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Profundo deterioro causado por la humedad en la parte inferior de la fotografía La humedad también afecta a la firma de Vázquez Díaz un profesor de Informática desconocían la existencia de estos murales colombinos. Fueron las tres únicas personas a quien pregunté. Es muy distinta esta situación de la que rodeó a Vázquez Díaz cuando pintó los murales en 1930. Entonces el empeño de los frescos de La Rábida tuvo un alcance social, del que hablaban frecuentemente los periódicos y en cuya defensa y promoción intervinieron decisivamente ilustres onubenses. Fue un onubense, el almirante Cornefo, miJUEVES 6- 12- 90 nistro de Marina a la sazón, el que interesó al ministro de Instrucción Pública don José Callejo; los ingenieros de Obras Públicas cedieron una casa de peones camineros de La Rábida para que en ella viviera Vázquez Díaz durante los largos meses de trabajo en el monasterio; un hermano del político Martínez Barrios, director del diario La Provincia de Huelva, don José Tejero, escribía cartas laudatorias para la obra de La Rábida, y uno de los más conocidos pedagogos andaluces, el onubense don Manuel Siurot, antes y después de la realización de los frescos, fue el gran div u l g a d o r d e l a s p i n t u r a s de Vázquez Díaz desde las páginas del ABC sevillano. Siurot, en enero de 1928, escribía en el ABC: Daniel Vázquez Díaz sueña con hacer una obra grande en La Rábida... Yo creo El proceso de deterioro de las pinturas sigue adelante sin que nadie haga nada para evitarlo que el Gobierno de la nación debe patrocinar este noble propósito. Y en agosto de 1930, cuando estaban ya muy avanzados los frescos, escribía también en ABC: Vengo de La Rábida encantado, porque la obra del pintor no sólo está en una perfecta consonancia con el medio y el ambiente rabideños, sino que aquella pintura es, sencillamente, inmortal. Hoy, varias instituciones de crédito, dos de ellas onubenses, han conseguido reunir los grandes bocetos de los frescos, restaurándolos para un museo monográfico de los murales colombinos, y si la desidia de unos y de otros deja perderse para siempre los frescos de La Rábida, al menos nos quedarán estos testimonios de la gran pintura mural de don Daniel Vázquez Díaz. Ángel BENITO A B C 87
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