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42 A B C TRIBUNA ABIERTA, SÁBADO 24- 11- 90 Q U I E N E S contriQP buyeron en utl 1844 a la fundación de la Guardia Civil, desde su propio organizador, el Duque de Ahumada, la propia Reina, Isabel II, y el jefe del Gobierno, el periodista González Bravo, no pudieron imaginar que aquel Cuerpo armado en apenas medio siglo de existencia iba a tener entre sus filas centenares de muertos en defensa del orden público y de la paz y seguridad de los españoles. El Tercer Tercio, los antecesores de quienes hoy homenajea la Ciudad con la Medalla de Sevilla, vino a guarnecer nuestra capital y apenas un cuarto de siglo corrido ya contaba entre sus filas 19 muertos y 25 heridos, pérdidas muy superiores al resto de los Tercios diseminados por la geografía española, y al que seguía en tan alto honor el Sétimo Tercio que guarnecía Granada. La vinculación de Sevilla con la Guardia Civil es consustancial, no sólo porque los hombres que integraron el Tercer Tercio de la fundación, semilla de auténticos y bravos servidores del orden público, fueron quienes con su alto ejemplo en el cumplimiento del deber y con su abnegado sacrificio contribuyeron a la erradicación de la plaga social del bandolerismo y el contrabando en Andalucía, sino por el concurso de otra circunstancia histórica anterior: la presencia del Marqués de las Amarillas D. Pedro Agustín Girón y Las Casas, padre del fundador de la Guardia Civil, como Capitán General de Andalucía, con residencia en Sevilla, el año 1833, y la de su hijo el Duque de Ahumada, futuro fundador de la Guardia Civil, D. Francisco Javier Girón y E z peleta, como Teniente Coronel del Regimiento Provincial de Sevilla, de guarnición también en la ciudad. Momento histórico éste, del año 1833, importante en la historia de S e villa, porque es muy posible quede la estancia coincidente de ambos en la ciudad y de otro cúmulo de circunstancias y personajes históricos que se dieron cita en aquellos momentos en ella, germinara unos años más tarde, muerto ya Amarillas en 1842, la concepción y organización por parte de Ahumada del Cuerpo de la Guardia Civil. No tiene menos vinculación con Sevilla el tributo de sangre generosa prestada a la ciudad en cualquier tiempo y lugar, a veces, muchas veces, en pródigo sacrificio hasta la muerte. El día 2 de noviembre de 1849, Por José apenas a cuatro años de la fundación, moría en la Sierra de Cazada a mano de una patrulla del Puesto de Sanlúcar la Mayor el tristemente célebre bandido conocido como el Barquero de Cantillana, de nombre Andrés López Muñoz, erróneamente llamado por TV española Curro Jiménez, quien con anterioridad había asesinado al guardia civil Francisco Rieles Bermejo, el primero del Tercer Tercio que iba a morir a manos de bandoleros andaluces. En 1870, en el encuentro habido en la Venta de Guadaira, a las puertas de Sevilla, con los secuestradores de los subditos ingleses llamados Bonell, tío y sobrino, moría el guardia civil José Dorado Gil y pagaban con la muerte el precio de sus fechorías los bandidos apodados el Cucarrete y el Malaspatas. Los sucesos de Sevilla de 1931 ocasionan la muerte por disparo de una bala anarquista al capitán D. Francisco Añino cuando valerosamente defendía el Cuartel de la Calzada. En 1932 será en Castilblanco donde caen acribillados a balazos el cabo José Blanco Fernández y los guardias Francisco González Borrego, Agripino Simón Martín y José Mato González. El 11 de agosto de ese mismo año es asesinado, apuñalado por la espalda, en la calle Marqués de Paradas, el guardia Eugenio Sánchez Ponce, que acababa de llegar a la ciudad destinado al acuartelamiento de Eritaña. Y en noviembre del mismo fatídico año una revuelta anarquista en el pueblo de G i lena ocasiona la muerte al cabo de Aguadulce, José Regidor Sanguino, que había sido llamado en auxilio por su compañero el cabo de Gilena ante la gravedad de la revuelta Fue asesinado también por la espalda con una lezna de coser el esparto que utilizan los especialistas del género, que le mató instantáneamente. El siguiente año de 1933 moría asesinado en Sevilla a mano de unos atracadores el capitán Gil Palencia. Y el siguiente de 1934, el 23 de abril, en Lebrija, fue asesinado el Teniente D. Francisco López Cepero, crimen que su esposa presencio desde un balcón de la Casa- Cuartel. No resulta necesario recurrir a estadísticas ni discurrir sobre aquellos tiempos o los tiempos actuales, en que la Guardia Civil sigue muriendo en el País Vasco, para dar cuenta del tributo de hombres y de sangre aportado por ella a la seguridad de España, aunque sólo aquí hagamos referencia a la Guardia Civil nuestra, a la que hoy la Ciudad reconocida rinde justo y debido homenaje. Exclusivamente, para la Guardia Civil nuestra y para la española en general, hemos hecho referencia a esta contribución cuando la paz reinaba en España, sin tener en cuenta los períodos de guerra, dentro y fuera de nuestras fronte- ras, las guerras carlistas, la contienda civil, en las posesiones de África, en las de Ultramar o SANTOS TORRES en Filipinas; en todas ellas, allí y aquí, en todos los lugares y en todas las tierras defendieron el honor como su principal divisa, emblema y signo con que comienza el primero de los preceptos de su famosa cartilla. Estas líneas son exclusivamente un tributo a todos esos hombres, a los que ya no viven sino sólo en la historia y en el recuerdo como los mejores, a los componentes de aquel Tercer Tercio de la fundación, a la heroica y legendaria Guardi Civil española. No se escriben para el aplauso o para la compasión, que nadie la sienta por ellos, no la precisan, se escriben sólo para ellos, para esos guardias civiles orgullo de la Patria, campeones del honor y de la dignidad, señores defensores de la libertad de España, para sus mujeres, para sus madres, para sus hijos y para todos los suyos, para que sepan que no están solos, que muchos españoles, muchos, respetan su silencio y admiran su valor y su coraje, su abnegación y sacrificio, su generosa inmolación tantas y tantas veces en beneficio de la paz y la seguridad de los españoles. Estas fueron en 1934 las palabras de un gran periodista, César González R u a n o Diezmados de modo criminal, sin proferir una sola palabra ante las reiteradas propagandas que animan el atentado continuo contra ellos, cuando ese ramalazo de locura y vileza cruce a su fin, habrán enterrado sus muertos sin hacer ruido y en silencio andarán nuevamente por esos caminos de Dios, esquivando con suprema y natural elegancia, que es forma de su honor y gracia de su estilo, el más humilde homenaje y aislado testimonio de reconocimiento Cuando el gran periodista escribía tan justas palabras, octubre de 1934, en aquella semana, habían muerto, la mayoría de ellos en asaltos a Casas- Cuarteles, más de un centenar de guardias civiles. Para que se vea si tienen o no ganado el reconocimiento y la admiración de España. Sevilla rinde hoy justo homenaje a su Guardia Civil, y esto es importante. Sigan los del vituperio y la vana palabrería. La Guardia Civil sigue también, porque el honor de su divisa y la insobornable lección de sus muertos a centenares son la garantía de la paz de España y de la tranquilidad y la seguridad de los españoles. LA PUBLICIDAD La Publicidad ie informa. Le pone al día délas últimas novedades. Recuerde que la decisión de compra siempre la toma usted. Para su pequeño anuncio llámenos Conozca su estado cardiovascular. (Estudio de lipidos, Rx, ECG, Ergometría) Solicite hacerse un c h e q u e o en C A R D I S U R (instituto de Exploraciones Cardiológicas) (infórmese) Tfnos. 4340777 ó 4340961 (tardes) 4615353 Ai Línea directa para Vd.
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