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Alféizar E AMORES DE VERANO STOY seguro que he visto alguna película, más de una, sobre amores de verano. Chico conoce a chica, chica viene a pasarlo bien, chico se enamora, lo que no entraba en sus planes; chica también, algo va mal y luego puede haber o no final feliz. O chica se marcha a su tierra y chico queda compuesto y sin novia. Depende. Puede hacerse con personajes españoles. Entonces el chico debería ser de extracción social baja, pero con gran voluntad de mojorar. Y la chica, pues lo contrario, una hija de buena familia, muy guapa, por cierto muy joven, deseosa de tomar el mundo en sus manos y ponérselo por montera. No calcula que el otro, que es un guapo mozo, y además inteligente, tenga, pueda tener sentimientos tan sublimes, pueda llegar a enamorarse incluso un poco platónicamente. Pero si eso sólo se daba en las novelas rosas... Y menos aún que ella, bailando en la discoteca, tomando sus primeros cócteles, con tantos amigos atractivos, fuera a fijarse, precisamente, en ese. Pasean a la luz de la luna, cuando sale temprano y es luminosa, casi caliente, en pleno agosto. Van a bañarse, con la pandilla, a la playa rumorosa, encalmadas las olas como una canción sin fin, a la luz de los focos, o de la pálida, cambiante luna. Se abrazan, furtivamente; eso no está bien. Te quiero, ¿y tú? Pues yo... también. Ya está, ya se lo ha dicho. Piensa: pero no puede ser. Luego el sol, el biquini negro, o rojo, ceñido; el pelo abrillantado, refulgente, con la leve caricia del agua, que es como si no fuera salada en el mar, como si no tuviera cloro, en la piscina. ¡Qué bien se zambulle, qué atlético! Se abrazan, por la noche, bajo las estrellas. Hay tantas... Una música antigua. Ese Adamo podría ser mi abuelo. Pero cantaba bien, qué romántico. Y se va, final triste. Se vuelven a ver, algún día, pero ya no es lo mismo. ¿O sí? El chico es una fiera, sube como la espuma, ahora ya podría... si no fuera demasiado tarde. Pero, ¿por qiué tanta prisa? Amores de verano. Otra versión, menos apasionada, podría darse con protagonista femenina extranjera. Casi tan joven, y no menos guapa. Diferente, eso sí. Pelo rubio, suave, que parece teñido, cortado agresivamente, a lo bestia. Noches cálidas, paseo en moto, monosílabos, ¿por qué no enseñarán mejor inglés en el instituto? Primer amor, furtivo, inexperto. Lágrimas en la despedida. Te escribiré, ¿me escribirás? Me hará falta un intérprete. Luego le escribe, hablan de conjuntos de moda, postales de colores. Tal vez va a verla y la encuentra con lo que llama su boy friend. Este es mi amigo español. O tal vez se casan, matrimonio mixto, ¿qué nacionalidad adoptar? y todo termina bien. PauFANER Por cuenta propia LO QUE ESPAÑA TEME D PARA SU ANUNCIO EN A B C MARQUE EL NUMERO 61 53 53 E algún tiempo a esta parte- -m á s o menos desde que empezaron a ocupar los altos cargos de la Administración los especialistas de la economía y las ciencias políticas- -se ha desencadenado un amor furioso por la semántica. En cuanto a un problema se le halla un nombre parece como si se le hubiera solucionado. Recordamos como alardes definitorios los que hiciera, sin perjuicio de ser un excelente ministro, López Bravo al continuar la brava pelea iniciada por Fernando Castiella en la vieja cuestión de Gibraltar. A uno de los encuentros con su inabordable colega británico le llamó pensar juntos Y tras el inevitable fracaso de las conversaciones sostenidas en Londres, declaró que habían acordado reflexionar por separado La mayoría silenciosa a que aludió Nixon cuando fue quedándose solo, rodeado de sus errores, en la Casa Blanca; las comidas de trabajo como se le llama al hecho de que unas autoridades se reúnan con sus amigos y hombres de confianzas y pasen la factura del restaurante a la Intervención de Hacienda; los encuentros a nivel con que se les da lustre a la conversación de personas de parecido rango administrativo; los libros blancos y verdes que se publican sobre mil cuestiones oscuras o claras y cientos de fórmulas más que, según algunos, cumplen la idea de enriquecer el lenguaje político y, según otros, -entre los que nos hallamos- -la de hacerlo, impreciso y confuso, envolviendo la verdad en la tinta de calamar de unas apariencias falsas, han llegado al colmo al llamar diálogo al hecho de que representantes del Estado español se reúnan con miembros de ETA o sucedáneos con la H y la B en el carnet político para desmentir lo que que Felipe venía diciendo que no ocurría ni iba a ocurrir nunca: negociar con los terroristas. Pero sentarse en una mesa, tras darse la mano- -s u ponemos- ¿no es negociar? La ETA ha utilizado con frecuencia una expresión a la que no le ha sacado, dialécticamente al menos, el jugo posible. ETA ha dicho que ella está en guerra con el Ejército español. Ello le sitúa en una posición de ventaja, dado que le hacen la guerra a una institución poderosa en teoría, pero inmovilizada, inerme, en la práctica. ETA hace la guerra a una institución a la que los poderes públicos no le autorizan a responder. Es dárselas de valiente abofeteando a un hombre atado de pies y manos. Lo dijo en las Cortes el general Santamaría al comparar la lucha contra la ETA a un partido de fútbol en el que uno de los contendientes- -E T A- -está autorizado a jugar en orsay Y a muchos más. Pero en ia guerra hay una palabra clásica que ahora podn a valer: el armisticio. Cuando Solana- -siguiendo la senda de ese maestro del sofisma que es Felipe González- -asegura que se ha hablado, se habla y se seguirá hablando con los etarras al sólo efecto de poner fin a la lucha se está en lo que militarmente se llama un armisticio. ¿Es que ha pedido ETA el armisticio? Basta leer la diaria relación de sus hazañas- -s u s voladuras, sus secuestros y sus amenazas- -para saber que no estamos en eso. ¿En qué estamos entonces? Si no hubiera pruebas de que se negocia bastaría para probarlo ver cómo todos los nacionalistas- -desde EE a PNV, pasando por E A- -piden ya, en acción de franca coadyuvancia, amnistía, por más que saben que ésta es inconstitucional por esencia. Pero no quieren perderse el hacer méritos para participar del botín. O sea, que grande o chico, moral o material, hay botín por medio para la autonomía vasca. Esto es lo que España toda teme. Y debe explicarse. Celestino FERNANDEZ ORTIZ
 // Cambio Nodo4-Sevilla