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IV ABC A B C ííícrafío 5 septiembre- 1987 Diez cartas El último día de! 51, cuando ya J R. iba saliendo de su depresión, lo celebré yo quitándome de encima, en el Massachusetts General Hospital, un fibroma de cinco libras con dos células malignas Como la venida aqui, el hablar en español con todo el mundo, el encontrarse con los amigos le hizo tanto bien en el 51 y 52, yo creo que esta recaída del 54 se le pasaría del todo y su salud se reafirmaría si fuéramos a pasar una temporada a Andalucía en junio del 56. ¿Nos veremos? J R. sigue pensando que yo soy una imaginativa y que no podremos hacer nada de lo que me propongo, como pone en duda todos mis proyectos hasta que se realizan. El último día del 51, cuando ya J R. iba saliendo de su depresión, lo celebré yo quitándome de encima, en el Massachusetts General Hospital, un fibroma de cinco libras con dos células malignas. En el 52, y como resultado del excesivo optimismo de mi cirujano, tuve que recurrir a tratamientos de Rayos X y a radium, que me dejaron un tanto achacosa durante una temporada, así que acabé por dejar definitivamente la Universidad de Puerto Rico (diez años de vida, improvisadamente, universitaria: tres aquí y siete en Maryland) y ahora llevo ya andados dos años de los cinco que debo andar para comprobar mi curación íoíal, cosa que a medio camino me cacarean todos los, siempre optimistas, galenos. Como dicen los norteamericanos de los Estados Unidos: I keep my fíngers crossed. Por ahora la cosa va bien... Con una pequeña pausa producida por e remojón que nos proporcionó Connie J F y yo nos pasamos tres horas todas las mañanas en la preciosa sala que nos ha cedido la Biblioteca, para instalar la donación que hizo J. R. de sus libros, cuadros, autógrafos, cerámicas, etcétera a la UPR en agradecimiento a! o bien que se portaron con él Jaime Benítez y Federico de Onís durante lo peor de su enfermedad. Vamos despacio porque las organizaciones suelen moverse despacio y salimos a estantería por mes, pero, de todos modos, se adelanta y espero terminemos la tarea a tiempo para la escapada de junio. ¿Cómo se ha repuesto el chico de Marañón del accidente que leímos aquí sufrió hace unos meses? Y don Ramón, ¿qué hace? ¿Viven con él Jimena y los suyos? Dígale muchas cosas nuestras. Agradecí mucho que en tan tristes circunstancias me contestara, sobre todo cuando fui tan insospechada e involuntariamente inoportuna que, después de tantos años de silencio, se me ocurrió escribir a los dos juntos, en el momento en que acababa de perder a su compañera de toda la vida. No necesito decirle que sigo su excelente ejemplo de escribir a máquina y por las mismas razones de respeto a su vista e ingenio. Hace dos Navidades traté de- embullar (no, ¡os puertorriqueños dicen manzana a J. R. para pasar las vacaciones en Cuba, valiéndonos de la Trasatlántica Española, ya que a J R. no hay quien lo meta en un aeroplano, pero J R. me aseguró que cuatro días en El Marqués de Comillas equivalía para él a cuatro meses de colitis y, como pude comprobar entretanto, que nunca se sabe cuándo se llega ni cuánto tiempo se está en puerto en esa línea, también yo me desinflé por completo. Le escribo yo, porque la satisfacción que nos ha proporcionado su carta y sus recuerdos (a pesar de sus penas) no se merece una espera indefinida y J R. por ahora, no ha roto a dictarme todavía. Correspondo en todo a sus buenas palabras. Quedo su vieja amiga. ver SÍ íeira que ponerle ¡as comillas a esa palab- ita, pero veo que la han dejado ustedes pasar. Bueno, ¿conque se le ha ocurrido meterme, de contrabando, como académica correspondiente? ¡Cómo se ve que no le había yo escrito todavía en el mes de set. l Porque aún cuando no le he plagiado a J R. la j a mí me da por eliminar letras que no suenan y menos mal que me apoyo en autoridad tan excelsa como la de don Ramón, que una vez me dijo no estaba lejano el día en que todos diríamos soldao No, no, Estrada, yo no me presto al contrabando y no voy a enviarle lo que aquí llaman los blancos (por decir una fórmula impresa que hay que acabar de llenar) Tengo otra simpática carta caracolera que contestar (la de F. G. pero yo tengo gran respeto por la cronología (como que armo un zipizape cuando, después de esperar pacientemente media hora en la carnicería, veo llegar a una señora embistiendo, con ánimo de colocarse en primer lugar- -desgraciada comparación con F. G. que no tiene semejanza alguna con la señora impertinente) Bromas aparte, le estoy buscando libros, porque la mayor parte están agotados y me parece que voy a tener que conformarme con dos. Ni usted ni él me dicen nada de un poema de J R. que creo haber incluido en mi carta Zenobia Apartado 1933, Universidad, Río Piedras (Puerto Rico) De poco me da un soponcio... Hato Rey, P. R. 12 de sel 1955 Querido amigo Estrada: De poco me da un soponcio al leer su carta... (He ido a consultar el diccionario para
 // Cambio Nodo4-Sevilla