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40 A B C INTERNACIONAL La Monarquía reinante más antigua del mundo LUNES 12- 11- 90 La sociedad japonesa debate en profundidad el futuro de su Emperador Akihito asume el reto de adaptar l a era Heisei a las necesidades del siglo XXI Madrid. Fernando Pastrano El Emperador Showa (Hirohito) ha sido a la vez punto y aparte y lazo de continuidad de la dinastía reinante más antigua del mundo. Su renuncia, impuesta por los triunfantes Estados Unidos, al origen divino supuso una ruptura con la tradición, traumática para muchos japoneses. Su moderación tras la segunda guerra mundial y su decidido impulso a la modernización le ganó el afecto y el respeto de la inmensa mayoría de su pueblo. Nadie duda hoy que sin la figura histórica de Hirohito hubiera sido casi imposible la continuidad de la era Showa (Paz Iluminada) Sólo un personaje de aquella menuda figura física y gran talla política habría sido capaz de mantener unida una historia que todos los analistas dividen en dos: el fascismo que desemboca en la guerra mundial y la democracia y desarrollo económico de la posguerra Akihito, al asumir hoy el CXXV reinado del Japón, recibe una pesada herencia al tiempo que una delicada misión. El Monarca que ha elegido para su reinado el lema Heisei (Cumplimiento de la Paz) tiene ante sí la difícil tarea de convertir a la Monarquía con más solera en una institución que pueda afrontar sin contratiempos la llegada del siglo XXI. Oposición a tal proyecto no falta en el Japón, como nos indican los múltiples atentados y protestas que se suceden casi a diario, pero el apoyo tampoco escaseará en un pueblo que, como el nipón, se manifiesta abiertamente el más monárquico del mundo. necesidades específicas de aquel pueblo durante más de veintiséis siglos. Pero la sociedad que ha dado sustento a esa institución ha cambiado más en los últimos cuarenta años que en los dos mil seiscientos anteriores. Hoy, el cultivo del arroz está a punto de desaparecer y hay quienes temen que con él desparezca también la esencia del Emperador e incluso la Monarquía. Mantenerla, desarrollarla y modificarla es el gran reto que asume Akihito. Doce emperadores en los últimos tres siglos Akihito ocupa el puesto 125 en la lista de emperadores históricos del Japón, que arranca con el legendario Jimmu en el año 660 antes de nuestra Era. Más recientemente, en los tres últimos siglos, doce emperadores se han sucedido en el Trono del Crisantemo. Naka Mikado (1710- 1735) Sakuramachi (1736- 1746) Momozono (1746- 1762) Go Sakuramachi (emperatriz) (17631770) Go Momozono (1771- 1779) Rokaku (1780- 1816) Nínko (1817- 1846) Komei (1847- 1867) Meiji (Matsuhito) (1868- 1912) Taisho (Yoshihito) (1912- 1926) Showa (Hirohito) (1926- 1989) Heisei (Akihito) (1990) La primera cifra corresponde al año de entronización, la segunda al del fallecimiento o abdicación) Dos siglos para sobrevivir En el Japón existe hoy una corriente de pensamiento que bien pudiera estar representada por el matemático Yoshimoto Ryumei, según la cual el futuro de la Monarquía japonesa se puede medir en cifras. La sociedad agrícola del Japón- -d i c e Yoshimoto- -pierde cada año población y también se reduce la superficie cultivable. Hoy, las familias que viven exclusivamente de la agricultura representan el 14,5 por 100 del total, frente al 95 por 100 de hace sólo un siglo. Calculando esta progresiva reducción, sólo se tardarán doscientos años para que desaparezca la población agrícola, de lo que Yoshimoto deduce que la Monarquía desparecería dentro de dos siglos. Pero para seguir la evolución de una sociedad no se pueden utilizar sólo métodos matemáticos. Otros estudios sociológicos aseguran que la población rural no descenderá nunca del 10 por 100, cifra más que suficiente para mantener el régimen monárquico. Durante los tres siglos del reinado Tokugawa, por ejemplo, la figura del Emperador se desvaneció eclipsada por la de los caudillos militares, los shogunes y sin embargo la institución m o n á r q u i c a no d e s a p a r e c i ó al contrario, se reforzó. Si a esto añadimos la actual popularidad de la figura imperial, el optimismo está más que justificado a la hora de vaticinar el futuro del régimen monárquico en el Japón. Veintiséis siglos de historia La Monarquía japonesa se ha forjado a través de los últimos veintiséis siglos, basándose fundamentalmente en dos aspectos esenciales de la sociedad nipona: su insularidad y el cultivo del arroz. Y mientras que la primera de estas características parece inmutable, al menos de momento, la otra, en plena era de la electrónica, ha dejado ya de ser la base económica del pueblo japonés. Durante la mayor parte del reinado de Hirohito, sin embargo, esas dos constantes se mantuvieron totalmente válidas. Desde siempre, el pueblo japonés, asentado en un archipiélago, ha cultivado el arroz entre la montaña y el mar (Origuchi Nobuo) El jefe máximo, el Emperador, ha recibido vasallaje de sus subditos a través del tributo de arroz de esos pobladores de la franja de terreno que va de la montaña al mar. La primera ceremonia religiosa que realiza todo emperador es el Daijosai, en la que en íntima comunión con las divinidades Amaterasu y Tenjinchigi, el nuevo Monarca come del primer arroz cosechado tras su coronación, con lo que se imbuye del carácter divino. Algunos estudiosos llegan incluso a insinuar que el Emperador cohabita camalmente durante esa noche con la diosa, aunque el hermetismo de los ritos sintoístas no aclara ni desmiente nada al respecto. Asimismo, el acto más importante que realiza todos los años el Emperador es el Nínamesai, en el otoño, después de acabada la cosecha del arroz. Se trata de una especie de renovación de los poderes imperiales que tiene lugar cada doce meses. Sin arroz, el simbolismo de la Corona japonesa desaparecería. El régimen monárquico nipón es así una institución que ha venido sirviendo a las sobre el Japón, para finalizar su argumentación diciendo que de haberlo intentado, esta fuerza externa se hubiera enfrentado a la oposición interior del pueblo japonés y tarde o temprano la Monarquía nipona hubiera renacido. Amenaza externa La polémica entre Jas dos tendencias antes citadas ha estallado con fuerza en el Japón. Más allá de anécdotas de fanáticos terroristas o políticos que no ven más allá de postulados obsoletos, la clase intelectual debate en profundidad la vigencia del sistema monárquico y sus posibilidades de supervivencia después de haber permanecido dos mil seiscientos años al frente de la sociedad nipona. El problema que todos ven, aunque de forma diferente, es también el de una amenaza externa, como lo subraya el sociólogo Matsumoto Kenichi. Una amenaza que llega desde el extranjero en forma de ideas y costumbres totalmente nuevas para la mentalidad japonesa y que poco a poco se están implantando en el archipiélago. Una revolución que está cuajando en los más jóvenes. Pero no olvidemos que Akihito, a sus cincuenta y seis años, puede considerarse un Monarca joven, según las costumbres del Imperio del Sol Naciente. Modernización del sistema Hay otra corriente de opinión que asegura que no se puede hablar de un solo modelo de Emperador, y que éste cambia y se adecúa a los tiempos que corren en cada era. Así lo sostiene el eminente pensador contemporáneo Tsukaya Yukihito, quien asegura que el Emperador está siempre muy cerca de sus subditos porque sabe situarse cada momento histórico a la altura de las circunstancias. Así, pues, si hay alguna fuerza que pueda derribar el sistema monárquico, ésta se encuentra en el exterior y no dentro del pueblo que durante siglos y siglos lo ha apoyado. Tsukaya pone como ejemplo la caída de las Monarquías rusa y alemana, derribadas por fuerzas del exterior, y asegura que la única fuerza que pudo derribar la Monarquía japonesa fue la del Ejército norteamericano tras su victoria
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