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MARTES 22- 7- 86 OPINIÓN A B C 15 E gravísimo atentado de ayer sería i n s ó l i t o en cualquier democracia desarrollada. Que un grupúsculo terrorista coloque cinco impactos de granada anticarros en el Ministerio de Defensa sería imaginable en Haití o en Beirut pero no en una nación del occidente de Europa. E l problema ha dejado de ser E T A la gran cuestión consiste en aclarar por qué el Gobierno carece de una política frente al terrorismo y avanza a ciegas, dando bandazos, sin información y sin respuesta. Todavía resuenan declaraciones recientes de don Alfonso G u e r r a cuando a f i r m a b a ETA está prácticamente vencida Entretanto, la organización terrorista comete su más mortífero atentado en el centro de Madrid, con un balance, por ahora, de diez guardias civiles muertos para disparar siete días después más descarga de granadas contra el despacho del ministro de Defensa, cinco de las cuales hacen impacto en su M i nisterio, hiriendo entre otros a un almirante de la Armada. El Gobierno de don Felipe González no parece percatarse de la gravedad de la situación. ETA ha bajado a Madrid, ha trasladado su centro de acción a la zona neurálgica en la que opera el poder y ha sustituido el terrorismo artesanal, practicado durante años en el País V a s c o por un t e r r o r i s m o nuevo, mucho más sofisticado. El perfeccionamiento técnico de los terroristas exige, sin embargo, una multiplicidad de contactos y de cómplices de la que s e r í a forzoso esperar nuevas oportunidades para la investigación policial. Pero la respuesta del Gobierno sigue sin llegar. Su presidente, cuya sesión de investidura se abre hoy en el Parlamento, no parece entender la magnitud del desafío al que todos hacemos frente: es una ofensiva que altera las bases mismas del Estado. Si el Gobierno no es capaz de garantizar la seguridad ante la escalada de los terroristas es que se confiesa impotente, como tal Gobierno, para cumplir la primera de sus funciones: defender la integridad física de todos los ciudadanos contra quienes, fuera de la ley, les amenacen. La plena legitimidad demo- L FUEGO SOBRE MADRID c r á t i c a del G o b i e r n o que hemos subrayado siempre, no debe mezclarse con esta gravísima disfunción que le ilegitima para permanecer en su actual pasividad. Don Felipe González debe cambiar su errática política contra el terrorismo; y debe adoptar ese cambio de modo radical e inmediato. En el terreno de la política general es indispensable que trace un verdadero proyecto, que hoy no existe, para devolver la moral a las fuerzas del orden y a la nación entera, que observa desconcertada y sorprendida la pasividad del poder ante sus peores enemigos. Y por cierto: una orden por la que se retiraran los centenares de escoltas que protegen en exclusiva a gentes del todo ajenas a la alta autoridad del Estado resultaría, sin duda, pertinente: nadie entiende cómo existe tan alto número de policías profesionales ocupados en tareas de protecc i ó n p r i v a d a c u a n d o sus mandos deberían dedicarlos a la lucha contraterrorista. En el orden técnico es indispensable dotar de todas las tecnologías nuevas a los responsables de la lucha contra el terror, mal equipados y peor dirigidos según comprobamos estos días. Sería cómodo y del todo ineficaz desviar la atención del problema de fondo y centrar las críticas contra este o aquel ministro. E l problema es otro: es el propio Gobierno y su presidente quienes carecen de un proyecto eficaz para proteger al Estado ante el despliegue más duro y espectacular que los terroristas han realizado hasta la fecha. C OMO no podía ser menos, en la patria de la dictadura del proletariado la culpa del accidente de Chernobyl es de los trabajadores. Las condiciones en que opera el sistema nuclear soviético quedan al margen de toda consideración. Tampoco se hace ningún juicio sobre el nivel de recursos en el que se han de desenvolver técnicos y trabajadores. Son éstos únicamente, en sus distintos niveles, quienes se merecen el varapalo, la descalificación y la condena. La URSS y sus principios son así. Cuando en el mundo occidental las centrales nucleares aparecen encerradas siempre dentro de grandes estructuras de contención, en el seno de sistemas estancos de seguridad, que se duplican y repiten para evitar todo riesgo, en el mundo soviético ocurre de manera bien distinta. La previsión de riesgo que se hace es de probabilidad muy baja, considerándose casi imposible que pueda ocurrir una avería de consecuencias serias y considerables. En razón de ello el presupuesto para la construcción de una central nuclear en el mundo soviético no llega al cincuenta por ciento del que se hace en Occidente para lo mismo. Con la mitad de dinero los rusos construyen igual número de centrales que en Europa occidental o en los Estados Unidos. Lo que tienen los soviéticos enteramente doblado, repetido e incluso blindado, es el sistema de control de las responsabilidades políticas para sucesos como el de Chernobyl. Ahí sí se establecen fórmulas de re- TRABAJABORES SOVIÉTICOS dundancia y dispositivos de repetición. Los esquemas de salvaguardia política acorazan la seguridad de la nomenklatura de la clase dirigente, en parecido nivel a como la gente normal es protegida en Occidente por todo un sistema de construcción de las centrales basado en la seguridad y en los dispositivos estancos. Los resultados de uno y otro planteamiento son bien distintos: en Harrisburg, donde ocurrió casi todo en el funcionamiento de un reactor, no pasó nada a nadie, porque existía un edificio de contención; pero en Chernobyl, donde no existía edificio de contención, la hipótesis máxima de avería de un reactor se consumó a cielo abierto. Las consecuencias de este suceso tardarán en conocerse, pues serán largamente ocultadas, aunque las responsabilidades han sido discernidas con celeridad casi ejemplar. E l informe oficial imputa a los trabajadores la responsabilidad del accidente de Chernobyl. La hipocresía propia del sistema luce con todo su esplendor en la nota que han dado a la publicidad y que precede al informe final que la autoridad soviética habrá de entregar a mediados del próximo agosto. En lugar de imputar a los trabajadores y técnicos de Chernobyl la responsabilidad y de denunciar a toro pasado la existencia de experimentos peligrosísimos sobre los regímenes de trabajo de los turbogeneradores, se podría haber reconocido por Moscú que es error que compete al entero Gobierno tanto la realización de tales experimentos en una central descubierta y situada a muy pocos kilómetros de varios importantes núcleos de población, pertenecientes a Ucrania y a Bielorusia. En conclusión, puede afirmarse que subsisten todas las dudas sobre lo ocurrido realmente en Chernobyl. También cabe decir que del propio tenor de esta comunicación se desprende una conclusión anticipadamente escéptica sobre los informes finales que el Gobierno soviético rendirá el próximo mes. D i f í c i l m e n t e s a b r á el mundo cuáles son y serán los efectos de lo ocurrido en Chernobyl. 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