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9 mayo- 1987 E N E M O S desde hace años, a Néstor Lujan por uno de esos escritores d e s a p r o v e c h a dos, por una víctima de su laberinto o, si se quiere, por un afortunado en ese dédalo Premio que él mismo ha sabido crearse, para saber mucho de literatura y no haberla tomado nunca demasiado en serio, como si se tratara de alguien que gustara del lujo de sí mismo. Ha asombrado siempre a los que le conocemos y le seguimos, por esa disposición particularísima de su talante literario. (Si aquí los gnomos, desaprensivos y tantas veces afortunados, que en las imprentas manejan las hechicerías de las erratas, han escrito talento en lugar de talante, habrán acertado también, y por mí, tan contentos. Quiero decir que en nuestro mundo de las letras, donde existen y han existido tantos escaladores de mínimos recursos y de tan exiguas gracias aprovechadas hasta el máximo permisible, contamos con otros escritores con dotes sobradas de creadores de verdad, de los que siempre esperamos un orden y una contención más provechosa de sus despiltarros. En este grupo, escaso y sugestivo, se encuentra Néstor Lujan. Animador de empresas literarias, divulgador de saberes de la más diversa índole, sabidor de decires acumulador avaro de leyendas, costumbres, anécdotas e historias, en cientos de artículos y escritos ha hecho siempre profesión de fe de lo alígero y volandero, como si le faltara un tiempo para el reposo ordenador de una obra más enteriza. Acaso él lo quiere así, así es, si así os parece ¿Querrá él que pasemos con la ligereza que sabe poner en sus escritos? Apártalos que voy de vuelo... Y, por otra parte, ¿no estarán sus maestros en esos nombres que han hecho de la Literatura una manera de fugaz presencia, de testimonio que sabe huir cuando pretendemos tomarlo con demasiada rigidez? Todo esto me conduce a proclamar lo que tantos de sus lectores saben, que Néstor Lujan no será jamás un escritor aburrido. Y el peligro que puede tener un libro de Historia, o apoyado en historias de las que algo sabemos, es ése de la cuestión reiterativa, de la que conocemos al menos alguna parte, y con eso creemos que nos basta. Que alguien nos lleve de la mano por trochas nuevas y se atreva a aventurarse por lo desconocido, o por lo de dudosa certidumbre, es tarea que tenia que resultar grata a un fabulador como Néstor Lujan, acostumbrado a deleitarnos con verdades, con medias verdades y con sabrosas e incontaminadas invenciones. El conde de Villamediana, personaje atractivo y tentador si los hay, es como si hubiera salido al paso del novelista para decirle: iAlto ahí; nadie como usted para contar mi muerte, mis muertes, las siete muertes del gato que pude ser, huyendo de tantas, pero cediendo, de tremenda y oscura manera, a la definitiva! La época en que le tocó vivir al personaje, en la que le tocó morir, fue verdaderamente estelar. Asusta contemplar en los alrededores de una historia, desbordantemente humana, ese teatro, o ese escenario de una única representación donde se han dado cita unos fi- A B C fíTcrarío El libro de la semana ABC v T DECIDNOS, ¿QUIEN MATO AL CONDE? (LAS SIETE MUERTES DEL CONDE DE VILLAMEDIANA) hacia la muerte que pudo estar, para él, más noble y entera en las astas de un toro sobre la furiosa arena de la Plaza Mayor. (En los l i b r o s de Acuerdos del Concejo Néstor Lujan de Madrid se puede Internacional de Novela 1987. Plaza Janes. Barcelona leer un texto espeluznante. Un servidor municipal pide una gratifigurantes, que se podían aislar y se podría cación extraordinaria porque ha tenido que llecomponer con cada uno de ellos un enorme var a término un ajetreado menester. Ha trozo de la historia de España. Y acaso sea tenido que quitar del centro de la plaza y con ésta una de las dificultades del libro. ¿Qué suma diligencia la horca en que se le ha hacen en la misma escena- -d e c i d n o s hecho justicia a un desgraciado, porque al día tope de Vega, y Quevedo, y Hurtado de siguiente hubieron de correrse toros en la plaza. Quería tener derecho al percibo no usual de aquellos maravedises bien ganados, porque en menos de una noche tuvo que disponer de nuevo el cadalso que se retiró para que se celebrara ta fiesta. Acaso el hipogrifo violento que dijera Calderón en el principio de su más famosa comedia, era la imagen del conde, buscador incansable de su muerte. Y presagio de) mismo Villamediana en uno de los más hermosos tercetos con que termina un soneto suyo: Quedándole ya sólo por seguro a mi querella el tribunal del viento, a mi fortuna un esperar oscuro Esta queja so ¡amente puede arrancarla de su pecho un gran poeta. Esto, todo esto, y muchas cosas más sabe Néstor Lujan, que ha logrado detenerse con destreza literaria- -y novelística también- -en este don Juan que era todo lo bueno y todo lo malo que puede ser el más infatuado de los gentiles- hombres Alguna otra frase hay en el libro que carga el platillo del desventurado y grandísimo poeta. En carta de Hugo von Stein- protagonista totalmente imaginario de esta novela -a su hermano Franz le dice lentamente con su caligrafía gótica y tranquila para relatar la muerte del Mendoza y López de Guevara? ¿Cómo pueconde: En el fondo murió con una aterradora den entrar en unas mismas y dramáticas jorlucidez, porque su vida era una tensión intolenadas Góngora y Olivares, y aquel Rey Don rable. Debió sentir por sí mismo asco, piedad Felipe IV, y aquella Reina Doña Isabel, y y miedo, y así cayó mudo y horripilante, con cómo pueden todos jugar en una acción, en los cabellos llenos de cuajarones de sangre, torno a una noticia, en una terrible verdad del sobre las piedras y el polvo de la calle Mayor... habitual mentidero? Señora, mi señora, han Cuando alguien comente quién mató al conde matado de mala muerte a don Juan de Tasis, de Villamediana, dile que se mató a sí mismo el conde de Villamediana, en la rúa de la a través de hasta siete personas que se descalle Mayor, llena de gente, con más de doshonraron con la moneda de Judas y una que cientos coches... ¿Cómo puede caber tanta la ejecutó gente, tanta memoria, tantas armas que cruzaron- ¿cuál de ellas? -el pecho más gentil Minuciosa e ingeniosamente, Néstor Lujan de la Corte, cómo puede entrar tanta gracia y que, indudablemente, no es partidario de su tanta desgracia, tanta cara y cruz, en unos héroe, como en el célebre cuento, narra estas versos que los hombres aprenderían en el siete muertes pagadas de un episodio tan tiempo? ¿Quién podrá descifrar, todavía oscuro como apasionante. Néstor Lujan ha hoy, aquella estrofa cuya forma inventó Vielegido un personaje sobre e) que se podía cente Espinel, el mismo que añadió una inventar fácilmente. El autor ha escrito un libro cuerda a la guitarra? ¿Dónde estamos? ¿Qué agudo y ameno; valiente también, porque se España es esta que nadie entiende desde la ha aventurado en un tiempo sobre el que se gloria hasta la muerte? ha documentado con profusión, pero en el que Dos libros han aparecido, con poca distancia entre ellos, inspirados en la figura de ese insigne muerto, de esa gloria de la poesía española que se llamó el conde de Villamediana. El de Carolina- Dafne Alonso Cortés, garboso y castizo en su andadura, y que ha logrado un premio de la Real Academia Española, y éste que hoy me corresponde comentar, galardonado con uno de los premios más codiciados en nuestro mercado de la fortuna literaria. Son mis amores reales podría decir el conde misterioso y gentil, realeza temeraria de sus arrogancias y desvíos, dineros de! ostentoso collar, equívoca divisa no le ha detenido la posibilidad de lo novelesco. Néstor Lujan es un juez implacable e inmisericorde con Juan de Tasis, conde de Villamediana. Cuando tiene que arremeter contra él se ampara en la palabra de Von Stein- -no lo olvidemos, según confesión del autor, protagonista totalmente imaginario Un poco de piedad para el poeta que escribió: Nadie escuche mi voz y triste acento de suspiros y lágrimas mezclado, si no es que tenga el pecho lastimado de dolor semejante al que yo siento José GARCÍA NIETO De la Rea) Academia Española
 // Cambio Nodo4-Sevilla