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por José María Vázquez Soto í 37 D. Luis Fernández de Córdoba y Mendoza Hijo de ilustre familia, había nacido en Córdoba en 1555. Habiendo realizado sus estudios en Salamanca, se graduó en ambos derechos y poco después el Rey Felipe II lo envió a Roma con un asunto delicado que hubo de resolver con el Papa Gregorio XIII. posiciones del deán de Córdoba, y lo propuso para la sede de Salamanca, de la que tomó posesión el 3 de febrero de 1603. Después, por c o m i s i ó n real, acompañado de los condes de Orgaz, harán la conducción del cadáver de la infanta Doña María al monasterio del Escorial, y de regreso a su diócesis, Salamanca, se dedicó a intensos cuidados pastorales, favoreciendo a Y i 1 o i Prendado el Pontífice de las buenas disposiciones del joven eclesiástico, y una vez que dio fiel cumplimiento a su misión, lo nombró deán de Córdoba y lo premió con otros beneficios. Llegó también a c o n o c i m i e n t o del Rey Felipe III las buenas dis- El Rey Felipe III patrocinó la carrera eclesiástica del arzobispo D. Luis Fernández. los pobres y menesterosos. Llevó una vidaejemplar, hastael punto de recibir cartas del Rey. que elogia vivamente su conducta: Estoy muy contento de haberos dado el Obispado de Salamanca, porque entiendo que he descargado mi conciencia, y espero Retrato de D. Luis Fernández de Córdoba. (Galería de arzobispos. Palacio Arzobispal. que regiréis su Iglesia, con la satisfacción que tengo de vuestra persona y letras Once años más tarde fue elevado al Obispado de Málaga (1614) y al siguiente tomó personalmente posesión para entregarse a sus diocesanos como Catedral de Málaga, desde hiciera en Salamanca. Se dio a los pobres y fundó un asilo para cuya sede mujeres arrepentidas. Desde Máepiscopal laga fue promovido a la sede provino el arzobispal de Santiago, donde arzobispo Fernández de sólo estuvo un. año. Las nuevas llamadas del Rey lo llevan a la Córdoba. Corte para asuntos de gran interés, según sus cronistas, pero en el f o n d o baladíes, problemas palaciegos sobre bodas de princesas y similares. Estos arzobispos no pueden negar su condición de nobles ni de sumisos criados de reyes. Desmejoran sus conductas por estos abandonos temporales de residencias a las que ya obligaban severamente las leyes de Trento, pero toda ley tenía su epiqueya ABC 25 octubre 1983 mucho más mediandoante Roma el poderreal. Después de u n o d e estos paréntesis entre la diócesis y la Corte le sorprende otro nombramiento: El Rey lo ha propuesto para el Arzobispado de Sevilla, donde hace su entrada solemne el 5 de junio de 1624. Llegó a Sevilla con 70 años, buscando una hermosa tumba y un bello epitafio, que ya se encargaría un Francisco Pacheco de componer para él. Dice Morgado que fue muy querido por todos en el año durante el cual rigió la antigua sede hispalense, pero poco pudo haber hecho en tan escaso tiempo. Una enfermedad le originó la muerte el 26 de junio de 1625. Tras los funerales, que se celebraron, c o m o otros, en la capilla de la Virgen de la A n t i gua, se trasladaron sus restos al convento de Nuestra Señora de la Caridad, de carmelitas descalzos, del que eran patronos sus padres. (Continuará 119
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