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5 septiembre- 1987 A B C Hiera rio ABC III Diez cartas de Zenobia El 31 de agosto de 1887 nacía en Malgrat (Barcelona) Zenobia Camprubí, hija del ingeniero español Raimundo Camprubí y de Isabel Aymar, de acomodada familia estadounidense. En 1913 conoció y poco después entabló relaciones con el poeta Juan Ramón Jiménez, con quien contraería matrimonio en 1916. Distinguida, culta, incansable, Zenobia fue a la vez secretaria, manager y musa del escritor, sobre quien ejerció un influjo decisivo. Es posible que sin su presencia en la vida de J R. J. éste y su obra no hubieran transitado los mismos caminos. Zenobia Camprubí le permitió al poeta dedicarse por entero a su actividad creadora; subvino a las necesidades materiales del matrimonio; colaboró activamente en la revisión y preparación de sus manuscritos; equilibró el pendular carácter del escritor y le inspiró además algunos de los más bellos poemas de amor de la lírica española. Por todo ello forma parte viva de nuestra mejor historia literaria. Por cortesía de los herederos de Juan Ramón Jiménez, y en especial de Francisco H. -Pinzón Jiménez, publicamos hoy diez cartas de Zenobia Camprubí, que también se pueden considerar de J R. J. por estar escritas en su nombre. Cuatro proceden de la Sala Zenobia- Juan Ramón Jiménez de la Universidad de Río Piedra, de Puerto Rico; las otras han sido facilitadas por su destinatario, el poeta y profesor cubano Eugenio Florit. En estas últimas ha habido algunas dificultades de transcripción, pues los rasgos de escritura son a veces confusos por padecer ya entonces terribles dolores, producidos por el cáncer que acabaría con su vida y estar sometida a fuertes calmantes. Representan las cartas un testimonio humano y literario de primera línea. Sus destinatarios son José María Chacón y Calvo, José Luis Estrada, Eugenio Florit y Antonio Gallego Morell. Sobre Zenobia y Juan Ramón Jiménez puede consultarse: 1) Zenobia Camprubí, Vivir con Juan Ramón, ed. Arturo del Villar, Los Libros de Fausto, Madrid, 1986 fragmentos de su extenso diario 2) J R. J. -Z. O Poemas y cartas de amor, ed. Ricardo Gullón, La Isla de los Ratones, Santander, 1986. 3) Z. C Un soñado viaje a España, ed. F. H. -Pinzón, Madrid, 1987. Qué alegrón nos dio... Hato Rey, P. R. 15 de agosto, 55 Querido Chacón: ¡Qué alegrón nos dio su firma al pie de los esfuerzos mecanografieos llegados esta mañana! (El burro le dice... etcétera. Pero luego, ¡qué pena leyendo cosas tristes... No sabíamos nada de la pérdida de su preciosa madre. Nunca olvidaré mi deslumbramiento ante la belleza de ella y de sus hermanas, a quienes conocía por primera vez en la reunión que ustedes dieron a don Ramón. A pesar del número cambiado, sólo por el nombre de la calle, le evocamos, al momento, en aquellos días lejanos junto a Manuela y a Alfonso Reyes. Nueva alegría al encontrar, de nuevo, al amigo Justo Gómez Ocerín, a quien vi por última vez en su lindísimo comedor de la Embajada de España en Roma. Usted habla sólo de él y de la desgracia de su hijo, que ignorábamos, pero, como no nos nombra a Conchita, no me atrevo a escribirle en el acto, ahora que sé su paradero. ¡Lo que J R. y yo habremos preguntado por G. O. pero le habíamos perdido la pista desde que alguien nos dijo haberle visto, de pasada, en e! sur de Francia! Usted, amigo Chacón, es un quejumbroso. ¡Cuidado con decir que no puede andar y a renglón seguido, que sale dos veces al día desde un cuarto piso sin ascensor! Eso no lo hago yo ni una sola vez cada cinco meses. De modo que, luego ¿hay peregrinación a Nuestra Señora de Fátima, también? ¿Se puede saber las toneladas de cadenas que piensa arrastrar con cada pie? Jubilado y de visita en Madrid, reviviendo tiempos pasados y echando una canita al aire en La Granja. ¡Hay que recurrir a Silvela para calificarle! Leímos con gran interés su sentida nota sobre el pobre Guerrero (a quien tanto echamos de menos) Y ahora voy a contarle un poco de lo nuestro, que no, es todo lo risueño que usted da por supuesto, porque J R. no se ha quitado de encima aún su recaída en el decaimiento que nos trajo a P. R. en 1950
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