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presiona y seduce. Pocas veces se han unido tan armoniosamente la religión y el arte para expresar la Victoria del Calvario, la consumación final de la obra redentora. Cristo enarcóla la cruz como un atleta pregona su triunfo, y esta postura permite relacionarlo- -salvando las diferencias- -con el Cristo de Santa María sopra Minerva, de Miguel Ángel. Incluso hay elementos (la muerte humillada en forma de calavera al lado del Santo Leño exaltado y la sierpe simbólica) que permiten emparentar esta representación, también salvando las oportunas diferencias de matices, con el popularísimo paso del Triunfo de la Santa Cruz sobre la Muerte, vulgo la Canina Véase, pues, qué insospechada riqueza teológica concentrada en una efigie de carácter excepcional. El día que nos decidamos a investigar en serio (sin folklorismos ni falsas rapsodias... los tesoros de la imaginen a hispalense será cosa de nunca acabar. Y para que nada falte, Sevilla, tan armoniosa en todo, supo poner la inteligentísima ley del contraste. Este Cristo, titular de una comunidad franciscana que realiza admirables tareas de caridad con las pobres mujeres ancianas e impedidas, se encuentra justo al lado de la Virgen del Tránsito: el dolor de la Pasión y la dulzura de la Gracia. Lo sangrante y lo celeste unidos en un mismo fanal, entre lamparillas de aceite, flores frescas, manteles limpísimos... Esto ya no es la Sevilla Eterna ni siquiera la Sevilla Oculta con todos nuestros respetos y admiración para ambas; es algo todavía más grande: la Sevilla Inefable la que no se puede narrar con fotografías ni definir con palabras, porque queda al margen de todo vocablo. Una Sevilla exquisita, sólo apta para espíritus sensibles que saben hallar aquí lo que ya no se encuentra en la vulgarizada masificación. Esto que dice el Señor Dios: Decid a la hija de Sión: He aquí que viene tu Salvador, mira cómo trae consigo su recompensa En 1885 quedó suprimido este paso. Por cierto que algunas personas de entonces, despistadas por la similitud fonética, confundían a San Isaías con San Elias o Jeremías y todavía hoy persiste el equívoco entre reducidos círculos de enterados Hacia finales de los años veinte de nuestro siglo, cuando la Semana Santa vuelve a relanzarse en todos los aspectos, parece que intentó sacarse otra vez la imagen del profeta. Con este fin, el escultor Galiano la restauró, poniéndola de paños encolados, pues antes iba vestida y las ropas no siempre la favorecían. Pero, decididamente, los tiempos ya no estaban para alegorías más o menos románticas, y el proyecto no sólo no encontró buena acogida, sino que hasta parece fue criticado por algunos sectores cofradieros. En tal contexto, el canónico Bandarán se descolgó con un artículo en la revista Amargura del año 1931 donde dice cosas tan de su estilo, como estas: Algunos, que hablan de lo que no saben, pues siempre fue atrevida la ignorancia, afirman que es cosa ajena a la Pasión del Señor el paso de San Isaías desconocen cómo este profeta, hijo de Amos, siglos antes de la venida del Redentor al mundo, con visión tan clara y manifiesta detalló en su libro, especialmente en el capítulo LID, la Pasión del mismo Señor, que parece su relato el de un evangelista o testigo presencial; la Iglesia usa este hermoso capítulo citado en los oficios del Miércoles Santo. Como no hace falta jurar, Bandarán defendía a ultranza el proyecto. Tampoco tiene desperdicio la descripción que hace del estado en que se hallaba la escultura: ...maltratada y casi destruida la encontramos en el fondo de un almacén al hacernos cargo de la dirección de la hermandad el ilustrísimo señor vicario general del Arzobispado, y llevados por nuestro muy vivo amor a todo lo que es tradición sevillana, encomendamos su restauración al perito escultor don Manuel Galiano, quien hábilmente la ha llevado a término, vistiendo además con paños decorados la figura, pues antes sólo tenía cabeza y manos y era revestida de paños, siempre menos artísticos que la escultura. Tal es la relación de cuanto hacemos; no intentamos atraer más turistas con el modesto y antiguo paso, que evocará la mitad del siglo pasado... Nosotros tampoco intentamos atraer más turistas con estos escritos. Ni siquiera pretendemos que la Hermandad de Montserrat vuelva a poner en circulación a San Isaías. Nos conformamos sobradamente con que dicha hermandad mantenga las dos figuras femeninas de la Fe y la Verónica y el hermosísimo e isabelino palio de la Virgen. ¡Que no es poco mantener, habida cuenta de la impersonalidad y del mimetismo que nos rodea! Juan MARTÍNEZ ALCALDE A B C 65 Una antigua foto de San Isaías, cuando se procesionaba en su paso el siglo pasado. dad de nuestros antepasados erigió un paso a San Isaías. Paso que podría calificarse como de semi- alegórico porque efigiaba a un personaje concreto, pero simbolizaba la Pasión entera, representada por el pergamino que aquél escribía. Naturalmente que un paso así, demostrativo de una gran cultura teológica, no podía sacarlo una hermandad cualquiera; tenía que ser, además, muy sevillana, muy sugestiva y muy romántica, y fue concretamente la Cofradía de Montserrat donde surgió tan especial iniciativa. La imagen de San Isaías la hizo hacia el 1860 el escultor valenciano Vicente Luis Hernández y Couquet, afincado en nuestra ciudad (llegó a ser profesor en la Escuela de Bellas Artes) donde también labró los bustos de San Pedro y San Pablo en el banco del retablo mayor del Sagrario, y las estatuillas de Hércules y Julio César que flanquean el arquillo del Ayuntamiento. El profeta aparecía sentado bajo una palmera ¿cómo iba a faltar la clásica palmera? con el rostro levantado hacia el cielo, cual si buscara inspiración divina para escribir la venida, Pasión y Muerte del Cordero Inmaculado. Tiene una hechura artística más que aceptable, con la debida dignidad y empaque compositivo. (Isaías) San Isaías. Capilla de la Hermandad de Montserrat. ¿Qué pintará aquí San Isaías? dirán muchos. ¿No estará equivocando el escritor el tema? se preguntarán quizá maliciosamente otros. Pues no. No nos estamos equivocando de tema, y lo ponemos con todas las de la ley, a sabiendas de lo que se trata y de lo que significa: Isaías, profeta bíblico de la Pasión, ha sido llamado el Quinto Evangelista por la veracidad con que anticipa los futuros sufrimientos del Mesías. Suya es la famosa descripción del Varón de Dolores que sirve de base iconográfica para muchas esculturas sagradas; entre ellas, los dos últimos ejemplares que acabamos de comentar. Por tales razones, e igual que en varios pasos figuran representaciones de los cuatro evangelistas oficiales o canónicos, la pieSÁBADO 4- 4- 87 La misma imagen de San Isaías, tal como se conserva actualmente sobre una repisa de la capilla dé Montserrat.
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