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VIH ABC ABC ÍI fe ra rio Diván meridional 5 sepüembre- 1987 Revistas República de las Letras Número 18 Julio 1987 La revista de la Asociación Colegial de Escritores comienza en su último número un recorrido por las últimas tendencias de la literatura española, recogiendo los textos de las conferencias que, agrupadas bajo dicho enunciado, fueron incluidas en el II Ciclo de los Martes y los Miércoles con las Letras Españolas El cosmopolitismo del lector, la hipótesis de una colonización literaria, el interrogante sobre un progresivo empobrecimiento de la lengua, la eterna pugna entre clasicismo y vanguardia, la discusión de la subjetividad y el planteamiento de los géneros, son algunos de los temas que vertebran los trabajos, firmados por José Manuel Caballero Bonald, Julio Llamazares, José María Merino, Andrés Sorel, Alonso Zamora Vicente, Juan García Hortelano y Luis Mateo Diez, entre otros autores. El búcaro M E contaba Dámaso Alonso que un día muy caluroso de verano en Nueva York, estando con Pedro Salinas en un departamento universitario, sintió sed y bebió en un aparato metálico del que apretando una clavija surgía un chorrito de agua fresca. Y al contemplar esto le dijo Salinas: Compara tú el buen sabor, la delicada frescura de. un botijo español con este hijo del progreso, y dime sinceramente si es cierto lo que te digo En efecto, el botijo, es decir, el búcaro para los sevillanos, posee unos grados de natural y rico frescor mucho más humanos, razonables y civilizados que los de esos artilugios mecánicos que el llamado progreso ha traído para aliviar la sed. Si bien... ¿quién bebe agua hoy? cel juvenil al aguador sevillano. Y cierto día que salíamos de visitar nuestro Museo con unos extranjeros animados con la ingeniosa y cicerónica palabra del gran Juanita Lafita, como un aguador, cántaro ai hombro, nos dijera tal ofreciéndonos la más rica ambrosía, ¡Acua, llevo acua! Lafita dijo con la mayor seriedad y convencimiento Habrán podido observar ustedes que el pueblo de Sevilla habla en latín y creo que estaba en lo cierto, sobre todo cuando este pueblo ofrecía como natural regalo la sencillez última del universo tal es la frase que ha empleado ei poeta Jorge Guillen en su poema titulado Vaso de agua ¿Sigue hablando en latín el pueblo de Sevilla? ¿Cantan hoy la mercancía del búcaro fino los vendedores de La Rambla? ¿Huelen a jazmín y nardo las cabezas de las jóvenes veraniegas? ¿Tienen aún ruiseñores las riberas del sacro Betis sin haber sido espantados por las espeluznantes obras de la Cartuja, de multimillonario coste, mientras la vieja y hermosa ciudad va camino de ser recordada por un nuevo Rodrigo Caro? ¿Nos sigue despertando en la siesta el pregón de las biznagas? Yo canto al búcaro como delicia superior a todos los hielos y artilugios metálicos. En mi vida, un poco alejada físicamente de esa tan gloriosa urbe, aún resuena de jazmín, nardo y bocas de la Isla, aún resuena el pregón del búcaro. Y en cuanto al lenguaje del pueblo de Sevilla... Decía Ramón Pérez de Ayala que en España los únicos que sabían latín eran los toros de don Eduardo Miura. Peligrosa sabiduría táurica que siguen poseyendo los actuales que pastan soñando verónicas de alhelí bajo la luna clara de Zahariche; los actuales, digo, de mi viejo amigo Eduardo Miura. Mas a las afirmaciones de Pérez de Ayala yo tengo que añadir que también poseen la honda expresión latinosevillana nuestro no menos peligroso pueblo. Por esto, si bien comprendo que la civilización del agua está en decadencia por causa de otros líquidos de más altos grados, sigo reconociendo que no hay tan sabrosa embriaguez como la que nos proporciona un buen chorro del búcaro fino sobre el sediento gaznate. Y si tal agua ha sido cantada por recoletas calles del fresco verano en la lengua del hispáiico Trajano, entonces... ¡Laus Deo! Y en latín hablan los que van debajo del paso de la Macarena, sobre todo cuando al despuntar la mañana paraba debajo del balcón de la casa que don Eduardo Miura tenía en la Encarnación. Allí cantaba el genio de Manuel Torre. Y tal escándalo glorioso se armó cierta mañana tras una saeta por seguiriya gitana del que según Lorca tenía tronco de faraón, que el pueblo asaltó la cercana recova de la plaza y soltó a todos los palomos que allí había a la mayor gloria de los que enseñaron saeta y latín a los sabios cornúpetas. Y los costaieros pedían acua, acua, acua... M. D I E Z- C R E S P O Silvestra Revista de poesía, número 1 Málaga. 1987 Bajo la dirección de Rafael Pérez Estrada y Javier La Beira, aparece el primer número de esta revista en una de las ciudades de España con mayor actividad poética. Poemas de Vicente Núñez, Ana Rossetti. Vicente Molina Foix, Clara Janes, Francisco Fortuny, Almudena Guzmán, Javier Salvago, Pedro Mol i n a T e m b o u r y R a f a e l R. osado, J u s t o Navarro, Rafael Ballesteros, Juan Cobos Wilkins, Leopoldo Alas, Rafael Pérez Estrada. José María Parreño, Juvenal Soto y Juan Lamillar. El profesor Larra Garrido exhuma dos sonetos eróticos del Cancionero Antequerano de 1627- 28, y Alfonso Canales traduce el extraño poema de Musset, La mélancolie du Poete, Ilustraciones de José Ignacio Díaz Pardo. Cuadernos del Centro Cultural de la Embajada de España Número 18 Manila. Mayo 1987 A las figuras de Ramón del Valle- lncián, Federico García Lorca y Miguel de Unamuno, al hilo de sus respectivos aniversarios, está dedicado el último número de la revista que edita la Embajada de España en Manila. Es García Lorca el que se lleva la parte del león en las páginas de estos Cuadernos: una nota bibliográfica, uñ amplio trabajo de Pacita G. Fernández- -el único en inglés que aparece en la publicación- -titulado The poet, his Duende and Death un artículo de Luis Artes Ruiz En el curso de un tiempo poético y una selección de poemas y dibujos de Lorca integran el cuerpo central de la revista, que se completa con apuntes sobre Valle- Inclán y el marqués de Bradomín. Los médicos aconsejan agua, el cuerpo necesita agua. Sin embargo, lo que hoy se bebe es cerveza, refrescos que saben a botica- ¡ay, aquel maravilloso agraz de Dolorcita! o la bebida escocesa a la que se añade agua, pero que, en verdad, es un líquido un poco caro. Hace medio siglo, o mejor dicho, hasta hace medio siglo, había en Sevilla aguadores con grandes cántaros portados sobre el hombro y un vaso en la mano izquierda sobre el que volcaban, hasta con cierto duende, e! líquido que salía por un dorado pitorro. Ni que decir tiene, que el mayor número de bebedores tenían al poco rato unas tremendas boqueras que le llegaban hasta las orejas. Y agua en limpia vasos a tutiplén se bebía en las casetas de los Círculos de Labradores, Mercantil y Militar en el Prado, las noches cálidas de jazmín, nardos y cuadros cinematográficos. Y hasta se consideraba de buena posición aquellos que en los cines de verano, distribuidos por diversos solares de ¡a capital, se permitían el iujazo de ver los cuadros en las mesas donde se disfrutaba de un selecto servicio de nevería Pintoresco acontecimiento que aún subsiste en los escasos que por ahí quedan. Velázquez inmortalizó con su genial pin-
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