Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA 29 ENERO 1 1986 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA N este mes de enero de 1986 he estado s u cesivamente en tres ciudades de las más ilustres de Europa, y simplemente del mundo: Sevilla, Roma, París. Las tres me eran bien conocidas desde hace muchos años; la primera, desde hace algo más de medio siglo. Lo que nunca había hecho era verlas juntas, ir de una a otra en el espacio de pocas semanas. Cuando esto sucede, repentinamente se aproximan; cuando una se conserva viva en la retina, entra la otra, y cuando se tienen las dos presentes, surge la tercera y las tres se iluminan recíprocamente. ABC REDACCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: CARDENAL ILUNDAIN, 9 41013- SEVILLA E TRES CIUDADES sus calles, de porciones mayores o menores de su caserío. Son tres ciudades muy viejas, más de dos veces milenarias; la más antigua, Roma; la más reciente, París, que no adquirió importancia hasta la Edad Media; pero si se mira lo que existe hoy, la antigüedad de Roma se acentúa, y su continuidad también, porque los restos, tan ricos, de la Roma antigua se enlazan sin interrupción con el presente. En Sevilla esto ocurre también, en distinta proporción, con predominio de la Edad Media árabe y cristiana. En ambas ciudades, con notable Hace un cuarto de siglo hice una experiencia parecida: en el plazo de pocos me- decadencia de lo reciente, desde el siglo XVIII, o a lo sumo la época romántica. ses visité el Perú y México. Los dos viejos En cambio, el París de la Edad Moderna, países americanos, los dos grandes virreidesde los Valois hasta fines del siglo XIX, natos de las Españas, superpuestos como es espléndido y sin solución de continuisendos injertos a las dos culturas prehispánicas más importantes de América, me dad. La época de Luis Felipe, el segundo aparecieron en reveladora proximidad, desImperio, el periodo siguiente, hasta la pricubriendo así buena parte del argumento mera guerra mundial, que en tantos lugares en que consistió la génesis de la Monarde Europa fueron tiempos de decadencia quía en dos hemisferios. urbana, en París fueron espléndidos. En riDe las tres prodigiosas ciudades milena- gor, prescindiendo de monumentos admirables pero escasos de los siglos anteriores, rias que acabo de visitar una vez más, solamente Sevilla recuerda América, ese se- París es una maravillosa ciudad del XVIII y el XIX. Es decir, de ese tiempo procede la gundo lóbulo de Occidente. De los tres ríos gran ciudad, pues su extensión era antes, ilustres, que llevan hacia el mar más versos que agua, sólo el Guadalquivir ha sido como en todos los casos (incluso en la que un camino hacia el Nuevo Mundo. El Tíber se consideraba gigantesca, Londres) muy y el Sena, como sus ciudades, son in- limitada. En ese sentido, París ofrece la mayor suma de antigüedad urbana, de catraeuropeos ¿Más europeas por ello? lles y plazas armoniosas, de casas con esCreo que no. Si se quiere, más exclusivatilo, que responden a formas de vida. mente europeas, sin asomarse hacia lo oriental, judío o islámico, y hacia el otro lado del Atlántico; pero ser exclusivamente En Roma, lo viejo suele ser más viejo, y europeo, ¿es verdaderamente europeo? es mucho; hay menor homogeneidad, por Europa en su conjunto, en su proyecto hisfaltar los bloques compactos de las porciotórico total, no lo ha sido. nes urbanas de dos siglos ricos y llenos de vida y empuje. Hay que distinguir también Por esta razón, Sevilla es la más abierta entre lo que procede de la Roma papal y lo de las tres ciudades. La universalidad de que viene- a u n antes de la constitución Roma y de París es más bien centrípeta: del Reino de Italia- de la Roma civil; lo pridesde Roma se rigió el mundo; hacia Roma se han orientado y se orientan las mero es muy superior, y el peso que en miradas de la cristiandad, al menos del caRoma tienen las iglesias y los edificios tolicismo desde la Reforma; P a r í s ha eclesiásticos es abrumador. Pero al mismo atraído desde la Edad Media a europeos tiempo se ve que nunca dejó de existir el- luego también a americanos- que buscapueblo romano, y el popularismo de la ciuban ideas, disciplinas, refinamientos y resodad es patente en todas partes, mucho nancia. En Sevilla se siente- quizás es la única ciudad en que esto ocurre- la presencia total de ese mundo de carabelas y galeones que iban y venían, de exploradores perdidos en selvas y despoblados, ahogados en ríos inmensos o atravesados por flechas; de fundadores de ciudades, de pobladores que mezclaban su sangre con las remotas, de frailes y encomenderos y oidores y virreyes que recreaban a inmensas EDICIÓN INTERNACIONAL distancias, y de otra manera, algo así como nuevas Españas, una de las cuales había Para hacer llegar sus mensajes de recibir ese nombre. más que en P a r í s casi tanto como en Sevilla, ciudad en que se funden genialmente lo aristocrático y lo popular, sin demasiada diferencia aparente, sin transiciones bruscas: los palacios no son ostentosos, están con frecuencia encubiertos por la cal dominante; las iglesias góticas o barrocas se engastan entre las casas populares; los compases anuncian un convento, una gran casa de vieja nobleza o una casa de vecindad popular. Lo malo es el presente. Lo construido a lo largo del siglo XX, con pocas excepciones, es una caída en las tres ciudades. Donde aparece, suele representar una destrucción de algo superior que había antes, la adición de barrios inexpresivos- o lamentables- que se añaden a la vieja ciudad para restarse de ella, para desdecir de su magnificencia y de su encanto. ¿Por qué ha sido y sigue siendo así? La pérdida- e n gran medida querida, deliberada, voluntaria- del estilo es uno de los grandes males de nuestro tiempo. En París, el Sena divide la ciudad en dos partes de aire bien distinto- l a Rive gauche y la Rive droite- pero admirablemente conjugadas. No se puede renunciar a ninguna; apenas se puede preferir una a otra, porque en seguida se arrepiente uno; se pasa de una a otra, por cualquiera de los puentes, y se goza del doble paisaje urbano dentro de la ciudad que permanece en su unidad superior. Otro es el caso de Roma o de Sevilla, divididas desigualmente por el Tíber o el Guadalquivir. Estosríoslimitan dos barrios deliciosos, el Trastevere y Triana, donde se acentúa el carácter popular de las dos ciudades. Pienso que en ambos queda un resto de lo que debieron de ser las porciones mayores de las ciudades europeas hasta el final del siglo XVIII, cuando estaban habitadas por un pueblo pobre, acaso miserable, pero con formas, anterior a su transformación en proletariado. Estos barrios romanos o sevillanos no tienen equivalente en París, y en ello se refleja la distinta historia de los tres países. Y en una o en otra hay las exclusivas lo que no tiene par: el sevillano barrio de Santa Cruz, el Quartier Latín en París, la zona que corresponde, aproximadamente, a la Ciudad del Vaticano en Roma. Tres formas de vida, sobre todo de vida cotidiana; tres maneras distintas de andar, de demorarse por calles y plazas- c o n grandes espacios monumentales en París, la Concordia o los Vosgos; con fuentes barrocas y gesticulantes de Roma, Piazza di Spagna o Piazza Navona o San Pedro; con más intimidad, naranjos y gusto de vivir, plaza de Doña Elvira o del Salvador, eir Sevilla- Tres formas también de imaginar un gran país, de sentirse en Europa; en Sevilla, de tener que mirar más allá de Europa. A BC comerciales a todo el mundo. La antigüedad de las ciudades no se mide solamente por la fecha de su fundación, sino por la conservación de sus monumentos, de su trazado urbano, por el nivel cronológico de sus distintos barrios, de Julián MARÍAS de la Real Academia Española
 // Cambio Nodo4-Sevilla