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XXV aniversario de la muerte de Castillo Lastrucci (I) El escultor supo revivir la imaginería sevillana Mantuvo un importante taller artesano, al modo de Pedro Roldan E s t e a ñ o s e c u m p l e el X X V a n i v e r s a r i o d e la muerte de A n t o n i o C a s t i l l o L a s t r u c c i P a r a valorar la i m p o r t a n c i a d e este i m a g i n e ro, b a s t e s e ñ a l a r q u e t o d o s l o s d í a s d e la S e m a n a S a n t a s a l e p r o c e s i o n a l m e n t e a l g u n a i m a g e n de s u taller. P o c o c o n o c i d o e s que e j e r c i ó c o n acierto la e s c u l t u r a p r o f a n a r e a l i z a n d o a l g u- Aprendió en Roma, París y Madrid antes Roma. v de ejercer en Sevilla ñ a s o b r a s n o t a b l e s H a b í a viajado, para a p r e n d e r p o r R o m a P a r í s y M a d r i d La f a m a e n S e v i l l a le v e n d r í a c o n s u s r e a l i z a c i o nes para las c o f r a d í a s s e v i l l a n a s C a s t i l l o fue gran d e v o t o del G r a n P o d e r y la M a c a r e n a S e c u e n t a q u e p a r t i c i p ó e n l o s turn o s q u e s e e s t a b l e c i e r o n para c u i d a r a la V i r g e n e n 1936. D U R A N T E la primera década de la presente centuria, el arte autóctono de la imaginería local se ve cubierto por la tendencia, muy sevillana por cierto, al mantenimiento de los modelos inmediatamente anteriores, es decir, decimonónicos, que no fueron sino remedos de los siglos XVII y XVIII, con inferiores niveles artísticos; considerando la excepción de Juan de Astorga y muy poco más. En cambio, las décadas venideras a partir de los años 20, se verían marcadas por la eclosión de lo que se ha venido en llamar, muy correctamente, el neobarroco al motivar un renacimiento o revival la explosión barroca del XVII; constituyendo lo que el profesor Palomero ha considerado como el segundo siglo de oro de la Semana Santa sevillana. Este fenómeno de manifestó con la ejecución de numerosas obras de imaginería y santuaria, de carácter devocional y procesional que se ve incrementado, una vez finalizada la guerra civil del 36 y los fenómenos revolucionarios anteriores en que se pierden numerosas obras realizadas anteriormente, y hay que devolver a las cofradías y a la ciudad. Dentro de este contexto, numerosos artistas surgen en Sevilla, poniendo de manifiesto no sólo su capacidad de revivir el esplendor reinante antes de los referidos acontecimientos, sino, lo que es más importante, la fuerza regeneradora y creativa de los mismos; pudiendo establecerse regeneradora y creativa de los mismos; pudiendo establecerse la tesis de una Semana Santa antes de los años 20, y otros posterior a los mismos. Uno de estos artistas, destacado entre los primeros, por ser en cierta manera el recreador, por la profusión de su obra, de la confi- guración actual de la estética de nuestras cofradías, es el imaginero Antonio Castillo Lastrucci, a quien por conmemorarse este año el XXV aniversario de su muerte, dedicamos, a partir de hoy, este espacio, que me honro en escribir, por haber dedicado mis estudios de memoria de licenciatura y de tesis doctoral a su figura, un tanto desconocida y enmarcada en su labor imaginera en detrimento de su buen hacer en el campo de la escultura profana; o, incluso, en la pintura, a la que dedicó buenos momentos en la elaboración de retratos de sus amigos y familiares. Mis interés por la obra de don Antonio Castillo estuvo marcado por la pertenencia desde niño a la Hermandad de la Bofetá o del Dulce Nombre, como hoy se la conoce, aparte de por el acercamiento que mantuve hacia él, siendo yo aún muy pequeño cuando pasaba por su estudio de la calle San Vicente, camino del colegio Maristas de San Pablo. Pero lo que más me apasionaba de su obra, a la que, como todos los niños de Sevilla, se profesa gran admiración por sus conocidos personajes secundarios, era el estudio de la psicología de los mismos, plasmadas en sus posiciones corpulentas y en las expresiones de sus rostros, que más adelante analizaremos. rroquia natal. El segundo, lógico por cierto, el que aún sigue vivos algunos de sus hijos y numerosos descendientes, que pudieran sentirse un tanto ofendidos con cualquier análisis desapasionado de la humanidad o de la obra de su antecesor. Sabemos, a ciencia cierta, que nació en Sevilla, en la antigua calle de Quesos, en el número 36, hoy llamada como su maestro, Antonio Susillo, por haber tenido éste el taller en ella. De familia de clase media. Su padre, don Eduardo Castillo del Pino, de profesión sombrerero, y su madre, Doña Araceli Lastrucci del Castillo, estaban emparentados, y de ellos nacen cuatro hijos, Manuel, Eduardo, Antonio y Teresa. Las relaciones entre los mismos y don Antonio fueron buenas, especialmente con Eduardo, ingeniero, con el que mantuvo una verdadera fraternidad y amistad hasta el final de sus días. No ocurrió lo mismo con Manolo, dedicado a la galvanoplastia, que le causó algunos disgustos. El nacimiento ocurrió el 27 de febrero de 1882, llevándose a cabo el bautizo en la citada parroquia de la calle de la Feria. De sus primeros años, apenas tenemos noticias fiables, excepción hecha de los pocos que trabajó en el taller de Susillo; llevado allí para hacer figuritas de barro, por un sobrino de éste, que estaba en él de aprendiz y que fue sustituido por el Nacimiento, familia y aprendizaje mismo Castillo, en detrimento de la amistad de ambos, debido a la admiración que pronto cauEs un tanto difícil desarrollar con rigurosidad só en el maestro, así como a su destreza en el histórica este capítulo dedicado a la biografía del escultor, por dos motivos sobresalientes: el manejo de la terracota. En la década de los 90 entra a formar parprimero, por la pérdida de documentos alusivos al nacimiento o al matrimonio, en los in- te del alumnado de la Escuela Industrial de Artes y Oficios de Sevilla donde, compartiencendios de los hechos revolucionarios desde do mesa con Pérez Comendador o Agustín 1932 a 1936; entre los que se encuentra el arPasa a la página siguiente chivo parroquial de Omnium Sanctorum, su pa- 111 111 11 1 P illillSiISillillii Autorretrato de Castillo Lastrucci, realizado en 1911. A d e m á s de s u labor c o m o imaginero, el artista sentía gran afición por la pintura. E n la otra imagen aparece ya anciano, junto al t a m b i é n escultor Antonio Miañes, que fue s u discípulo y u n o de s u s m á x i m o s defensores. A d e m á s de lllanes, otros artistas s e formaron en el taller de Castillo Lastrucci, que supo renovar el espíritu que a n i m ó a artistas de otros tiempos, c o m o Pedro Roldan, contando c o n especialistas en imaginería, talla de p a s o s doradores, etcétera, para una renovación integral de la iconografía y las artes de las cofradías sevillanas de s u é p o c a
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