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El periodismo sevillano Era domingo. Número extraordinario de A B C y ejemplar c o n portada bicolor. Había muerto, sin pena ni gloria, sin previo aviso y sin esquela, el veteranísimo Noticiero Sevillano un año antes pasandoel decanato de la prensa hispalense a El Correo de Andalucía Perduraban E l Liberal y L a Unión A B C era lo más nuevo graciasal acuerdo del insígsiempre Juanito Carretero (Su segundo apellidoera Luca de Tena. El N o t i había estado en manos de aquel gran notario sevillano que fue don José Gastalver, que gustaba de hacer su tertulia en el American Bar que después fue L o s Candiles perdiéndose mucho en el cambio. Se contaba la anécdota de un dia en que Manolito Sánchez del A r c o fue al café dicho desde la sede del periódico, en la calle Albareda, porteando una cafetera, unas tazas y una bandeja. El hombre hasta se pintó algo para simular al clásico mariquita de cafeteras. Y dicen que don José insistía a sus contertulios preguntándose: ¿De qué conoceré yo esta cara? Manolito llegó a redactor- jefe en A B C de Sevilla, y un día se fue a la guerra- -como Mambrú- -escudándose en el seudónimo de Justo Sevillano hasta que, acabado el c o n flicto, se quedó en Madrid. (Aquí tuvo una muy conocida compañera como se dice ahora, llamada L a Cleo Yo heredé el sillón de Manolito Sánchez del A r c o y Julián Carbó, junto a un radiador de calefacción central. Mis antecesores eran sumamente frioleros. La indolencia de Manolito relucía por genial. G u s taba de repetir: Yo soy de la bendita raza de los benímerines, que prefirieron mil veces la muerte al trabajo Hace medio siglo aún anunciaba A B C a ia firma bancaria Calomarte y Cía. Banqueros fundada en 1863 en los madríles y sita en la calle Alcalá- -por donde bajan los andaluces- -44 y 46. Daba crédito al 2 ¡Quién lo cogiera ahora! Banesto tenía un capital autorizado de 100 millones, de los que había desembolsado ya 51. disponiendo de reservas por 65 y 400 sucursales desparramadas por la piel de toro. El B a n c o Español de Crédito tenía sucursal a la entrada de la calle Tetuán, donde hoy se alza el B a n c o de Bilbao, que abría sus puertas en lo que hoy es fachada a la Plaza Nueva. Enfrente estaba el restaurante L a Española donde Eduardo Pagés comenzó sus almuerzos a la prensa para anunciar los carteles de Feria. (Eran famosas sus paellas que se ¿p o r Puflonroslro Agustín López Macias Galerín servían a la calle a precios hoy imsuiios. El Depósito de Recría y Doma de Ecija deseaba arrendar una finca de más de 500 has. para ampliar sus instalaciones. También se nos ofrecía una residencia dirigida por sacerdotes para la enseñanza en Sevilla, en la avenida Pablo Iglesias, 4. (La enseñanza católica estaba pasando muchos apuros en la República. El Instituto de Fomento del Algodón iba a pagarlo bien y se hacia notar que Sevilla batía todos los récords con una superficie sembrada de 13.513 hectáreas. (La provincia que seguía era Córdoba, con sólo unas 2.000. Revolucionario era el receptor pequeño de pilas de la Adwater Kent procedente de las Américas. La radio se abría paso a todo gas. Carlitos Fuentes Peralba radiaba los primeros partidos por Unión Radio Agustín López Macias Galerín había sido elegido sexto teniente de alcalde cuando la zapatiesta de los salarios incobrados en el Municipio abría una vía de agua en el casco municipal. Galerín era radical- demócrata. Isacio Contreras estaba dimitido vi rtualmente iras su viaje fracasado a Madrid en busca de dinero. Juan Carretero Luca de Tena ne don Torcuato y a la realización de su hijo el marqués de L u c a de Tena, Juan Ignacio, nuestro ilustre fundador. E l Noticiero Sevillano había nutrido casi en masa a A B C comenzando por don Juan Carretero, genialmente serio y hombre de pocas palabras y serias prendas periodísticas, que gustaba de decir: Y yo me moriré siendo Hoy hace 50 años Al cine, que es domingo Aunque en verano se acostumbraba a frecuentar los cines al aire libre la mayoría de los días laborables, la jornada dominical era la cinematográfica por excelencia, mucho más que la sabatina. Ir al cine en domingo llegó a constituir arraigada costumbre. Era el día de sacar a la parienta para que se divirtiera con películas sonoras, al tiempo que se le redimía de la obligación de hacer la cena y el posterior fregado, convidándola a dos reales de pescao frito (si en Vizcaya nunca se dice b a c a l a do aquí jamás se dijo pescado con el inevitable acompañamiento de las aceitunas aliñas y el manojito de rábanos. Y las parientas- -nuestras abuelitas, hoy- -tan felices. El lunes contarían en la casa de vecinos: -Ayéfí arsíne, a vear Garí Copé. ¡Cómo besa er moso! A ve si aprende mi marío. Vamos al cine en el recuerdo. Las salas de invierno permanecían todas cerradas a excepción del flamante Coliseo España, que se podía permitir el lujo de disponer de refrigeración eléctrica automática. Por cinco reales se podía ver en butaca de patio la película T o d o por el amor C i n c o reales, porque era domingo, que los días laborables, portres reales se veía la película de turno, pues había cambio diario de programa. Al aire libre funcionaban el Nevería Universidad, en la calle Laraña; la terraza del Florida, donde proyectaban un dibujo sonoro y L u c e s de Buenos Aires en español; el S a n Pedro, el Sevilla, el Madrid, el Sierpes, y en el Prado de San S e bastián, el cine San Fernando, además de los privados de las casetas de los círculos- -Labradores y Mercantil- a los que se entraba por abono. También se podía ir al teatro o al frontón. En el Coliseo San Vicente actuaba la c o m pañía de comedias cómicas PachecoGonzález, y hoy representaba L a tela de Muñoz Seca, anunciando para mañana lunes L o s hijos artificiales a peseta la entrada. En el Frontón Betis los mejores vascos jugaban desde las seis, y por la noche a las diez y cuarto. Pero hoy hemos escogido el Gran C i nema Plaza Nueva, sito en el solar que ahora ocupa el edificio de La Unión y el Fénix, porque anunciaba la película Bajo Maurice Chevalier y Jeanette Mac Donald, la pareja cinematográfica de moda. el cielo de C u b a protagonizada por Lupe Vélez, en la que se cantaba un son que rápidamente se puso de moda: E l manisero que hizo que todas las marías más progres del treinta y cuatro cantaran por la ventana de la c o c i n a al patinillo aquello de: Si te quieres con el pico divertir cómprame un cucuruchito de maní. Y al son de sus maracas, aquel pregonero que aún nada sabia de Fidel: El manisero se va... Pero nunca acababa de irse. MARTÍNEZ VELASCO 6 ABC Domingo 5 agosto 1984
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