 1559 fue nombrado inquisidor general, y por sus manos pasó la famosa causa de fray Bartolomé de Carranza, arzobispo de Toledo. Vuelve a Roma y al poco tiem po se le confió el Obispado de Zamora, después el de Cuenca (hasta que Gregorio XIII lo creó cardenal bajo el título de los Santos Apóstoles) y en 1576 fue promovido ai Arzobispado de Sevilla. Sus primeras medidas de gobierno consistieron en reducir los bene- pondió a varias apelaciones, a propósito de la reducción de los beneficios, con dignidad y sabiduría, no en vanoera un maestro en Derecho. También se propuso reducir los múltiples hospitales que existían en Sevilla agrupándolos en dos: el Espíritu Santo y el Amor de Dios, difícil tarea que estaba inconclusa desde tiempo del cardenal Hurtado de Mendoza. Su obra en el Arzobispado fue vasta, muy pastoraEl cardenal lista, impulsada por un gran Rodrigo de espíritu reformadora la luz de la Castro redujo a doctrina de Trento, procurando dos los siempre el decoro y la dignidad numerosos del sacerdocio, por lo que no hospitales que dejó de trabajar en la reforma del existían en clero, como ya habían hecho Sevilla. (Galería algunos de sus antecesores. Co- de arzobispos. mo príncipe por nacimiento y dignidad, fue espléndidoy generoso con los pobres. Si algo hubiera que achacarle a este brillante prelado fueron las múltiples implicaciones a las que, como hombre de su tiempo, le llevó la voluntad del Rey, quien constantemente requería su presencia como consejero o simplemente para que acompañase Corpus sevillano. Secundó un a algún miembro de la familia nuevo llamamiento del Rey a real por razones de protocolo. Cortes en 1592, pasó después a Así, irá a recibir a la princesa Santiago a visitar la tumba del María, que vino de Alemania (a Apóstol, fue a la villa de MonBarcelona) para acompañarla forte de Lemos, su villa, para Grabado que representa a la Virgen en su dormiclón, cuya Imagen se venera en la iglesia del hospital del Pozo Santo de Sevilla. f icios parroquiales a curatos que se habían de adquirir por los clérigos mediante oposiciones, lo que se llevó a efecto no sin superar antes graves dificultades. Celebró un sínodo muy importante para aplicar los decretos del Tridentino, el 16 de marzo de 1586, donde personalmente resABC 20 octubre 1983 después a El Escorial; a Madrid, porque había Cortes en 1584; a Zaragoza, para celebrar el casamiento de la infanta Catalina con el duque de Saboya (1585) otra vez a Madrid a visitar a la emperatriz Doña María, que le regaló el relicario de la Espina, hermosa joya que sale en la procesión del fundar el colegio de la Compañía de Jesús. En 1598 va a Madrid otra vez por mandato del Rey para acompañar a la princesa doña Margarita, y muerto el Rey, cuando el cardenal piensa que se van a terminar sus viajes de protocolos, el nuevo Rey Felipe III le manda a acompañarlo a Valencia para recibir a la Reina Margarita. Entró como un auténtico príncipe, llevando un lucido cortejo de carruajes y lacayos, lo que no agradó al Rey, a quien responde: No sabía que tuviese nada superfluo en tal ocasión un cardenal arzobispo de Sevilla y de su sangre Porfin se ve libre de compromisos reales y, suspirando por llegar a su sede, una terrible noticia lo retiene en Ecija: Ha estallado una de aquellas terribles epidemias que de vez en cuando devastaban la ciudad. Desde Ecija no dejó de mandar ayudas de todo género a sus diocesanos. Se encuentra muy envejecido, cansado para volverá realizar más viajes, cuando una carta del Rey le ordena que vaya a Denia a recibir a la marquesa de este título, porque es la mujer de su primer ministro y favorito. Dos años después, ya en Sevilla, reposando sus cansancios, dispone sus asuntos para morir. Desea que le entierren junto al Venerable Contreras, pero el Cabildo no accede. Muy anciano, extinguiéndose como una lamparilla día a día, se apagó por fin su vida el 20 de septiembre de 1600, a los 87 años de edad. Se celebraron sus funerales, que fueron muy solemnes, y provisoriamente se le depositó en la capilla de la Antigua hasta ser trasladado a su sepultura definitiva a la iglesia del Colegio de Monforte de Lemos, su villa familiar. (Continuará) 91
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