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por José María Vázquez Soto Don Agustín Spínola y Bassadone Decimoquinto cardenal Fue hijo de aquel famoso grande de España que rindió a Breda. Nacido en Genova en 1599, vino de niño a España para servir de pajeen l a c o r t e d e la Reina Doña Margarita, y al poco tiempo ya era un buen estudiante en Alcalá y posteriormente en Salamanca. Pronto se destacó por su aplicación y por sus virtudes. Se le hace muy afecta la Compañía de Jesús, por entonces muy c o m prometida en la educación de los jóvenes de la noñleza; hasta tal punto frecuenta el joven Spínola la amistad de aquellos eclesiásticos que a la muerte de su madre decidió abrazar la vida religiosa, recíbiendolasórdenes religiosas del obispo de Segovia. Ya no se le vio más por la corte. Vive en Alcalá, entregado a la oración y al estudio. Un día el Papa Paulo V, que conoce su capacidad y virtudes, lo hace cardenal diácono, c o n el título de San C o s m e y San Damián; es por el año 1625, cuando está para cumplir los 22 años. El Rey Felipe IV lo presento para el Obispado de Tortosa y lo consagró el obispo de Cuenca el 12 de j u n i o d e 1624. Entró en su diócesis el 24 de julio siguiente. Miembro de distinguida familia, al principio de su pontificado, se muestra como un procer generoso en todo concepto: repartió a los pobres cuantiosas limosnas e hizo donaciones de ricas joyas a su Iglesia, como una rica urna de plata con el cuerpo de San Ascensio mártir. Se preocupó también de reconstruir la casa episcopal de Tortosa, que estaba muy deteriorada. En 1627 fue trasladado a la silla arzobispal de Granada, donde se muestra tan generoso c o m o en Tortosa. En 1630 fue nombrado para el Arzobispado O. Agustín Spínola. (Galería de arzobispos. Palacio Arzobispal. Nuestro arzobispo fue hijo de este lamoso general que rindió Breda y que figura en el cuadro de Las Lanzas de Velazquez. ABC 28 octubre 1983 de Santiago, recibiendo en la misma Roma el palio, en la iglesia de Santa María la Mayor, de manos del Papa U r b a n o VIII. Residió cinco años en Roma y, vuelto a Santiago en 1635, celebró sínodo estableciendo sabias normas de gobierno. Después de tres años fue nombrado c o n sejero de Estado, y en 1639 capellán mayorde los Reyes. Cuando, en 1642, acompaña a los Reyes en un viaje por Aragón, fue preconizado arzobispo de Sevilla, pero, por un retraso d e c n a n c i llerías, la muerte de Urbano VIII y la elección de Inocencio X, hasta 1645 no recibió las bulas de su nombramiento, que presentó al C a b i l d o sevillano el 6 de abril del citado año. El 22 de mayo hizo su entrada en Sevilla. Cuatro años duró su pontificado en esta sede. Fue un arzobispo de breve mandato. La muerte lo arrebató del cariño de los sevillanos cuando más lo querían. Fue apreciado y lo lloraron c o m o a un padre. En los inicios de la gran epidemia que asoló la ciudad fue una de sus primeras víctimas. Recibió Sevilla testimonio de su entrega y generosidad, c o m o los anteriores obispados donde ejerció su apostolado, y cuando murió, el 12 de febrero de 1649, toda la ciudad lloró su pérdida. Se enterró en la capilla de S a n Laureano, y en 1710 fue trasladado a la iglesia del C o l e gio de las Becas. Murió a los 50 años. (Continuará)
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