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CUATRO PROTAGONISTAS PARA UN CRIMEN La madre, Carmen Gómez Coronel, sufrió sola tanto la desaparición de María del Carmen como el posterior hallazgo del cadáver de su hija. Está convencida de que el crimen había sido preparado, y que hubo algo no aclarado que motivó la extraña ausencia de la niña al colegio aquella tarde del 24 de octubre. El padre, José Carretero, se hallaba ausente de Punta Umbría en el momento de la desaparición de la niña. El 2 de noviembre tampoco estaba en el pueblo, se encontraba en Marbella consultando a una pitonisa sobre el paradero de su hija. Creyó desde el principio que la niña se había escondido a causa de un enfado. pudo haber sido introducido el cadáver. Y se dijo, igualmente, que el día idóneo para e! traslado pudo ser el domingo por la noche, cuando ya no deambulaban por las cercanías los perros de la Guardia Civil. Son estas, en cualquier caso, hipótesis que nunca han quedado demostradas. Si sospechoso fue el hallazgo del cadáver en aquel lugar no menos lo fue la habitación en sí. Las camas de la misma aparecieron hechas de un modo contrario a como las habían dejado las camareras antes de cerrarla por fin de temporada. Por este motivo, la habitación había El condenado, Juan Carlos Clavijo Jiménez, no convenció al Tribunal sobre su paradero en la tarde del crimen. Sus contradicciones en cada declaración, el hallazgo de cabellos suyos en la habitación y los restos de tejido de una camisa encontrados en la cuerda que ataba a la niña han pesado sobremanera en el proceso penal. El forense, Luis Frontela Carreras, sentenció las causas de la muerte de María del Carmen y descartó el estrangulamiento. Tampoco cree posible la violación. Identificó los cabellos encontrados en el lugar del crimen como coincidentes con los del procesado y los restos textiles como idénticos a su camisa. Viene de la Pág. anterior nina, se emprendió la gran búsqueda. En ella participaron perros especialmente amaestrados de la Guardia Civil, pero no hubo resultado. S e buceó en la ría. pero el cuerpo no apareció tampoco. Todos los intentos fueron infructuosos y ya en un clima de mutuo recelo y abierta sospecha entre los familiares y amigos más próximos a la niña desaparecida, llegó el Día de los Difuntos, y la tormenta, y el hallazgo. Poco les importó a los vecinos de Punta Umbría la inclemencia del tiempo. Las calles del pueblo se poblaron de dolientes y curiosos que iban y venían y que a p u n t a b a n l a s más d i s p a r e s apuestas. Mientras tanto se iban filtrando pequeños datos. Si el cadáver estaba en este o aquel lugar, si estaba vestida o no, si hab a s ¡do violada... Todo eran suposiciones. Pero si algún rece ¡o tenía más fundamento que cualquier otro era e! relativo al lugar donde apareció el cuerpo. La c a s a había sido revisada, según se dijo, en tres ocasiones, y los perros de la Guardia Civil habían pasado en varias ocasiones ante la ventana de la habitación donde supuestamente se produjo el crimen. La gente empezó a hablar. Desde primera hora se dijo que Mari Carmen no había sido asesinada allí; que la habían llevado después de muerta y que por eso le ataron las manos: para transportarla. S e habló entonces de un muro exterior por e! que os mozalbetes accedían al patio de la casa: ei lugar por donde sido limpiada más a fondo pero allí apareció un cinturón rojo cuya procedencia no ha podido ser determinada; junto al cadáver fue hallada una pequeña pelota de goma; la toalla de una de las camas apareció usada, con restos orgánicos, y en la cama bajo la que apareció al cadáver fueron hallados ocho pelos de hombre y uno de mujer. Alguien utilizaba esa habitación. Un día después, el 3 de noviembre, tras serle practicada la autopsia, el cuerpo de Mari Carmen recibía sepultura. Hasta el cementerio la acompañaron los niños y niñas de Punta Umbría La habitación. Nadie se ha atrevido a mantener taxativamente, y aún menos a demostrar, que María del Carmen encontrara ia muerte en la misma habitación en que fue hallado su cadáver. El cuerpo apareció debajo de una de las camas colocadas en lo que otrora fuese el salón de una vivienda. El cadáver permaneció así apenas a cuarenta metros dei lugar donde familiares y amigos lloraban la desaparición. en manifestación. En su pancarta decían: No nos enseñéis a ser violentos Cinco días después, el catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Sevilla, Luis Frontela, exhumaba el cadáver y practicaba una nueva autopsia. Sus conclusiones revelarían que la muerte no fue por estrangulamiento sino por asfixia, tapando la boca y nariz con ia mano, y que, probablemente no hubo violación. En el cementerio, Frontela sacó de la cuerda que maniataba a la niña unas hebras de hilo. En su posterior análisis, el forense certificaría que éstas, contrastadas con otras que le envió la Guardia Civil, eran de la misma camisa que vestía Clavijo el día del asesinato, o de una p r e n d a h e c h a c o n la m i s m a pieza de tela. Y diría también el forense que los cabellos encontrados en la cama coinciden plenamente con los de Clavijo y que éstos sólo se encuentran en un individuo de cada millón. Estas pruebas, unidas a las contradicciones de Juan Carlos Clavijo en s u s d e c l a r a c i o n e s ante la Guardia Civil, y ante el juez, donde reconoció haber matado a la niña después de intentar tocarla, y unidas a la poca consistencia y posterior desbaratamiento de la coartada, que mantuvo después, tras retractarse de sus declaraciones, supusieron la detención, procesamiento y, un año más tarde, el juicio del portero de noche del hotel Emilio, cuyo futuro depende ahora de! fallo del Tribunal, que hoy será hecho público.
 // Cambio Nodo4-Sevilla