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II ABC A B C Olera? lo 25 febrero- 1989 Yo, amigos míos, creo profundamente O, amigos míos, creo profunda y fervorosamente en Europa. Ahora está de moda profetizar su próxima desaparición, llorar su muerte como si hubiera ya ocurrido; y aún hay europeos indignos, indignos de su continente y de su tiempo, que casi lo desean en nombre de un nacionalismo que considera tanto más puro cuanto más desligado del viejo espíritu continental. Yo, claro es, no soy de esos. Soy europeo por los cuatro costados, y me parecen pobres ciegos de la imaginación- -ceguera más grave que la de la retina- -los que no ven que, ahora, precisamente ahora, es cuando el destino del mundo se está forjando en Europa; y aun cuando parezca jugarse fuera de Europa, siempre con valores europeos. Nos gustará o no la solución: pero ésta será necesariamente una solución europea. Los cuatro o cinco factores esenciales para la construcción del mundo futuro tienen impresa la gloriosa marca que encontramos en las grandes manufacturas de la civilización, cual- Hacer La parte española en la política Y L quiera que sea el punto del planeta que habitemos: Made in Europa. Hecho en Europa. De Europa es hasta lo que combatimos, lo que desechamos. Gregorio MARAÑON A parte española en la política europea que la Corona gobierna consultando intereses más complejos que el español, y con medios superiores a los españoles, se representa al vivo en el Ejército de Felipe II sobre San Quintín, trasunto de la hechura de su imperio. Ninguno más armado, más disciplinado, más cumplido en todas sus partes, más platico, abundado de dinero, de vituallas, de artillería, de munición, de soldados particulares, de gente aventurera, de corte, de cabezas, capitanes y oficiales... dice Hurtado de Mendoza de este Ejército, demostración militar la más temerosa que la Corona de España pudo hacer en Europa. Antes de dictar la paz, y con tal fuerza en la mano, el poder del rey sería incontrastable. Los primeros cabos, el Saboya, Egmont, no eran españo- Fue grande el alma castellana F UE grande el alma castellana cuando se abrió a los cuatro vientos y se derramo por el mundo; luego cerró sus valvas y aún no hemos despertado. Mientras fue la casta fecunda no se conoció como tal en sus diferencias; su ruina empezó el día en que gritando: Mi yo, que me arrancan mi yo se quiso encerrar en sí. ¿Está todo moribundo? No; el porvenir de la sociedad española espera dentro de nuestra sociedad histórica, en la intra- -historia, en el pueblo desconocido, y no surgirá potente hasta que le despierten vientos o ventarrones del ambiente europeo. Eso del pueblo que calta, ora y paga es un tropo insustancial para los que más le usan, y pasa cual verdad inconcusa entre los que bullen en el vacío de nuestra vida históricaque el pueblo es atrozmente bruto e inepto. España está por descubrir, y sólo la descubrirán españoles europeizados. Se ignora el paisaje, y el paisanaje y la vida toda de nuestro pueblo. S e ignora hasta la existencia de una literatura plebeya, y nadie para su atención en las coplas de ciegos, en los pliegos de cordel y en los novelones de a cuartillo de eal entrega, que sirven de pasto aun a los que no saben leer y los oyen. Nadie pregunta qué libros se enmugrecen en los fogones de las alquerías y se deletrean en los corrilos de labriegos. Y mientras unos importan bizantinismos de cascarilla y otros cultivan casticismos librescos, alimenta el pueblo su fantasía con las viejas leyendas europeasde los ciclos bretón y carolingio, con héroes que han corrido el mundo entero, y mezcla a las hazañas de los doce Pares, de Valdocinos o Tirante el Blanco, guapezas de José María y heroicidades de nuestras guerras civiles. r Quisiera sugerir con toda fuerza al lector la ¡dea de que el despertar de la vida de la muchedumbre difusa y de las regiones tiene que ir de par y enlazado con el abrir de par en par las ventanas al campo europeo para que se oree la patria. Tenemos que europeizarnos y chapuzarnos en pueblo. El pueblo, el hondo pueblo, el que vive bajo la historia, es la masa común a todas las castas, es su materia protoplasmática, lo diferente, y excluyente son las clases e instituciones históricas. Y éstas sólo se remozan zambulléndose en aquél. Migue! de UNAMUNO les, y de escaso bulto, con relación al todo, el cuerpo español. La batalla de San Quintín, ¿es victoria española? Lo dudo, militarmente. Podría parecerlo en el orden político si la propaganda, el otro nervio de la guerra, ha logrado acreditar en tres siglos que los españoles al servicio de la Corona en Europa servían en causa propia. La acción de la Corona católica en Europa, desde el emperador a su triste tataranieto, es mucho menos española de lo que aparenta. El rechazo se siente en Europa por modo terrible, pero es ilusión creer que se gobierna o se dirige aquello mismo que se padece. El caso es manifiesto en el reinado del emperador. Si su hijo hubiese gobernado siempre desde Bruselas la impresión no sería menos clara. Los reinos peninsulares eran tributarios, como Sicilia y otros, de la Monarquía casi universal. Manuel AZAÑA
 // Cambio Nodo4-Sevilla