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Don Fray Pedro de Tapia Nacido en Villorías (Salamanca) en 1582, de noble linaje, muy dotado para el estudio, se formó en la Universidad de Salamanca en leyes y cánones. Profesó en el convento dominico de San Esteban en 1601, y pronto llegó a ser maestro de varias disciplinas en Salamanca, Segovia, Plasencia, Toledo y Alcalá. En esta ciudad tuvo fama de santo y se cuentan prodigios sobre su vida. El 24 de agosto de 1640 fue presentado para el obispado de Segovia, que rigió hasta el 44, en que fue promovido al de Sigüenza, y de allí pasó a Córdoba cinco años después. No quiso ser arzobispo ni de Santiago ni de Valencia, y fue obligado a que aceptase el de Sevilla, del que tomó posesión el 9 de enero de 1653. Hombre de gran humildad, amigo y benefactor de los pobres, fue piadosísimo. En Sevilla promovió el rezo del santo rosario y donó un her- moso cuadro de la Virgen de esta devoción a la capilla del Sagrario del templo metropolitano. C o n tribuyó espléndidamente a la obra del Sagrario, con veinte mil ducados, respetable cantidad; también favoreció el hospital de niños expósitos. Fundó la casa de las arrepentidas con el título del Buen Pastor, en la collación de San Miguel. Fue un gran limosnero y vivió siempre en extrema pobreza, mientras h u biese un pobre que vestir, un niño que alimentar, un cautivo que redimir, porque en todo esto gastó a diario sus rentas. En una ocasión en que una mujer le suplicó dineros para la redención de su hijo, cautivo en Argel, el prelado, que tiene vacía la faltriquera y exhaustas las arcas, no dudó en buscar un rico pectoral, todo engastado en brillantes y que valía c o m o unos 400 ducados, y lo entregó a la afligida madre para que su venta fuera el rescate de su hijo. C o m o éste son muchos los casos que se cuentan de su vida. D I Pi ¡o s TAPIA y 7. T 4 H 7 Í En la capilla de la Antigua se celebraron muchos funerales por los extintos prelados de Sevilla. Fray Pedro de Tapia más que arzobispo de Sevilla fue un virtuoso sacerdote, con fama de santo, que pasó por el Arzobispado de Sevilla ejerciendo, en el más estricto sentido de la palabra, su labor de pastor de almas. Tuvo contacto directo con su pueblo, escuchaba sus súplicas, enjugaba sus lágrimas; fue siempre bien amado por sus ovejas, en el breve período de un año que fue arzobispo de la ciudad. ABC 1 noviembre 1983 El 25 de agosto de 1657, a los 76 años de edad, murió en Sevilla en su palacio arzobispal. Los funerales se celebraron solemnemente en la capilla de la Antigua, donde se entierra hasta ser trasladado a la cripta del altar mayor del Sagrario. Fray Antonio de Lorea, fraile de su Orden, publicó en 1676 su vida, todo un tratado de virtudes ai estilo de las Florecillas de San Francisco. (Continuará) 103
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