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Domingo Valderrama cortó las dos orejas al sexto y pudo abrir la Puerta del Príncipe E l de Utrera dio l a vuelta en el tercero con petición Sevilla. Manuel Ramírez Me imagino Andrés- -señores: Andrés Luque Gago, torero de la cabeza a los pies- -lo qué sufrirías y gozarías viendo al niño, este Valderramita al que le faltan dos cuartas de estatura y le sobran metros de torería y oficio, bordar los muletazos, la muletita planchada, sin quitársela de delante de los hocicos ai murube, encelándolo y ligando uno con otro, la música vibrando, el ole profundo, seco y rotundo de los tendidos caros saliendo de las gargantas y la Maestranza, Andrés, entregándose como el novillo, yéndose detrás de cada muletazo de este Domingo Valderrama que cuajó una soberana faena de muleta, que cortó a ley dos orejas y que parece mentira que en tan poco cuerpo pueda caber tanto toreo como este chaval, y tú lo sabes Andrés desde que lo viste y lo apoderas, lleva por dentro. Me imagino, Andrés, la monterita abrazada de un brindis que hizo honor al brindado, como no me imagino sino que vi a Diego Valderrama, con sus cámaras en ristre, eternizando los enormes muletazos de un torero niño, que no es lo mismo que un niño torero. La tarde fue de Domingo. Domingo de Valderrama. Ya en el tercero arrancó los compases de la banda de Tejera y no Iban más allá de cuatro derechazos. Porque fueron de verdad. Quedándose muy quieto de piernas y moviendo con temple y sentido el brazo. Teniendo enfrente a un murube con romana de escalofrío, genio en los lomos y mucho que torear. Lástima que tras esta serie, con runrún en los tendidos de algo grande oliéndose desde lejos, un cuasidesarme descuajaringó la faena. La partió. Ya fue muy difícil recomponerla. Paró el bombo de Tristán, que es siempre un cañonazo, heló el ambiente y dejó sin respiro lo que se presentía torero. Ya el novillo cabeceaba, ya Dominguito empezó a no encontrarse a gusto. Ya todo se vino un poquito abajo. Y eso que Domingo no se arrugó y hasta se hizo un quite a sí mismo, cuando el murube quiso quitarle el capote de las manos y los pies del suelo. Y hasta lo llevó al caballo con tanta torería como buen gusto. Pero todo terminó allí, en aquella primera serie que arrancó el pasodoble y si la oreja se pidió hasta con fuerza fue por cómo entró el Niño Valderrama a matar: Derecho como una vela, cuando el novillo le llegaba casi a las cejas, con los ojos en el morrillo y la espada en todo lo alto. Vuelta al ruedo. Merecida. Y a ver qué pasaba en el sexto... No le dejó el sexto colocarse con el capotito. Lo quiso mover con soltura, pero pudo más el genio y la picante del murube que el lanceo de Domingo. Llegó el novillo a la muleta con ganas de comérsela. Y que nadie confunda esto con bobo de carril. Llegó queriéndosela comer y, si hacía falta, también al torero. Domingo brindó a Andrés Luque Gago. Tres ayudados por alto y uno torerísimo por bajo para rematar. Muleta a la derecha sin mayores preámbulos. Toro y torero de la raya de piqueros para afuera. Cite de lejos. Se arranca alegre el murube. Ya escribo que queriéndose comer la muleta. Aguanta Valderrama. Lo embarca. Lo lleva. Le aguanta eí segundo tirón sin quitarle la muleta del hocico y sin dejar que el hocico llegara a la muleta. Así el tercero, el cuarto y serie que abrocha con uno de pecho de esos que entra el toro por una hombrera y sale por la otra. Segunda serie más corta, pero igual de emocionante. Ligando y templando. La música ya tronaba. Los tendidos iban a más. la novillada de ayer en la Maestranza- -Ficha de la novillada- Plaza de toros de la Real Maestranza. 12 de junio de 1988. Novillada de abono. Más de media plaza, con muchos seguidores de José María Plaza. Novillos de Murube, bien presentados, con romana. Sacaron genio algunos y otros blandearon. Los de más genio, los de Plaza; los blandos le tocaron a Punta. Valderrama repartió lote. Todos entraron dos veces al caballo. El mejor, el sexto, muy aplaudido en el arrastre. José María Plaza (de negro y oro) que debutaba en la Maestranza. En el primero, estocada (palmas) en el cuarto, desprendida (palmas) Antonio Punta (turquesa y oro) En el segundo, un pinchazo, media y dos descabellos (silencio) en el quinto, pinchazo y estocada (silencio) Domingo Valderrama (de celeste y oro) En el tercero, estocada sin puntilla (petición, vuelta y bronca a la presidencia) en el sexto, estocada que hace rodar (dos orejas) Fue sacado a hombros de la plaza. En las cuadrilla destacaron Juan José Hidalgo, Antonio Alfonso Martín y Ramón Soto Vargas. Presidió Delmiro Salazar, correcto y justo al no conceder la oreja del tercero a Valderrama porque no hubo pañuelos mayoritarios. Peso del ganado: 432, 457, 459, 454, 458 y 445. cante. Entraba rebrincando. Costaba trabajo templarle y quedarse en el sitio. No pudo Plaza. Le pudo el novillo a él. Sí tuvo oficio para no salir de najas ante alguna que otra oleada, pero le faltó clase para ir, poquito a poco, sometiendo ese picante y diciéndole a la res quién mandaba allí. Otra estocada fácil y otra vez palmas. Antonio Punta volvió a la Maestranza. Había lógica y ganada expectación. Antonio Puerta sabe torear. Con la muleta en la izquierda sabe bien lo que hace. Tiene hechuras y sitio. Ya sabe lo que es cortar oreja en la Maestranza. Tanto sin caballos como con ellos. Y no rehuye el coso del Arenal. Punta no tuvo suerte. El segundo de la tarde anduvo cortito de fuerza, cortando las arrancadas a la mitad, desluciendo la labor mejor trenzada. Para colmo, no más echarle la muleta abajo, se derrumbó. Los silencios le acompañaron al despenarlo sin gloria. El quinto fue un novillo casi gemelo del anterior. Mala suerte en el sorteo. Los dos más blandos y sosos, para Antonio Punta. Volvió a blandear. Volvió a deslucir. Incluso levantó la cara cuando Punta le cuadraba como buscando a alguien por las gradas. La tarde abrió y cerró con Valderramita. Me imagino fiesta grande en El Torbiscal. El niño torero, poniendo la Maestranza boca abajo. Dos orejas. Ramos de flores para Consolación de Utrera. Andrés Luque Gago sintiendo siempre en torero. Y un fotógrafo de prensa, buena gente, buen fotógrafo, uniendo cámara y sentimiento. Su hijo a hombros. Con un poco de suerte de Domingo, Diego, sacarás un encuadre ya mismo desde el Paseo Colón... Tranquilo el torero. Picante todavía más el murube. Valderrama con ta muletita- -es un pañuelo- -en la izquierda. Buena serie. Completa. Redonda. Igual que con la diestra: la franela siempre por delante, el novillo toreado, de pitón a rabo, sabiendo en cada momento qué tenía que hacer y cómo hacerlo. Torería y oficio. Se le nota, y bien que se le nota, esos muchos tentaderos de El Toruno, aprendiendo viendo torear y, de paso, no perdiendo la oportunidad de pegarle un muletazo a más de un toro cuatreño cuando por la edad que tenía entonces aún no podía ni torear en las plazas. Se le nota el oficio. Incluso hay algo, a qué negarlo, que le ayuda en su imagen: su corta estatura, esa sensación de niño que da delante de los toros. Pero que nadie se engañe: eso, ni es todo, ni puede serlo. Eso ayuda; pero eso se olvida cuando la muleta se engancha, o cuando el niño, que no el torero, se echa para atrás. Y no. Domingo no se echó atrás, sino adelante. Valderrama se llevó las dos orejas con enorme justicia. El palco, que justamente, por falta de quorum de pañuelos, no le dio la oreja del tercero, sí sacó justamente los pañuelos en el sexto. Y la Maestranza, en pie, no quiso irse hasta que no redondeó la vuelta al ruedo en hombros. José María Plaza debutaba en Maestranza y abría cartel. Tiene cuerpo y hechuras. Torero de escuela. Es decir, de saber lo que tiene que hacer. El defecto, en éste menos acusado que en otros, es el de traer la lección aprendida, cuándo los novillos no entienden de egebés taurinas. No dijo nada con el capote en el que abrió plaza, sólo la quietud. Deslucido quite por chicuelinas, recibiendo un susto, y trasteo con la muleta entre muchos silencios, sólo importunado por las voces que un banderillero le radiaba desde el burladero, cantándole lo que tenía que hacer y hasta cómo. Feo detalle que debe cuidar. No él, sino el hablador subalterno, en una plaza que cuando se hace de silencio se sienten hasta las campanillas de las mulilias. Plaza sabe hacer cosas, pero no tuvo fortuna. Mató fácil y salió a saludar entre palmas. Con el cuarto vino a repetir la película. Nada con el capote y muchos pases de muleta con muy poco toreo. El novillo tenía pi-
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