Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
VIII ABC ABC fíTcrarío Diván Meridional IVIMOS en una grave crisis de ideales, coincidiendo con el mayor despilfarro de ideales. Aclaremos esta paradoja. Todo el mundo, del más necio al más tonto, y del más cínico al más vivales, hablan de sus ideas de su ideal, de sus anhelos de una sociedad más justa. Y todos vienen a coincidir, poco más o 4 noviembre- 1989 Repertorio de modismos andaluces (LXVI) Ser un esaborío. -Ser soso, fallo de gracia (la agudeza del habla popular hace del desabrido el desaborido como falto de sabor Ser un hijo de Ana. -Eufemismo para evitar el contundente hijo de p... Ser un hijo del tiempo. -Como ser un hijo de Ana Ser un huevo sin sal. -Se dice del que se muestra muy insípido en conversación y maneras. Ser un lampa. -Ser un granuja, que está lampando (de lampar alampar tener deseos vehementes de alguna cosa) Ser un lárgalo. -Por similitud al juego infantil, se aplica a la persona que se pega a otra, incluso en contra de la voluntad de ésta. Ser un mirlo blanco. -Ser algo insólito, nunca visto. Ser un pampli. -Ser un pamplinas; el que dice pamplinas, cosas fútiles. Ser un papafriía. -Ser persona de poca estima y consideración para los demás. Ser un pasillo de comedia. -Es frase con que se define alguna situación jocosa o enmarañada. Ser un pedazo de carne bautizada. -Se dice de la persona de pocas luces. Ser un pedazo de pan. -Ser una persona extremadamente bondadosa. Ser un petardo. -Ser algo o alguien sumamente desastroso. Ser un plomo. -Ser muy pesado y aburrido. Ser un rabo de lagartija. -Se dice de la persona que no descansa un momento, como el rabo de la lagartija, que sigue saltando aún después de cortado. Ser un revientayeles. -Ser extremadamente desangelado y soso. Ser un teramare. -Apócope que origina eufemismo, para designar a la persona poco recomendable y de intenciones aviesas. Ser un viaje de borra. -Se dice de alguien con el que se ha de tener cuidado por lo artero y torcido. Ser un viva- la- Virgen. -Antiguamente, al formar la marinería en la cubierta del barco y cantar el número de la guardia que correspondía a cada cual, el último cerraba la cuenta con un ¡Viva la Virgen! De ahí que, como esta guardia, por más penosa, se le reservaba al más indisciplinado y cabeza loca quedara la frase ser un viva- la- Virgen para definir al que hace lo que quiere, sin preocuparse de sus consecuencias (evidentemente discrepamos de Luis Montoto, para quien un viva- la- Virgen es como una persona boba o ensimismada que no se percata de lo que le rodea ya que nos parece todo lo contrario) Ser un ziquitraque. -Ser muy vivo de genio. Ser un cataplasma. -Ser muy monótono y aburrido. Ser un manta (o manta mojada) -Carecer de personalidad y arrestos. Ser una perita en dulce. -Alude a una mujer joven y en su punto aunque también se emplea para designar algo extremadamente atractivo para cualquiera. Manuel BARRIOS V Atemos bien nuestras ideas comprador se tiene que mostrar más simpático que el vendedor. La inversión es tan morrocotuda que puede dejar estupefacto al más honesto ciudadano. Habrá sin duda, excepciones. Sobre todo, claro en las altas esferas del consumismo. Pero en el comercio modesto, la antipatía, la falta de educación, es un espectáculo lamentable. Esto, unido a tantas cosas más de nuestra muy agria y despilfarradora vida española. Una sociedad que se desenvuelve entre los más vulgares deseos, nos ha llevado a una degeneración de los valores humanos. Si la revolución marxistaleninista tiene como siniestro prólogo la dictadura del proletariado, la reciente revolución española ha consistido en la implantación de la dictadura de los horteras. La horteridad tal vez la dictadura más deleznable. Por estas y otras razones de faifa de educación y de moral, se impone la buena atadura de nuestras ideas. Leyendo a Platón podemos saber que las ideas vienen a ser como las estatuas de Dematrio, que llegada la noche se escapaban si no estaban bien atadas. Esto también se recordó en aquella polémica. Y uno se atreve a preguntar: ¿A qué lugar se irían las estatuas llegada la noche? Puede estar bien claro que unas ideas no atadas a la moral y disciplina cultural, el sitio de sus escapadas sería con la chusma en los más sórdidos arrabales. Y ahí están los resultados de tantas ideologías de pacotilla y de tantos irresponsables que proclaman su ideal traicionándolo. Lo cual hace que hoy padezcamos la más triste de las enfermedades del alma. Ni Ortega ni Maeztu pudieron prever en su tan brillante discusión, a lo que habríamos de llegar tras un funesto proceso revolucionario a la implantación de la dictadura de los mentecatos. Pero eso sí: todos poseídos de una rapacidad de buitres africanos. Y tal viene a ser nuestra vida española, hija del más inmediato ayer. Esa España que ha olvidado descaradamente la tan importante virtud. Lo que no quiere decir que uno abogue por el triste pietismo y la beatería, sino por la más brava honradez. ¿Y cómo puede hacerse virtuosa una nación cuando se desmanda? Pues con gobernantes cultos y virtuosos e intelectuales auténticos. Así lo aconsejaba Platón. Pero el grave problema sigue en pie. Problema tan altamente discutido sobre la ausencia de los fundamentos de nuestra cultura, que es bien valiosa. Por esto, las ideas se escapan a la hora de las íntimas reflexiones, en busca de los deseos más plebeyos. Un problema que nos agobia, y ante el cual apenas vemos un poco de luz en la madrugada. Y mientras esto ocurre, las más prestigiosas minorías españolas viven en sus recónditas soledades esperando el Día de la Luz. Menos mal que entre las tinieblas, mi viejo amigo Camilo José Cela ha llevado su ardiente soledad al más alegre y preclaro universo. Una soledad llena de tumultuosas soledades. M. DIEZ- CRESPO menos, en que ignoran lo que pudiera ser un curso de cultura elemental. La verdad es que no hay más que un ideal: el de la auténtica cultura, unida a la buena educación. Estas son las dos ruedas del progreso. Dos cosas sagradas de las que carecen la mayoría de los españoles. ¿Hay que definirse? No es necesario. Basta con ver cómo se comportan nuestros españolitos que vienen al mundo, y las memeces que escuchamos en la calle, en el bar, en la taberna y a la hora del comentario de cada día y de cada noche. Basta con esto para que no tengamos necesidad de solicitar una definición. Primer mal nuestro: la ignorancia y la ausencia de moralidad. Toda una triste monotonía. Ya en los primeros años del siglo, polemizaron amablemente sobre estos temas Ramiro de Maeztu y José Ortega Gasset. (Señores tan rígidamente estudiosos de nuestra tan lamentable contienda civil: Maeztu, también fue vilmente asesinado. Y de esta superpolémica entre dos grandes del pensamiento surgió este admirable trilema de Ortega: O se hace literatura o se hace precisión o se calla uno. ¡Dios mío, y cuánto silencio habríamos de imponer, a tantos mamarrachos, a tantos cínicos, a tantos desvergonzados que hacen carrera arrollando con su ignorancia a un pueblo, a una masa aún más ignorante, ya que lo tolera. ¿Por conveniencia, tal vez? Son los hombres que proclaman con sus ideales unas ideas sin ninguna responsabilidad. Y he aquí lo que ambos polemistas solicitaban con urgencia dentro de tan ilustre encuentro superhistórico ia necesidad de enriquecer la conciencia nacional. Y, ¿cómo no? Ortega lanzó su arpón sobre el achabacanamiento. Ün suceso hermano de la ordinariez, que aún persiste en la vida española. Pero si un día, tal vez por aquellas lejanas fechas, la ordinariez se suavizaba con cierta alegría y hasta con cierto ingenio, hoy el mal estilo nos invade con tristeza, incluso a la hora de la compra. Vengo observando que hoy el
 // Cambio Nodo4-Sevilla