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22 septierñbre- 1990 ÁBcT rcrário WM ÁBC V asesinato que luego resultaron ¡nocentes, cuando el verdadero culpable, en su lecho de muerte o sorprendido en un nuevo delito, confesó su culpabilidad en el hecho ya erróneamente juzgado. Algunos casos pudieron remediarse, en otros la muerte, en manos de la sociedad, de un ser inocente sirvió de imperecedero baldón a esta misma sociedad. Otras veces, crímenes escondidos durante muchos años, y que nadie sospechaba siquiera, salieron a la luz por diversas circunstancias. Es el caso de los asesinos múltiples, quienes, incluso ostentando una morbosa complacencia, una vez que se han visto perdidos confiesan una serie i m p e n s a b l e de c r í m e n e s Inundaciones y desbordamientos de los grandes ríos han dejado al descubierto multitud de cadáveres cuya existencia se ignoraba. ¿Cuántos suicidios, cuántos accidentes no habrán sido tales, sino asesinatos? En las circunstancias antedichas s e b a s a A g a t h a C h i s t i e para desenterrar estremecedoras historias de crímenes y criminales. En ocasiones se trata de un -Agatha Christie Q se tiene en cuenta la enorme producción de esta autora, y la variedad de sus tramas, no es difícil suponer la ingente tare y el esfuerzo por procurarse nuevos recursos, falsas pistas circunstancias que confundan al lector sin recordarle otras anteriores y sin permitirle dar con la solución antes de lo que sería deseable. ¿De qué mágico sombrero podría la escritora extraer un acervo de elementos novelescos y de investigación policíaca? inocente que cumple condena, que está recluido en un reformatorio o en un manicomio. Estos relatos resultan doblemente electrizantes, ya que juegan con un elemento mágico como es el pasado. En La puerta del destino última obra de la autora, Tommy y Tuppence Beresford abordan por primera vez la resolución de un crimen pretérito, cosa que ya habían hecho los otros detectives de Mrs. Christie, Poirot y su amiga la escritora Ariadne Oliver, y también la Srta. Marple. Ésta lo llevó a cabo anteriormente en Némesis y volverá a hacerlo en la novela publicada postumamente, Un crimen dormido Es cosa habitual que Agatha Christie, tomando como punto de partida un relato corto ya aparecido, extraiga la intriga que luego desarrollará en una novela. La historia básica de Triángulo en Rodas fue usada en Maldad bajo el sol también el tema de Iris amarillos es aprovechado más tarde en Cianuro espumoso Por último, nos queda un interesante aspecto por considerar en las novelas de Agatha Christie: se trata de las canciones infantiles como pauta de la historia. L a novelista policíaca fue una gran apegada a las costumbres y tradiciones de su país, y no existe mayor ni más entrañable tradición que la de estas canc i o n e s S u niñez en T o r q u a y tuvo que estar henchida de ellas. Su madre conocería a la perfección el folclore infantil inglés, y también las nurses ocasionales que sabemos tuvo la chiquilla le enseñarían canciones que ella nunca olvidó. Novelas largas, y también historias cortas, se basan en ellas, y pensamos que muchas veces el asesino las va ¡tarareando entre dientes. Cinco cerditos La muerte visita al dentista o Diez negritos se basan en tonadas populares. Algunas tienen su equivalente en lengua castellana. Mientras tiernas madres arrullan a sus bebés con estas letras, en algún oscuro rincón un tenebroso asesino está fundando sobre alguna de ellas la espantable sucesión de sus crímenes. Carolina- Dafne ALONSO- CORTÉS Una vieja dama digna D E T R A S de cada libro hay otros muchos libros más. Los libros proyectan sombras que a veces abarcan mucho más de lo que uno mismo está dispuesto a declarar. Cualquier libro que se ha escrito- o que está a punto de escribirs e- es la sombra de otros libros que al autor ha leído y ama por encima de todas las cosas. No es plagio, -e l plagio es lo más difícil en la historia de la literatur a- sino amor. Un escritor es, ante todo, lector. Y escribe los libros que le hubiera gustado leer. Estoy seguro de que cada escritor tiene sus libros secretos. Aquéllos que en un momento de su vida le decidieron a convertirse en este oficio. Estoy convencido de que la lectura de determinado libro- o l i b r o s- es el motor que enciende la combustión para que una persona, completamente normal, se convierta en escritor. Algunos lo declaran, otros lo disimulan. Lectura sin escritura, es imposible. Lo uno está indefectiblemente unido a lo otro. Puedo creerme a escritores que no hayan escrito nunca o casi nunca- l o s escritores bajo palabras de h o n o r- pero no puedo creerme jamás que existan escritores que no amen la lectura tanto o más que la escritura. Si esto es una especie de ley de mármol en la novela, tiene grietas en la poesía. La poesía nace en zonas extrañas de cuerpo aún no determinadas y que jamás se determinarán. Un poeta puede ser analfabeto, pastor de cabras o campeón de ajedrez. Puede incluso haber leído sólo la cartelera de espectáculos y ser un poeta de esos que producen angustia por la oculta sabiduría que encierran sus versos. Pero un novelista... Eso es otro asunto. Un novelista es un lector de novelas antes que otra cosa. Y el que diga lo contrario está inventándose una biografía para las enciclopedias futuras. Tengo que decir que jamás me influyó esta vieja dama digna de la que ahora se cumple el c e n t e n a r i o de su n a c i m i e n t o Hasta 1976 no pude terminar ninguna de sus novelas. Intentaba leerlas y se me caían de las manos. Era superior a mis fuerzas. Me importaba poco- y aún me sigue importando bastante p o c o- quién mató al señor Kirdrope, en su bilioteca, a las tres de la madrugada, con un puñal malayo, incrustado de pedrería y untado de curare. Ninguno de los personajes de esta dama tan digna me los llegué a creer del todo. Ni el detective aficionado de las células grises, ni la otra señora, tan digna como su autora, que lo descubre todo tomando el té y cuidando crisantemos. A ninguno. Tampoco me convencían las razones que tenían todos esos asesinos para andar cargándose a la gente. Qué le vamos a hacer. Esto de los gustos es muy peliagudo y personal y no merece la pena justificarse ni insistir sobre eso. Fue en 1976 cuando leí la primera novela policíaca de mi vida- s i se exceptúa a E. A. P o e que fue Cosecha roja del bueno de Hammett. Y tengo que decir que fue como un mazazo. Ése si que fue uno de mis libros secretos. Uno de los que influyeron para que yo me dedicase a lo que me dedico. Me di cuenta de que con Cosecha roja Hammett, al mismo tiempo que hacía una novela (luego supe que era policiaca) d a b a cuenta cabal del tiempo que estaba viviendo. Cosecha roja en 1929, tiempo en que fue publicada, retrataba la cara oculta de la sociedad despreocupada, feliz y opulenta de los Estados Unidos. Y me dije, tengo aquí un material periodístico formidable sobre la actuación de bandas fascistas y la especulación inmobiliaria, ¿por qué no hacer lo mismo que este caballeta? Y así salió mi primera novela. Pero vayamos a la vieja dama. Creo un género dentro de otro género y lo hizo como ninguno después supo hacerlo. Tuvo una legión de seguidores. Algunos se le acercaron, otros le igualaron, pero nadie la superó en lo que hizo. ¿Se puede decir algo mejor de un escritor? ¿De cualquier escritor? O t r o s c o m o y o d e n t r o de otros cien años, escribirán algo semejante a esto sobre la venerable ciudadana. Y todo el mundo sabrá quién era, incluso sin nombrarla. dÜ dio Juan MADRID
 // Cambio Nodo4-Sevilla